ANOTACIONES SOBRE EL ACTO POLÍTICO DE NARRAR Y EDITAR
0-
¿Desde dónde escribir,
para qué?
En un tiempo
anterior a la pandemia (ahora el sintagma es Antes o Después de Pandemia), de
manera difusa y dispersa como suelen ser los comienzos, iniciamos la idea de recorrer
voces que están en la labor de pensar y producir textos e imágenes. Fundamentalmente
entre las y los jóvenes. Tal vez, como una búsqueda tendiente a descifrar una nueva
narrativa en construcción. Narrativa, en la perspectiva benjaminiana,
reconfigurada como praxis social con su captación y expresión de los síntomas y
de las subjetividades de un tiempo. Una narrativa como potencia creadora
de sentido.
Según el recuerdo,
más que una planificación organizada, se presentaba a priori como una búsqueda
intuitiva. Esa primera intención redoblaba el entusiasmo ante el desafío de encontrar
un formato que nos posibilitara efectuar múltiples acciones sobre los
diferentes lenguajes, sean textos, gráfica, danza, teatro, sonidos, etc.
Poder desmontarlas
de sus formas narrativizadas, escarbar sus vetas discursivas y a la vez pensar
los tonos y matices. En ese sentido, la idea fuerza se orientaba a visibilizar
y hacer circular “eso que hay para decir”. Para tal propósito, elucidar un formato
que, centralmente, fuera un proyecto político cultural autogestivo.
1- El formato y la apuesta
Con ese envión surge Ediciones del Bajo Pueblo. La apuesta se nos
presenta en formato de revista. Aparece La Minka, Arte y Política. Una
publicación periódica que procura exponer algo de lo que se produce
actualmente. Circula impresa en papel, que para la actualidad –creemos- adopta
nuevos sentidos como, por ejemplo, la interrelación cuerpo a cuerpo, el
tiempo y disposición para la lectura, visibiliza territorialidad de lectorxs y posibilita
perdurabilidad como memoria cultural-archivo, entre otros.
Un modo, también, de intervenir críticamente en la expresión cultural
hegemónica, al tiempo que propone dialogar los contenidos junto a lxs lectorxs.
Es decir, la apuesta es un asomo paulatino sobre el horizonte expresivo del pensamiento
crítico.
A partir de la palabra y la imagen, intentar otros registros de la realidad que se encuentran en la dimensión poética-estética. Junto con lxs escritorxs y lxs artistas, desde otras ópticas, incluido lo político, reflexionar cuáles deseos e imaginaciones estimulan, que sensibilidades se cruzan, que pulsiones activan, que tensiones operan y, como todo eso y más, comprende el carácter del sentipensar una identidad. La experiencia editorial autogestiva como contribución a cristalizar un espacio de narrativa popular.

2- Construir narrativa -es-
política
La ocasión de pensar el contexto nos ha inducido a poner atención en
las nociones derivadas del “para que se escribe”. Es una preocupación
que merodea y empuja a pensar los efectos a partir de alteraciones edilicias
que han tenido lugar en la ciudad como así también la transformación en el tipo
de relacionamiento social. Tal modificación urbanística detona otras miradas y
perspectivas al momento del pensar(nos).
El tiempo que comprende este primer cuarto de siglo es un territorio
que invita a ser explorado. La construcción de una nueva urbanidad, sin duda
transforma la narrativa. Construir, es en sí mismo, un modo de recrear una narrativa. Aparecen nuevas motivaciones que producen cambios en los modos de
sensibilidad y pensabilidad de lo cultural y por ende lo político.
Interpelar(nos) en el actual contexto de cambios de fisonomía urbana,
de incesantes transformaciones tecnológicas y de vertiginosa digitalización de
las comunicaciones. Y en perspectiva socio/histórica, la conmoción que implica
el cambio de una época y de siglo, tiene desde luego, su correlato en el orden
político/cultural.
Dicha conjugación, consideramos, provoca un estado de tensión del
pensamiento y genera síntomas de una nueva narrativa en construcción.
3- La Memoria
ardiente
A pesar de las
transformaciones que va sufriendo la ciudad, cuya materialidad da cierta
característica de “modernización”, el nervio político que dinamiza dialécticamente
pasado y presente es la memoria. Memoria vibrante que nos conversa cada tanto. Porque
el pasado no está anclado en la historia. Sino que es memoria que, como una
sombra, acompaña un pasado que pervive en continuo presente.
Allí, un
constante despertar con el grito atorado que bulle del suelo, y decimos “suelo”
en el sentido Kuscheano “de tener los
pies en el suelo a modo de apoyo espiritual”. La memoria desborda en las expresiones
populares. Despliega una profunda fuerza acumulada en tanto historia de los
pueblos. Nos arroja encima lo bello, lo tenebroso, lo blanco y lo negro, los
colores, su textura, los misterios, las incertezas, lo monstruoso, lo mágico,
las rebeldías y las luchas.
La memoria,
supone narrativa en tanto praxis política que interactúa con el
presente. Lo interpela. La memoria sobrevuela todo el tiempo la imaginación
creativa. Aparece como un fuego. Arde. Se parece a un volcán. Es urgente y es
surgente. Es un síntoma que asciende de lo profundo de nuestra historia e impacta
contra una cotidianeidad que ondea en la superficie. La dualidad entre lo real
y la ficción, tensionan el pensamiento y abren otras formas de hacer, pensar y
narrar.
4- Lo bello, lo verdadero, lo real
En este sentido
hay también una cuestión estética que suele ir ligada a los procesos sociales y
que contribuye a visibilizar esa trayectoria. Y el arte, que siempre va más
allá del arte, entrelazando lo social y lo político, configura una forma de narrativa.
Nos animan
preguntas tales como ¿dónde anida la nueva sensibilidad y la politización del
arte como cuestionador de una realidad que permanece injusta? En el intento por desentrañar estos temas brotan
antagonismos que por su propio peso han ido decantando en el recorrido reflexivo:
individual-colectivo, realidad-ficción, belleza-fealdad, burgués-popular,
verdadero-falso.
¿Cuál verdad es
la que nos toca la piel? ¿Cuál la realidad que nos va por dentro? ¿Con qué “ante-ojos”
miramos lo bello? ¿Cuál belleza? ¿Bajo qué normativas?
De nuevo. ¿Cuál
es la plataforma para señalar tales afirmaciones de verdad, belleza y realidad?
¿Acaso, no funcionan estas desde paradigmas establecidos jerárquicamente por
imperio de una estética de raigambre eurocéntrica, modernista, en tanto
apropiación y definición por parte de una oligarquía? ¿No hay también en la
elaboración de esos cánones un concepto burgués que se establecen como
parámetros?
Si el paradigma
del arte, el “arte bello” por cierto, lo estético y las formas, es el
occidental, entonces, pensando el pensamiento kuscheano, ¿cuáles serían las “bellas
artes” y cuales las artes no bellas?
5- El otro lado de la realidad
En ese hilo
vinculante de lo occidental con lo nuestroamericano que convive en una relación
permeada por una subordinación de colonialidad, hegemónicamente, la “razón” es
productora de “la realidad, de lo verdadero y también de lo bello”. Una trama
que claramente va mediando la percepción.
Al ritmo de una
realidad cuya lógica es la aceleración, el cortoplacismo, lo efímero, capturada
por la gravitación neoliberal (capitalista) que entiende a la cultura desde el
consumo, a la obra como objeto mercancía para ser transaccionado, enfatiza más
la forma por sobre el contenido y la función. Una condición que desarticula el
sentido comunitarista de toda creación.
Pero hablar de
una realidad habilita la existencia de un otro lado de la realidad. El reverso
de esta son otras realidades y sus complejidades. Quizás indoamericana, quizás
afro, quizás un sentir y un pensar en perspectiva feminista popular, tal vez
plebeyo. Las diversas representaciones que comprende esa otra realidad es el plano
disruptivo que asoma desde la otra orilla que, en cierta manera, es otra zona
desde donde narrar.
6- Potencia política del acto de escribir, editar y publicar
No caben dudas
que hay una tradición narrativa, como también hay una búsqueda nueva sobre qué
narrar. Esa construcción de seguro implica incomodidades. Es de esperar modos
de oclusión ante narrativas desobedientes. Inadecuaciones como formas de
resistencias y modos de emancipar el pensamiento.
Contranarración
ante una trama discursiva del status quo que en su retórica pretende ordenar la
construcción de sentido desde una línea argumentativa y simbólica. Narrar no
desde el lado conservador como mera información, sino como traducción de
experiencia. Tejer una trama narrativa de experiencias como construcción
colectiva que crea sentido para otros imaginarios políticos. Una narrativa
implica politizar una práctica social.
Entonces, las disidencias,
como posicionamientos claros respecto de los esquemas o estructuras dominantes,
normatizadas, requieren ser mostradas por fuera de las que hablan “la lengua del cautiverio mediático” como
refiere tan brillantemente Liliana Herrero en su Manifiesto.
Ante la
actualidad de un mundo cruzado por la guerra, una convulsionada américa latina
y el avance global de una derecha fascista, es un imperativo de lxs artistas y
escritorxs animar un sentido de humanidad, de otro modo de vida y de otros
mundos posibles. La que ponga al servicio de la creatividad y del bien común, un
halo de esperanza y deseo de un mundo más igualitario. En Humanismo,
impugnación, y resistencias, de Horacio González, sobre el final del libro dejaba
escrito “decisiones más osadas ante los
peligros que cada día se ciernen sobre la humanidad”, bien cabría como
nervadura de una nueva narrativa.
7- ¿Hay otros
espacios organizativos posibles?
Un proyecto editorial
de carácter independiente, nos conduce a la pregunta ¿independencia de qué, de quién?
Como también la idea de alternativa, ¿alternativo a qué?
Por lo tanto,
cuánto de potencial, cuánto de condición y cuánto de limitación tiene un espacio
así pensado, podría ser otra pregunta. Dada esas características, ¿bajo qué
nociones desarrollamos una práctica autogestiva? Cómo decisión, como
posibilidad, ¿cómo? Y entonces, ¿qué otros lugares quedan si se prescindiera de
una estatalidad como única forma posible de gestionar? ¿Cabe la posibilidad
real de imaginar otros lugares que alberguen una autonomía y creatividad y que
hagan posible el surgimiento y posterior sostenimiento de proyectos?
Por otra parte,
está la que subsume a una dinámica subordinada a la perversa lógica jerarquizante
y de descarte que diseña el mercado, como mero reproductor de sus formas.
Ante las
sujeciones a ciertos condicionamientos, hay puntos de fuga que permiten crear
nuevos espacios vinculados a eso otro que se quiere sin reproducir lo que no se
quiere. Quizás sea allí donde la práctica editorial autogestiva se torna
político. Y el desafío de pensar estrategias si se quiere rediseñar nuevas
formas para la creación autogestiva respecto del Estado y el mercado.
8- Reimaginar nuevas estrategias
Un proyecto editorial
como modo de mantener una idea de autonomía asume una práctica autogestiva. Con
ese enfoque revista La Minka va moviéndose, generando circuitos de circulación
como ser de mano en mano, generando sus lectorxs. Una conversa con lxs autorxs y
la obra, antes y después de la publicación. Tejer lo colectivo. Ese es el motor
de la autogestión que concebimos de este proyecto político y cultural. Allí va
tomando forma la idea de proyecto colectivo autogestivo. Porque crea comunidad,
autonomía, soberanía, libertad.
Y por qué no un
movimiento cultural para pensar(nos) para narrar(nos) articulando diversos
proyectos, empujando(nos) a reimaginar estrategias y nuevas formas para nuestros
deseos, nuestros mundos futuros. ¿Y una cooperativa editorial?
Y la pregunta
del inicio que habilita estos apuntes para la reflexión sigue flotando. Eduardo
Galeano abrigaba una respuesta: “Yo escribo para quienes no pueden leerme, los
de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia”.
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Francisco René Santucho - 27/06/2022
