ALGO DE ARQUITECTURA

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Miércoles, 1 de Julio del 2020

ALGO DE ARQUITECTURA

Desde MUNDAR tenemos la alegría de publicar este texto escrito por el Arq. Roberto Rafael Delgado en enero de 1988, agradecemos la gentileza a Pablo Delgado y al Arq. Anselmo Vezzosi, que sin su generosidad no podríamos haber accedido a este importante material que viene desde algunas décadas atrás a interpelar el presente de la arquitectura santiagueña. 


Me referiré a la pregunta clásica de todo alumno o amigo "¿qué le parece la actual arquitectura de Santiago, es moderna?” Podría decir que esa concepción de modernidad es obsoleta, todo lo reciente es moderno, lo que se entendió por movimiento moderno en la arquitectura, que data de comienzos de siglo, planteó una concepción rígida sin mejorar la calidad de vida, por el contrario, destruyó y siguen destruyendo respuestas arquitectónicas a un modo de vida, a una característica que nos dio identidad. En Santiago los ejemplos son muchos: en lo urbano la desaparecida acequia Belgrano; las arboledas Y paseos de calles Pedro León Gallo y Sáenz Peña; en lo edilicio, los chalés "de la Belgrano'" el Banco Nación, Hotel Plaza, casa GI, etc.

En nuestro medio hay varios arquitectos y estudiosos que buscan desde hace años soluciones alternativas a esos planteos "modernos y el problema no radica en buscar "modelos" como el post-modernismo u otra corriente, sino dar respuestas a nuestra época y para nuestra circunstancia.

Hoy nos encontramos con un pregón de modernismo cuya concepción es principista, basada en un progreso indefinido a partir de la tecnología, esto es tan abstracto como utópico, que se olvida la dimensión social de la arquitectura, nuestros recursos naturales y sobre todo nuestra realidad. Este pregón que surge desde todos los ámbitos, relacionados con los intereses de consumo, pretende únicamente una actitud "contestataria, una ilusión, que envilece la posibilidad de un enriquecimiento y desarrollo cultural, donde no hay una escala de valores y surge el "todo vale".

En Santiago, en general, no vemos una arquitectura sobresaliente desde el punto de vista formal de la construcción en sí, salvo en áreas rurales en donde se dan soluciones a las necesidades de un hábitat determinado como es el rancho. Así como existe hoy una especulación económica, existe una especulación de la forma, donde las imágenes sirven para dar una idea falsa de lo verdadero, donde el auto más caro y los electrodomésticos hacen pensar en una prosperidad, prestigio del usuario que no conducen con el techo que los protege. Estos casos se ven en los barrios de interés social, se reforma haciendo grandes erogaciones en lo superficial, la fachada y por dentro, en lo profundo, espacios de tensión, hacinamiento que atentan en la vida de relación: padres histéricos, hijos mal educados. 

Por último y esto es un mal que nos aqueja, nos preocupamos por el desconcierto mundial y nuestro problema no es asumir el de los demás sino dar respuestas a nuestro propio desconcierto. El día que tomemos ese rumbo nuestra arquitectura cobijará nuestra felicidad.   

                             

 




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