8M DE 2022: NOS SIGUEN MATANDO

Cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios.

Sábado, 5 de Marzo del 2022

8M DE 2022: NOS SIGUEN MATANDO

Nos siguen matando. Debería escribir dos páginas completas con esa sola oración. Nos siguen matando. Nos matan por ser mujeres, por ser travestis, por ser trans. Nos matan para aleccionar a todas las que todavía quedamos vivas.

Podría hacer una lista muy larga, que excedería las dos páginas, nombrando todas las desigualdades y violencias que sufrimos las mujeres, travestis, trans y no binaries. Podría llenar dos páginas, con los nombres de cada una de nuestras amigas, madres, hermanas, hijas, abuelas, tías, compañeras y compañeres asesinadas desde el último 8M. Eso sólo, si las nombro una al lado de otra. Si las ordenara en lista, no entran. Con mucho esfuerzo capaz llego a la media página con los nombres de los femicidas y transfemicidas. Los nombres de ellos, se difunden poco.

Y es justamente ahí, que nos vuelven a matar. Cuando pornográficamente exponen la vida de las pibas, las buenas/las malas, las santas/las putas, las morochas bailanteras/las rubias del country; porque no alcanza con que ya estemos muertas. Se prenden los reflectores, "que siga el show", la piba al paredón. Y llaman a la especialista en género, que habla de patriarcado, cultura de la violación, masculinidades hegemónicas. Se habla de la ESI. De que hace más de 15 años que se sancionó la ley, pero todavía resulta difícil implementarla. Porque hay que ser docente, con un sueldo miserable y tener a 40 pibes haciendo preguntas de difícil respuesta. Y ni hablar de las escuelas rurales, que ni internet tienen. Se habla entonces de la supuesta Argentina laica, que pone el grito en el cielo, al son de "con mis hijos no te metas". Que es un problema de política pública, de educación. Que no, que es un problema de presupuesto. Que la primera educación empieza por casa... Que no entiendo cómo estamos así, si yo no conozco a ningún violador y ningún femicida. Que al menos ahora se puede hablar de esto, que antes estas cosas eran tabú. Y todes con los ánimos calmados, nos repetimos como mantra de consuelo, que es verdad. Que hace 111 años cuando Clara Zetkin propuso que el 8 de marzo se conmemore el día de la mujer trabajadora, a las pocas semanas fueron incendiadas las que reclamaban por derechos laborales, cuando les cerraron las puertas de la fábrica, dejando la pira arder. El capitalismo patriarcal nunca entregó derechos sin dar batalla. Y el feminismo nunca los consiguió, sin llorar una enorme lista de asesinadas. Pero si, estamos mejor. Hoy no pasan esas cosas.

Hay que agradecer que ahora por lo menos se hablan de estos temas en la mesa. Hasta que la sobrina denuncia que el tío la tocó de noche cuando se quedaba a dormir en lo de su prima, le dijo que era un secreto entre ellos, que todo iba a estar bien. Y la familia se divide, que Pepito jamás sería capaz de hacer algo así, tremendo abogado serio que es. Que la nena esa siempre fue medio rara y fabuladora. Seguro es porque lee mucho… Hace mal leer tanto, se la pasa inventando historias. Y la partecita de la familia que le cree, entra en el eterno peregrinaje burocrático de conseguir que el poder judicial mejore la bochornosa estadística de abusos sexuales contra niñes que logran ser juzgados y condenados. Entonces organizan una marcha, y como el Estado multa a la familia por la contravención de cortar el tráfico, la noticia llega a los medios. Llaman a una especialista, se habla de develamiento, de que esto pasa "hasta en las mejores familias", se denuncia la persecución a les profesionales que acompañan, y por unos días, todes volvemos a sentir, que al menos ahora en los medios se habla de estas cosas. Y mi mamá me cuenta casi en un susurro, que mi abuela de niña dormía con su prima en la misma cama, porque le tenían miedo a un tío que las tocaba. Y de fondo en la tele se escucha: ¿La nena, tenía camisón o pijama? ¿No será que lo anduviera provocando al tío?

Las páginas se llenan solas, cuando se rompe el pacto de silencios patriarcales. Me faltaría espacio para hablar del nuevo acuerdo con el FMI, de la deuda fraudulenta contraída por un gringo ojos claros -que supo ser presidente-, y decía que les Argentines somos descendientes de los barcos asesinos. De la deuda pagada con el trabajo -reconocido y no reconocido- que hacemos las mujeres. De la explotación laboral, mental, afectiva... De la explotación sexual. Podría escribir un libro contando las historias de las pibas que a los 13 años son paradas en una esquina, para satisfacer el deseo caprichoso de cualquier varón. Del negocio de explotar los cuerpos de mujeres, travestis y trans. De que nuestros cuerpos y las tierras que habitamos, son despojados de toda soberanía, una y otra vez, con nuevas promesas, nuevos eslóganes, nuevas empresas detrás, pero con los mismos responsables y las mismas consecuencias: nos siguen matando. Y mi insistencia por hablar de la muerte no es capricho. Quizás quien lea puede pensar que mejor sería hablar de los logros, de las leyes sancionadas, del "empoderamiento", de que al menos ahora sí se habla de estas cosas. Que sin dudas debo ser una amargada (como todas las feministas, claro), pero bien que cuando nos juntamos es puro glitter, pura fiesta y tetas al aire. Y si, por supuesto que a esta fiesta la llevamos en la carne. Porque la batalla patriarcal se libra en el cuerpo de cada una, pero en cada una, estamos todas. El feminismo es esa fiesta en la que todas somos recibidas de brazos abiertos, más tarde o más temprano, sintiendo que nunca más estaremos solas ante tanta muerte. Pero la muerte está. Ahí sigue firme. Llevándose una piba cada 24 horas, en manos de varones. Volviendo a matarnos en los medios, en la desidia del gobierno, en el sistema de salud, en la burocracia estatal, en la estructura inconmovible que hace la rueda girar. En la desigualdad territorial, en un mundo gobernado por un puñado de tipos (ocho, más precisamente) que toman las decisiones sobre nuestro destino, sin consultar. Las decisiones sobre nuestros ríos, nuestros montes, sobre nuestras vidas y nuestras muertes. La muerte está en cada gesto de competencia, de medirse con les del lado, en la manera de hacer política, en la forma en que se ejerce el poder. En la invisibilización de los privilegios, en el festejo de la hombría, en la condena de la mujer que no esconde su deseo. Y hablo de la muerte persistente, porque al patriarcado lo llevamos dentro. Es mayormente ejercido por varones, pero nosotras también andamos en la tarea de desmontar nuestras propias estructuras machirulas. Y hablo de la muerte, porque es incómodo. Porque nadie quiere mirar cuánto de todo esto tiene que ver con une. Cuánto de todo esto, tiene que ver con lo que hago o dejo de hacer. Porque hablar de la muerte es triste. Es conectar con la desolación que genera constatar que las cifras siguen aumentando y pareciera que nada alcanza para que las cosas funcionen distinto. Hablar de lo que nos pasa es hacernos cargo. Es romper con el hechizo de las vidas perfectas y alegres de instagram, con el imperativo neoliberal de la felicidad, con la ficción de que cambiamos el mundo con un like desde el celular. El neoliberalismo nos vende la fantasía de que somos individuos desarraigados, independientes, y que por supuesto, nada tenemos que ver con toda esa cosa de la cuestión de género que pasan en la tele, y de la que hablamos ahora de vez en cuando en la mesa. Hoy, ocho de marzo, vuelvo a gritar que nos siguen matando, con la ilusión de que cada une mire al sicario que lleva dentro.

Hubiera sido más convocante para les lectores, llenar las dos páginas hablando sobre la fiesta que es tenernos. Pero no hemos nacido para complacer. Y hoy, no estamos de fiesta. Estamos mejor que hace cien, quinientos o mil años. Pero eso es a costa de nuestras muertas. Y si me preguntan, preferiría no hacer listas con las mujeres, travestis y trans asesinadas. Preferiría no llenar páginas con sus nombres.



 

¡ATENCIÓN! Mundar es un espacio autogestivo, en este comienzo de año queremos tomar impulso para seguir haciendo crecer este proyecto cultural que nos encuentra a cada rato escribiendo y leyendo junto a vos. Queremos que seas parte de nuestra mesa, invítanos un cafecito para que Mundar siga creciendo. https://cafecito.app/revistamundar2022



Categorías

Autores