Antologias y Antologia de poetas del noroeste argentino. La construcción de una literatura.
En los primeros días de junio de este año,
EDUNSE me invitó a presentar la Antología
de Poetas del Noroeste Argentino de Alfonso Nassif. El 15 de junio, Día del
Libro en Argentina, se concretó la presentación. A propósito del centésimo
octavo aniversario de la Biblioteca 9 de julio, sus salones albergaron una
segunda presentación de la Antología.
Las páginas que siguen son el resultado de mis intervenciones en ambos actos.
La Antología
de Poetas del Noroeste Argentino de Alfonso Nassif es uno de esos trabajos
para los que, con agilidad, el pensamiento sugiere el calificativo de
monumental. Sus números son impactantes. La dimensión de la Antología ha requerido su publicación en
dos tomos. Entre ambos suman 1072 páginas, y contienen un trayecto lector que
conjunta seis provincias. Catamarca, Jujuy y La Rioja integran el primer
volumen; Salta, Santiago del Estero y Tucumán conforman el segundo. Un total de
280 escritores y escritoras habitan la Antología,
cuyo punto de partida es el siglo XVI, con Mateo Rojas de Oquendo.
La selección está encabezada por un meduloso
estudio preliminar de Nassif en el que además de referir la condición de primer
poeta del NOA de Rojas de Oquendo, se detiene en los grupos de La Brasa, La
Carpa de Tucumán, Tarja de Jujuy y Calíbar de La Rioja y se cierra, en cuanto a
una propuesta de periodización, con las Generaciones del ’60 y del ’82. En el
apartado, Cuatro poetas del noroeste argentino, Nassif reconoce un Siglo de Oro
de la literatura argentina que inicia con Esteban Echeverría y se cierra con
Jorge Luis Borges, y en el que incluye al riojano Joaquín V. González, al
salteño Joaquín Castellanos, y a los santiagueños Ricardo Rojas y Leopoldo
Lugones. Para matizar su decisión de incorporar a Rojas y a Lugones en el
listado de Santiago del Estero, Nassif escribe que “sería un discurso bizantino
hablar de la provincianía de dos grandes hombres. Simplemente debemos
compartirlos como que son escritores nacionales” (p. 67).
Cada tomo concluye con las Reseñas biográficas
de los antologados, a cargo de Yesmín Nassif de Barrientos. Me interesa
destacar las biografías porque es una información que no siempre está a mano,
no sobra, sino más bien falta, y es imprescindible tanto para lectores como
para investigadores, cuando inician el examen, en profundidad, de la producción
de un autor o de una época. Y porque detrás de las Reseñas hay, sin dudas, un
trabajo de años. Es claro que esta clase de memorias requiere de una
actualización permanente, y que esa es una tarea infinita. Pero necesaria.
Para subrayar el peso informativo de la Antología de Nassif, podríamos tomar, al
azar, algunos de sus antecedentes del siglo XXI. Por dar tres ejemplos: la Antología Federal de Poesía. Región Noroeste,
publicada por el Consejo Federal de Inversiones en 2017, o la de Isabel Aráoz
del 2013, Antología de poetas del NOA: el
retorno a la palabra; o las Poesía
del Noroeste Argentino. Siglo XX y Poesía
Joven del Noroeste Argentino, del 2003 y del 2008, respectivamente,
firmadas por Santiago Sylvester. Ninguna de ellas iguala los números de la Antología de Nassif. Naturalmente, no
las estoy antagonizando: todas portan valores específicos que las hacen
complementarias. Es tarea del lector concretar un abordaje en paralelo para
tomar, de cada una, sus aportes sustanciales al conocimiento de la literatura
argentina del noroeste. En ese corpus ilustre que la antecede, la Antología de Poetas del Noroeste Argentino
tiene un lugar propio.
La antología como género libresco tiene una
extensa tradición en las provincias del NOA. En Contrapunto y fuga. (Poesía y Ficción del NOA), Octavio Corvalán
señala que las antologías en el NOA son el resultado de la preocupación de los
poetas de la región que, hacia la década del ’40 del siglo pasado, buscan
reunir aquella producción que consideran digna de publicar, y sostiene que la
primera de carácter regional es Muestra
colectiva de poemas, de 1944.
Santiago del Estero participa de esa
tradición, en la que, desde finales de los ’60, Alfonso Nassif ha cumplido un
rol clave como antologador, que ha conservado hasta el presente. José Andrés
Rivas, Horacio Germinal Rava, Moisés Carol, Ricardo Dino Taralli y Nassif son
cinco nombres de peso que escriben sobre la literatura de Santiago del Estero,
apegados a una rutina discursiva de los investigadores literarios locales
cuando comunican sus conclusiones en formato libro: lo organizan según un
esquema bipartito. Esto es, un panorama cronológico de la literatura, seguido
de una antología que ilustra el recorrido histórico. Para este género de
libros, lo sustancial es la antología que enseñan: es uso que tal término
conforme títulos o subtítulos. El panorama es presentado como el resultado de
un esfuerzo investigativo, yuxtapone la información obtenida sobre los autores
escogidos de forma esquemática según una lógica temporal y tiende a ocupar unas
pocas páginas en relación con la totalidad del libro. No es este el caso de
Nassif como ya lo hemos subrayado.
Para mencionar algunos ejemplos. De 1946 es Letras santiagueñas. Antología, cuyo prólogo, notas,
selección y ordenación le corresponden a Moisés Carol. Horacio Germinal Rava es
el autor de Panorama de las letras santiagueñas
(1978). Santiago en sus letras.
Antología crítico-temática de las letras santiagueñas (1989) es el aporte
de Rivas al género. De Ricardo Dino Taralli son las dos ediciones de Narradores de Santiago del Estero, la
primera de 1984, luego ampliada en 1997, destinadas al cuento. El siguiente
libro de esta serie de ejemplos es el más voluminoso (668 páginas), Antología de poetas santiagueños en su
versión 2013, y le pertenece a Alfonso Nassif.
Sin embargo, para ajustar los ejemplos al
espíritu de lo que señala Octavio Corvalán, habría que mencionar las
experiencias de antologías publicadas por colectivos de escritores en la
búsqueda de comunicar los proyectos creadores propios. Con sus variantes y
peculiaridades quiero nombrar estos casos:
*Antología
jetona (2010/2011) del grupo La Jeta Literaria, que no contenía un prólogo
sino un manifiesto;
*Los inquilinos en
formato revista, desde marzo de 2013, cuyas primeras editoras fueron Daniela
Rafael y Belén Cianferoni;
*Picados.
Antología Lata Peinada (2015) compilada por Andrés Navarro y Néstor
Mendoza;
*Antología literaria, publicación
anual del grupo Summa Colectivo de Arte,
compilada por Sandra López Paz; y
*Antología. Poesía circular, compendiada
por el mismo colectivo de poetas que la integran, del 2021.
Etimológicamente, la palabra antología procede
del griego ánthos, flores, y logía, selección: una antología sería
entonces una selección de lo bello, de modo que su constitución depende, en esencia,
de los saberes y de las concepciones del antologador, el lector responsable del
recorte que publica. Es importante entender, entonces, que una antología es la
escritura de una lectura. La materialización textual de un modo de leer que
traza líneas de distinción entre lo publicable y lo que no, entre lo bello y lo
que no. Toda antología es una potencial invitación a la polémica, a veces entre
los lectores con el antologador, y otras veces del antologador consigo mismo,
razón por la cual las antologías forman parte de una cadena de respuestas que
releen y reforman las selecciones, en un continuo e indispensable afán por
decir lo nuevo. Sea lo que fuere aquello a lo que se le llame nuevo.
Dar cuenta de lo olvidado, estimular la
polémica creadora, ser puerta de acceso al lector son algunas de las funciones
de una antología. Pero también es posible pensar el género yendo un poco más
allá del acto electivo del antologador. Para Alfonso Reyes, la antología es un
acto de creación, pues entiende la tarea del antólogo como una toma de posición
crítica que produce una forma nueva. A juicio de Claudio Guillén, la misión del
antologador es dirigir la lectura de los demás, pues a través de la antología
pondera un modelo literario y ordena el modo de aceptación de unas determinadas
obras y autores. Entre nosotros, Soledad Martínez Zuccardi reconoce a las
antologías una función de construcción de una literatura. En este sentido, la
literatura no es solo un conjunto de textos, es también lo que los lectores,
ciertos lectores al menos, hacen con ella. Es decir, siguiendo el razonamiento
de Martínez Zuccardi, una antología es una operación de montaje que da
existencia, una existencia particular con perfiles estéticos e ideológicos
específicos, a ese objeto que llamamos literatura.
La Antología
de Poetas del Noroeste Argentino de Alfonso Nassif es, por todas esas
razones, un aliciente para la lectura y para la discusión alrededor de lo
memorado o de lo olvidado. Y pues, ya que estuve hablando de modos
preferenciales de leer, no quisiera cerrar esta intervención sin citar, de la
antología de Nassif, a uno de mis
escritores favoritos del NOA: Jesús Ramón Vera, salteño, fallecido el 6 de
junio de 2012. Elijo Lugar común, que encuentro en la página 143 del tomo II.
Lugar común
Aquí después de ti
después de esperar sin fin
después de decir adiós
aquí sin mentir
los
restos de un viento tardío
de un viejo tardío y sin glorias
aquí después de carrozas y golpes
sin monumentos sin pena alguna
los
restos de una interminable espera
Gritos abismos escombros
alas sanguinariamente destrozadas
Fuera del tiempo
Sin ganas de otoño
Se le
había molido una vida
Una mano para la paz y un ojo para la sangre
Restos de tres o cuatro veces
Ni sano ni lleno ni doctor ni dentista
Sin casa ni zoológico
Sin conocer el destino del agua
que lo electrificaba
el último pañuelo
la mesa vacía
Fugitivo de los espejos
Sin rumbo por los tristes municipios
Esperando la ilusión de los portafolios negros
y de los carteros
sin llegar
confundiendo las flores con la muerte
no cumplirá más años
ni mezclará colores del crepúsculo
Solo
Solo en la sombra del parque y del
cementerio sin cielo
Solo para siempre
¿No oyes?
Las puertas de la casa se abren bajo la tierra