AGOSTO COLOR LAPACHO
...“Primavera en los lapachos
Tu color Santiago
La primavera me dice
Que está llegando”...
Marcelo Perea, “Lapachos”
En agosto, como si salieran de algún
escondite, los lapachos copan la atención de todos cuando florecen. La
admiración por este acontecimiento estacional es una buena noticia que germina
en boca de nosotros, Santiagueños, a quienes se nos puede ver liberando flores
en grandes bocanadas compartiendo el alumbramiento de esos colores.
Los barrios permanecen cercados por los
lapachos quienes paralizan la marcha urbana imponiéndonos con sus luces la
sabiduría de su antigua belleza. Todo es más liviano en el pago, cuando las
veredas se suspenden sobre el aire, sostenidas por las ramas que se entrelazan
para derramarse al cielo, andamos adivinando e inventando los recorridos que
las flores van trazando.
Se trata de una invitación que exige
deambular la ciudad a pie, recorriéndola con detenimiento de cara el sol. Las cuadras
que comienzan con lapachos derivan distinto en sus finales, tienen la
complicidad del rostro amigo donde una sonrisa acaba de disiparse.
Así es que andamos retratando,
publicando, viralizando este festejo natural, predicando esta arborescencia
identitaria que nos junta en una comunión multicolor.
Alberto Villaverde, ingeniero,
especialista en arbolado urbano, me explica que los ‘lapachos’ se los conocía
botánicamente bajo el nombre genérico Tabebuia. Hace unos años han sido
renombrados como Handroanthus. En la ciudad se cultivan cuatro especies de
‘lapacho’: el ‘lapacho rosado’, con flores de color rosado intenso hasta
blancas (albinismo); el ‘lapacho amarillo’, árbol del norte del país; el ‘lapachillo’,
arbolito originario del sur de Brasil, también con flores amarillas, muy
cultivado en Argentina para arbolado urbano en espacios verdes y calles con
veredas angostas; y el ‘lapacho negro’ poco cultivado en la ciudad, con
características muy similares al ‘lapacho rosado’, con folíolos más pequeños y
con bordes aserrados.
Algunos lapachos jóvenes de brazos
flacos parecen estar sostenidos por sus flores diminutas, como si se tratara de
broches que los aferran al aire, permanecen en silencio maravillados por su
propia cosecha. Los hay maltrechos, con florescencias ralas,
ostentando el embate de la contaminación y otros erguidos
por años de experiencia, con colores más tupidos se abren irreverentes frente a
sus espectadores.
Ante la imponencia de estos seres
luminosos el trámite mundanal de la siesta se nos disuelve entre las manos y
nos permitimos re inventar otros rumbos siguiendo al viento, reverdeciendo
inesperadamente nuestra humanidad.
Cuando sabemos abstraernos del destino
inmediato que nos convoca todos son dignos de nuestra mirada atenta. Andamos saltando
de rama en rama, mirando esos ramilletes de campanitas que solidariamente se
sostienen y desparraman. Sean de color blanco, rosas, amarillos, conversamos
adivinándole los años a los troncos.
Un amigo de la poesía, Pancho
Avendaño cuenta que el “Resistencia
Sport Club” equipo de la Segunda División de Paraguay, asociara un lapacho, al
que no se abatió al momento de construir la tribuna del Estadio "Tomas
Began Correa". La foto del lapacho en la tribuna como un hincha más, es
una felicidad compartida por que tiene un hondo significado. Inmerso en la hinchada
ese arbolito ha de celebrar su suerte, en medio de triunfos y derrotas futbolísticas.
Estas noticias señalan las prioridades necesarias para ser mejores, otorgándoles
el lugar que les corresponde a estos seres de raíces al suelo.
En el pago, de ha rato las flores de los lapachos caen al suelo, campanitas en derrumbe dan su sonido seco al estrellarse, algunas despatarradas logran aferrarse a la tierra para volver al año próximo a saludarnos, otras han de experimentar la fatalidad de su podredumbre en las veredas y calles esperando sin desesperar algún comedido santiagueño que las levante para recostarlas en la tierra.
Agosto es color lapacho en Santiago, y esta dicha colectiva es
innegablemente uno de los nombres de nuestro terruño.
SEBASTIAN BARRIONUEVO SAPUNAR
*Se sugiere acompañar la lectura de la canción “Lapachos en Primavera” de Marcelo Perea. Versión de Mercedes Sosa, Disco “Corazón Libre”
*Especial agradecimiento al Ing. Alberto Villaverde por sus aportes tecnicos- cientificos.
*Fotografias de Juan Medez, Eduardo Rapetti, Pablo Mema, Francisco Barrionuevo, Lautaro Resta.






