ABALOS, AUTOR HETERODOXO PARA UNA REGIÓN HETERODOXA
Este maestro rural santiagueño,
devenido en entomólogo y, en sus tiempos libres, literato, ha sabido generar en
nosotres -lectores- por lo menos una serie de inquietudes. Sus primeros
cuentos, leyendas y coplas han tenido la impronta de su curiosidad científica
en torno a la naturaleza, matizada por la influencia de las lecturas literarias
que tenía a su alcance (porque, claro, el contexto sociocultural y económico
hace a las posibilidades de acceso cultural de todes). Así, la literatura con
la que tuvo contacto Ábalos durante aquel tiempo (1933-1942) provenía de
algunos pocos libros que se había llevado desde su ciudad natal, La Banda,
sumados a las novelas que en esos años se difundían a través de la revista Leoplán (Ábalos, 2013 [1949]):
fundamentalmente rusas, europeas del siglo XIX y muchos cuentos clásicos.
Lo de las inquietudes se relaciona
con la medida en que se mixturan los intereses del autor y se vierten en sus
novelas, cuentos y crónicas. Y, sobre todo, con cómo esas curiosidades, que
podrían entenderse como individuales en principio, han encontrado un cauce que
canaliza las formas de organización comunitaria y las demandas de un colectivo
que se encuentra en el margen de los proyectos de nación.
En el título hablamos de la heterodoxia basándonos en la concepción de la ortodoxia como doctrina imperante, pensamiento hegemónico en un período histórico y en un lugar determinados (Corona Martínez, 2013). Dicha hegemonía es producto de un complejo entrelazamiento de fuerzas políticas, culturales y sociales que subordinan la creación y el conocimiento a cierta normativa. En ese marco, la heterodoxia emerge y se vuelve “existencia paralela”, que no cumple con lo establecido y demuestra, con ello, que hay una falta.
En el mismo sentido, el tiempo en que
se desarrollan los pueblos, la cultura popular, aparece como un tiempo
anacrónico respecto del que impone el Estado moderno. Pensar la ruptura con la
modernidad occidental supone asumir y exponer este tiempo heterogéneo, en que coexisten la colonialidad todavía latente y la
modernización capitalista, para luego trasladar el punto de vista a una
localización/situación específica y (re)configurar una identidad americana.
Ábalos (2013 [1978]) recopila “las
diarias crónicas de muchas necesidades y de grandes esperanzas, los retratos
más vívidos de las gentes de nuestra tierra” (p. 170) y las vuelve historias
que recuperan la voz de un territorio o, más bien, de unos sujetos silenciados.
Pero el hecho de producir desde un rincón del NOA y desde unos géneros
escasamente vigentes para la crítica literaria significó el relegamiento
prematuro de sus obras. Claro, realismo y oralidad a mediados del siglo XX y el
plus de vivir en donde “no hay wifi”, como resuena hoy en las conversaciones
con nuestres compatriotas de las grandes urbes.
No se trata, tampoco, de romantizar
la situación de Ábalos en la región. Entre nosotres, sabemos que la posición de
un maestro formado en la ciudad y que levanta las voces de una comunidad
campesina no es precisamente habilitar el protagonismo de esas voces. Sin
embargo, frente a la indiferencia, el compromiso es imprescindible. El escritor
se propuso dar una forma legible a un universo de sentidos que atraviesan al
decir popular, procurando posicionarse como traductor
de las expresiones que esos sujetos ponen en juego y no como el portavoz
letrado de un decir “culto” que vendría a moderar un supuesto “caos” o
“desorden” de la palabra (aquí nos remitimos a la diferencia entre la “palabra
grande” y la “palabra culta” que plantea Kusch (2012)).
Lo inevitablemente destacable y
necesario en la literatura de este autor santiagueño -para quien escribe este
artículo, por supuesto- es el ejercicio de reconocer, en la cultura, a la
región-suelo no solo como el marco de desarrollo de ciertos procesos vitales
sino, fundamentalmente, como el factor clave que direcciona y da sentido a esos
procesos. Es entonces que el territorio adquiere relevancia como elemento
formador de comunidades, que expresan sus devenires culturales en su sujeción a
una geocultura. Y constituye, de este modo, un gran aporte a las formas de
lectura y análisis de nuestras literaturas argentinas: de un autor heterodoxo,
en una región heterodoxa, “hacia el mundo”.

Imagen perteneciente a la película Shunko (1960), perteneciente a Lautaro Murua.
Fuentes
- Ábalos,
J.W. (2013) [1949]. Shunko.
Argentina: Fundación Cultural Santiago del Estero
- -.
[1975, 1978, 1980]. Coshmi y otros
textos. Argentina: Fundación Cultural Santiago del Estero
- Corona
Martínez, C. (comp.) (2013). Mapas de la
hetedoroxia. Córdoba: Babel Editorial
- Kusch,
R. (2012). Esbozo de una antropología
filosófica americana. Cultura y
liberación. Rosario, Argentina: Editorial Fundación Ross.
- --.
(1976). Geocultura del hombre americano.
Buenos Aires, Argentina: Editorial Fernando García Cambeiro.