BEBER LA LUNA
Hay una luna redonda
dentro de
cada botella,
arde el vino en las cabezas
como un azote de estrellas
Raul Carnota, La aclaradora
Los versos que elegí como epígrafe dialogan con el
título del poemario que publico Juan Santiago Avendaño, “Mientras veo la
luna en un vaso de vino”, me parece oportuno traer a la memoria la estrofa
de esa chacarera de Raúl Carnota porque propone algo parecido pero distinto. La
luna sale del interior de la botella, no es un reflejo inesperado en la
superficie violácea, más bien es toda la complicidad del poeta con la oscuridad.
Todas las noches andan atrapadas en distintas botellas, derramándose en
concentrados vasos de vino, es así que todas las constelaciones arden en la cabeza de quien
leyó y re leyó este libro, bebiendo, disfrutando mucho y ahora escribiendo.
El título delimita un escenario, y
bien podría conjeturar que esa fue la situación en la que muchos de los poemas
se trabajaron después de aparecer como un relámpago. No puedo asegurarlo. Pero
si puedo testimoniar sobre el trabajo del poema que dio nombre a esta obra,
tuve la dicha de mirar esa noche el taller cuando los versos estaban recién
cosechados, era el otoño de 2019, Juan tenía el pensamiento teñido de verde
como quien acaba de forcejear con la maleza que se entrevera con las flores. Se
preguntaba insistentemente sobre la sucesión de los pétalos, las raíces, la
hojarasca, los detalles.
Desde hace muchos años nos compartimos la lectura poética en un grupo de whatssap junto a Ezequiel Alvarez. Arrancamos los tres después fueron llegando espontáneamente otros amigos Gastón, Anibal, Felix, Francisco y así también nos identificamos como Poesía Circular. No hubo planificación ni la hay hoy, todo se trata más de un devenir compartido que de vez en cuando vislumbra proyectos musicales, radiales, editoriales, poéticos a donde nos encontramos y nos amparamos colectivamente. Hace muchos años dibujamos la línea que nos une, es por eso que tanto me emociona la publicación de este libro, porque probablemente hablamos mucho tiempo sobre él, sin saber que de él hablábamos. Disquisiciones sobre la publicación tardía o precipitada, la maravillosa incontinencia con la que brillan artistas antes de la hora, el artesanal trabajo de la corrección, la precisa metáfora, la minuciosa tarea del ritmo, el pulso, la respiración. La austeridad y contundencia con la que preferimos los poemarios.

Juan trabaja detenidamente con
los elementos, consciente de los límites que tiene la labor emprendida, el
poeta, piloto desorientado vulnerado por la catástrofe /literaria de su
creación jamás podrá evitar que todos sus elementos digan su realidad. Esta
en el lector buscar continuidades y descorrer aquellos márgenes, por ejemplo, está
la piedra sobre una canción que germina, está la piedra ausente en el paisaje que
dibuja una mano desteñida, está la piedra que late en el cielo y es absorbida
por la nada. Luego el poeta dispara secaran la piedra hasta la última gota y
quedara la poesía. Se impone luego la necesaria piedra que nos nombra, somos
la piedra en el zapato de los que no querían un país y casi sobre el final
sucede lo más importante, la piedra es un sapito que Juan hace rebotar en el
agua, su niñez intacta sacude el universo. Aunque en la escuela enseñen a las
infancias que la piedra es solo un objeto abiótico, está el juego de la poesía
para enseñar que en aquel pedazo inerte puede haber también un caleidoscopio “el
mundo es una piedra iluminada que late en una mano inocente esperando el
momento inicial”.
Arriesgo otro ejemplo, el agua con
toda su vitalidad fluye musicalmente en los arroyos y en la ceremonia bautismal
esta quieta y olvidada tras voces canónicas. Un barco se arrastra sobre la
corriente del rio en Surat Thani, en el encuentro del mar y el rio se traza una
línea de navegación para vivir y morir de sed anhelando un puerto que quizás
nunca llega. El mar es para naufragar y para salir a flote, se recicla en la
arena, su bramido llega como una opinión del viento.
El lector está convocado al naufragio
desde el comienzo del libro, el poema será la caja negra donde recibirá las
pistas para ponerse a flote, las indicaciones necesarias para navegar y volver
a sumergirse a tiempo con soltura, sentir miedo del agua y huir para ahogarse
en whisky. Hay más viajes de ida que retornos. La muerte muere un poco en los
modos, los pasatiempos y los gustos del ausente, en el padre que regresa
cada vez que su hijo le escribe una carta.
Hay sobre todo una integración lograda en el libro, una recurrencia de palabras que con sus diferentes apariciones
construyen un idioma y edifican la unidad. El resultado de un trabajo detenido,
un acto creativo que involucro al equipo editorial de Chernobyl, una comunión
amorosa y poética que se advierte con claridad.
La presentación del poemario en
“Unito mistol” tuvo una concurrencia imponente, pienso que la
gente que lo acompaño es en gran parte la consecuencia de su militancia por la
poesía leída en voz alta en diversos encuentros con otros, sin
mezquindades.
Le invito a leer. Sepa que después del naufragio cuando pise la costa, su rostro estará ausente o desconocido en los espejos. No se asuste, sus palabras de siempre serán otras, más bastas y es probable también que usted ya no sienta lo mismo y que tampoco esté allí. La luna ya juguetea en la copa de su vino, bébala como quien se bebe la noche y así empieza a aclarar.
El libro se encuentra a la venta en Utopía Libros y Cafe, Independencia 221.
