ANOTACIONES SOBRE EL ACTO POLÍTICO DE NARRAR Y EDITAR

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Sábado, 2 de Julio del 2022

ANOTACIONES SOBRE EL ACTO POLÍTICO DE NARRAR Y EDITAR

0-    ¿Desde dónde escribir, para qué?

En un tiempo anterior a la pandemia (ahora el sintagma es Antes o Después de Pandemia), de manera difusa y dispersa como suelen ser los comienzos, iniciamos la idea de recorrer voces que están en la labor de pensar y producir textos e imágenes. Fundamentalmente entre las y los jóvenes. Tal vez, como una búsqueda tendiente a descifrar una nueva narrativa en construcción. Narrativa, en la perspectiva benjaminiana, reconfigurada como praxis social con su captación y expresión de los síntomas y de las subjetividades de un tiempo. Una narrativa como potencia creadora de sentido.

Según el recuerdo, más que una planificación organizada, se presentaba a priori como una búsqueda intuitiva. Esa primera intención redoblaba el entusiasmo ante el desafío de encontrar un formato que nos posibilitara efectuar múltiples acciones sobre los diferentes lenguajes, sean textos, gráfica, danza, teatro, sonidos, etc.

Poder desmontarlas de sus formas narrativizadas, escarbar sus vetas discursivas y a la vez pensar los tonos y matices. En ese sentido, la idea fuerza se orientaba a visibilizar y hacer circular “eso que hay para decir”. Para tal propósito, elucidar un formato que, centralmente, fuera un proyecto político cultural autogestivo.

1- El formato y la apuesta

Con ese envión surge Ediciones del Bajo Pueblo. La apuesta se nos presenta en formato de revista. Aparece La Minka, Arte y Política. Una publicación periódica que procura exponer algo de lo que se produce actualmente. Circula impresa en papel, que para la actualidad –creemos- adopta nuevos sentidos como, por ejemplo, la interrelación cuerpo a cuerpo, el tiempo y disposición para la lectura, visibiliza territorialidad de lectorxs y posibilita perdurabilidad como memoria cultural-archivo, entre otros.

Un modo, también, de intervenir críticamente en la expresión cultural hegemónica, al tiempo que propone dialogar los contenidos junto a lxs lectorxs. Es decir, la apuesta es un asomo paulatino sobre el horizonte expresivo del pensamiento crítico.

A partir de la palabra y la imagen, intentar otros registros de la realidad que se encuentran en la dimensión poética-estética. Junto con lxs escritorxs y lxs artistas, desde otras ópticas, incluido lo político, reflexionar cuáles deseos e imaginaciones estimulan, que sensibilidades se cruzan, que pulsiones activan, que tensiones operan y, como todo eso y más, comprende el carácter del sentipensar una identidad. La experiencia editorial autogestiva como contribución a cristalizar un espacio de narrativa popular.



2- Construir narrativa -es- política

La ocasión de pensar el contexto nos ha inducido a poner atención en las nociones derivadas del “para que se escribe”. Es una preocupación que merodea y empuja a pensar los efectos a partir de alteraciones edilicias que han tenido lugar en la ciudad como así también la transformación en el tipo de relacionamiento social. Tal modificación urbanística detona otras miradas y perspectivas al momento del pensar(nos).

El tiempo que comprende este primer cuarto de siglo es un territorio que invita a ser explorado. La construcción de una nueva urbanidad, sin duda transforma la narrativa. Construir, es en sí mismo, un modo de recrear una narrativa. Aparecen nuevas motivaciones que producen cambios en los modos de sensibilidad y pensabilidad de lo cultural y por ende lo político.

Interpelar(nos) en el actual contexto de cambios de fisonomía urbana, de incesantes transformaciones tecnológicas y de vertiginosa digitalización de las comunicaciones. Y en perspectiva socio/histórica, la conmoción que implica el cambio de una época y de siglo, tiene desde luego, su correlato en el orden político/cultural.

Dicha conjugación, consideramos, provoca un estado de tensión del pensamiento y genera síntomas de una nueva narrativa en construcción.

3- La Memoria ardiente

A pesar de las transformaciones que va sufriendo la ciudad, cuya materialidad da cierta característica de “modernización”, el nervio político que dinamiza dialécticamente pasado y presente es la memoria. Memoria vibrante que nos conversa cada tanto. Porque el pasado no está anclado en la historia. Sino que es memoria que, como una sombra, acompaña un pasado que pervive en continuo presente.

Allí, un constante despertar con el grito atorado que bulle del suelo, y decimos “suelo” en el sentido Kuscheano “de tener los pies en el suelo a modo de apoyo espiritual”. La memoria desborda en las expresiones populares. Despliega una profunda fuerza acumulada en tanto historia de los pueblos. Nos arroja encima lo bello, lo tenebroso, lo blanco y lo negro, los colores, su textura, los misterios, las incertezas, lo monstruoso, lo mágico, las rebeldías y las luchas.

La memoria, supone narrativa en tanto praxis política que interactúa con el presente. Lo interpela. La memoria sobrevuela todo el tiempo la imaginación creativa. Aparece como un fuego. Arde. Se parece a un volcán. Es urgente y es surgente. Es un síntoma que asciende de lo profundo de nuestra historia e impacta contra una cotidianeidad que ondea en la superficie. La dualidad entre lo real y la ficción, tensionan el pensamiento y abren otras formas de hacer, pensar y narrar.

4- Lo bello, lo verdadero, lo real

En este sentido hay también una cuestión estética que suele ir ligada a los procesos sociales y que contribuye a visibilizar esa trayectoria. Y el arte, que siempre va más allá del arte, entrelazando lo social y lo político, configura una forma de narrativa.

Nos animan preguntas tales como ¿dónde anida la nueva sensibilidad y la politización del arte como cuestionador de una realidad que permanece injusta?  En el intento por desentrañar estos temas brotan antagonismos que por su propio peso han ido decantando en el recorrido reflexivo: individual-colectivo, realidad-ficción, belleza-fealdad, burgués-popular, verdadero-falso.

¿Cuál verdad es la que nos toca la piel? ¿Cuál la realidad que nos va por dentro? ¿Con qué “ante-ojos” miramos lo bello? ¿Cuál belleza? ¿Bajo qué normativas?

De nuevo. ¿Cuál es la plataforma para señalar tales afirmaciones de verdad, belleza y realidad? ¿Acaso, no funcionan estas desde paradigmas establecidos jerárquicamente por imperio de una estética de raigambre eurocéntrica, modernista, en tanto apropiación y definición por parte de una oligarquía? ¿No hay también en la elaboración de esos cánones un concepto burgués que se establecen como parámetros?

Si el paradigma del arte, el “arte bello” por cierto, lo estético y las formas, es el occidental, entonces, pensando el pensamiento kuscheano, ¿cuáles serían las “bellas artes” y cuales las artes no bellas?

5- El otro lado de la realidad

En ese hilo vinculante de lo occidental con lo nuestroamericano que convive en una relación permeada por una subordinación de colonialidad, hegemónicamente, la “razón” es productora de “la realidad, de lo verdadero y también de lo bello”. Una trama que claramente va mediando la percepción.

Al ritmo de una realidad cuya lógica es la aceleración, el cortoplacismo, lo efímero, capturada por la gravitación neoliberal (capitalista) que entiende a la cultura desde el consumo, a la obra como objeto mercancía para ser transaccionado, enfatiza más la forma por sobre el contenido y la función. Una condición que desarticula el sentido comunitarista de toda creación.

Pero hablar de una realidad habilita la existencia de un otro lado de la realidad. El reverso de esta son otras realidades y sus complejidades. Quizás indoamericana, quizás afro, quizás un sentir y un pensar en perspectiva feminista popular, tal vez plebeyo. Las diversas representaciones que comprende esa otra realidad es el plano disruptivo que asoma desde la otra orilla que, en cierta manera, es otra zona desde donde narrar.

6- Potencia política del acto de escribir, editar y publicar

No caben dudas que hay una tradición narrativa, como también hay una búsqueda nueva sobre qué narrar. Esa construcción de seguro implica incomodidades. Es de esperar modos de oclusión ante narrativas desobedientes. Inadecuaciones como formas de resistencias y modos de emancipar el pensamiento.

Contranarración ante una trama discursiva del status quo que en su retórica pretende ordenar la construcción de sentido desde una línea argumentativa y simbólica. Narrar no desde el lado conservador como mera información, sino como traducción de experiencia. Tejer una trama narrativa de experiencias como construcción colectiva que crea sentido para otros imaginarios políticos. Una narrativa implica politizar una práctica social.

Entonces, las disidencias, como posicionamientos claros respecto de los esquemas o estructuras dominantes, normatizadas, requieren ser mostradas por fuera de las que hablan “la lengua del cautiverio mediático” como refiere tan brillantemente Liliana Herrero en su Manifiesto.

Ante la actualidad de un mundo cruzado por la guerra, una convulsionada américa latina y el avance global de una derecha fascista, es un imperativo de lxs artistas y escritorxs animar un sentido de humanidad, de otro modo de vida y de otros mundos posibles. La que ponga al servicio de la creatividad y del bien común, un halo de esperanza y deseo de un mundo más igualitario. En Humanismo, impugnación, y resistencias, de Horacio González, sobre el final del libro dejaba escrito “decisiones más osadas ante los peligros que cada día se ciernen sobre la humanidad”, bien cabría como nervadura de una nueva narrativa.

7- ¿Hay otros espacios organizativos posibles?

Un proyecto editorial de carácter independiente, nos conduce a la pregunta ¿independencia de qué, de quién? Como también la idea de alternativa, ¿alternativo a qué?

Por lo tanto, cuánto de potencial, cuánto de condición y cuánto de limitación tiene un espacio así pensado, podría ser otra pregunta. Dada esas características, ¿bajo qué nociones desarrollamos una práctica autogestiva? Cómo decisión, como posibilidad, ¿cómo? Y entonces, ¿qué otros lugares quedan si se prescindiera de una estatalidad como única forma posible de gestionar? ¿Cabe la posibilidad real de imaginar otros lugares que alberguen una autonomía y creatividad y que hagan posible el surgimiento y posterior sostenimiento de proyectos?

Por otra parte, está la que subsume a una dinámica subordinada a la perversa lógica jerarquizante y de descarte que diseña el mercado, como mero reproductor de sus formas. 

Ante las sujeciones a ciertos condicionamientos, hay puntos de fuga que permiten crear nuevos espacios vinculados a eso otro que se quiere sin reproducir lo que no se quiere. Quizás sea allí donde la práctica editorial autogestiva se torna político. Y el desafío de pensar estrategias si se quiere rediseñar nuevas formas para la creación autogestiva respecto del Estado y el mercado.

8- Reimaginar nuevas estrategias

Un proyecto editorial como modo de mantener una idea de autonomía asume una práctica autogestiva. Con ese enfoque revista La Minka va moviéndose, generando circuitos de circulación como ser de mano en mano, generando sus lectorxs. Una conversa con lxs autorxs y la obra, antes y después de la publicación. Tejer lo colectivo. Ese es el motor de la autogestión que concebimos de este proyecto político y cultural. Allí va tomando forma la idea de proyecto colectivo autogestivo. Porque crea comunidad, autonomía, soberanía, libertad.

Y por qué no un movimiento cultural para pensar(nos) para narrar(nos) articulando diversos proyectos, empujando(nos) a reimaginar estrategias y nuevas formas para nuestros deseos, nuestros mundos futuros. ¿Y una cooperativa editorial?

Y la pregunta del inicio que habilita estos apuntes para la reflexión sigue flotando. Eduardo Galeano abrigaba una respuesta: “Yo escribo para quienes no pueden leerme, los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia”.

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Francisco René Santucho - 27/06/2022





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