1820: ¿ERA EL MOMENTO DE DECLARAR LA AUTONOMIA? UN DEBATE OLVIDADO
¿Qué se celebra por estos días en nuestra provincia? Vamos a sintetizarlo: desde 1814 Santiago del Estero dependía de la Gobernación de Tucumán. En 1815 y 1816 hubo fallidos intentos autonomistas comandados por Juan Francisco Borges. Finalmente, el 27 de abril de 1820 se firmó el acta por el cual Santiago se declaró provincia autónoma. Celebramos en 2020 los doscientos años de aquel logro. No es mi intención contar el proceso histórico que culminó con nuestra separación de Tucumán. Quisiera referirme a otra cosa: al debate entre dos personajes de nuestra cultura acerca de sí ese fue el momento propicio - ¡o no! - para dar aquel paso. ¿Vos me estás diciendo -podría decir un lector que asuma el papel de Alejandro Fantino- que hubo quienes pensaron que la Autonomía de 1820 fue una decisión equivocada? Bueno, sí, algo así. Los dos personajes de quienes hablaremos brevemente son Andrés Figueroa y Bernardo Canal Feijóo. Figueroa y Canal Feijoo no pertenecieron a la misma generación: 30 años los separaban. Uno había nacido en 1867 cuando Mitre aún presidía los destinos del país, el otro en 1897, cuando José Evaristo Uriburu estaba al mando del ejecutivo. Uno es reconocido como historiador, el otro como ensayista y poeta. Sin embargo, tuvieron algunas preocupaciones en común: por ejemplo, el estudio de la historia de Santiago del Estero, provincia en la que ambos nacieron y vivieron. Si de reconocimientos públicos se trata, ambos lo obtuvieron. Andrés Figueroa ha sido llamado “un maestro de nuestra historia” por Luis Alen Lascano, en tanto que no sería exagerado decir que Canal Feijoo ha sido uno de los intelectuales santiagueños más lúcidos del siglo XX. En 1920, cuando se cumplía el centenario de la autonomía, Andrés Figueroa publicó La autonomía de Santiago y sus fundadores. En este libro, el autor ofrece una colección de biografías, entre ellas la de Ibarra y las de aquellos firmantes del acta de autonomía. La biografía del caudillo ocupa la mayor cantidad de páginas del texto y está destinada sin duda, a defenestrar su memoria. Ese libro es muy rico en documentos. Allí se encuentra transcripto el testamento de Ibarra y el Manifiesto del Cabildo unos días antes del 27 de abril. Para Figueroa, el caudillo era un salvaje de escasa instrucción, un hombre rudo formado en la lucha con el indio, un personaje cuya característica principal es la venganza. “El estigma que aplastará siempre la memoria de Ibarra, es de aquellos imborrables y por más que se revise su proceso; nadie dictará su absolución” dice un Figueroa convencido de que las lecturas del pasado no están sometidas a constantes mutaciones. El autor de La Autonomía…tiene una concepción clara sobre el sector de la población que dio su apoyo irrestricto al caudillo. Son “las masas incultas” de la campaña quienes lo llevaron al poder. Del otro lado se encontraba “la mayoría pensante” que se irritaba ante el proceder autoritario del tirano. Pero aquí viene la cuestión más interesante. Figueroa cree que esta “mayoría pensante” se equivocó, pues en Santiago del Estero sucedió lo que no debió haber sucedido jamás. Todo iba bien hasta la firma del acta de autonomía. Sin embargo, los mismos que firmaron el acta eligieron como gobernador provisorio a Ibarra y es ahí cuando toda se desmadra. Lean con atención: Así pagó este pueblo la falta inconsciente de anticipar un suceso tan importante, declarando su autonomía cuando no contaba con los medios ni los hombres capacitados para el gobierno (…). Frótese los ojos el lector, y vuelva a ese fragmento. Si, es así, en la visión de Figueroa, Ibarra constituye un accidente con el que se desvirtúa la autonomía. El paso que habían dado la junta de vecinos era loable, pero lo habían hecho fuera de tiempo: ¡no era aún el momento! Nuestra Autonomía fue una falta inconsciente ¿Se imaginan si alguien planteara esto hoy? Sería mucho peor que la referencia a la “angustia” de los próceres al separarse de España que supo mencionar un ex presidente. Justo en el Día de la Independencia. Vayamos ahora a la respuesta categórica -por no decir brutal- que recibiría Figueroa. En la década del 20 Canal Feijoo publica dos libros de poesía e impulsa, junto con otros intelectuales, la fundación del grupo cultural “La Brasa”. Figueroa muere en 1930 y cuatro años después, Canal publica Nivel de historia y otras proposiciones; aquí se incluye un ensayo titulado Historia en tres anécdotas. Las diferencias con Figueroa habrían de ponerse en evidencia. De acuerdo con la visión de Canal Feijoo, la historia local puede ser dividida en tres anécdotas: La anécdota Ibarra, la anécdota Taboada y la tercera anécdota, “en la cual se anulan las grandes eponimias”, es decir, los grandes nombres. El texto de Canal sobre la primera anécdota podría ser leído como una gran refutación a La autonomía… de Figueroa, pues no sólo critica las tesis defendidas por el historiador, sino que señala la falta de metodología de su trabajo y la “deplorable precipitación periodística” con que fue escrito. En un tono de ironía implacable, añade: “Es lástima, porque el autor, con mayor tiempo, hubiese sido capaz de hacer obra más importante”. La mayor sorpresa de Canal ante el texto de Figueroa es cuando este último sostiene que aún no era el momento de separarse de Tucumán, que Santiago no estaba preparado para dar ese histórico paso. “La verdad -se ofusca el ensayista- es que no se explica este arranque ni ebrio ni dormido. ¿De quién quería este historiador que continuara dependiendo el gobierno de Santiago?”. Si como dijimos, para Figueroa, Juan Felipe Ibarra era un infortunio con el que se había encontrado el proceso autonómico, para Canal, la autonomía y la figura del caudillo están unidas indisolublemente. Una no podría existir sin el otro. O para decirlo en palabras del ensayista: “La autonomía de Santiago se justifica en la anécdota Ibarra”. De modo que los 30 años de gobierno del caudillo no constituirían un período oscuro de la historia provincial. Al contrario, esos 30 años tuvieron un propósito: la defensa de la autonomía y de los límites provinciales. Decía Canal: “Ninguno es menos hijo (de la época) que ninguno, indudablemente; pero cada uno trae al mundo su coeficiente intrínseco de eficiencia temporal histórica, su capacidad de cumplir el signo del momento” De acuerdo con la visión del ensayista, es ahí donde Ibarra prevalece por encima de sus contemporáneos, por su capacidad de cumplir con el signo del momento. Así se daba ese intercambio de posiciones entre dos hombres clave de la historia de la cultura santiagueña. Uno que argumentaba sobre lo poco conveniente que fue declarar la autonomía. El otro que respondía acerca de lo insostenible de esa postura. Una interesante lección de cómo esta efeméride especial que tenemos en 2020 nos puede servir para conmemorar, pero también para pensar, debatir y argumentar sobre los sentidos de la Autonomía. Ya sabemos que, al fin y al cabo, la Historia es el terreno en donde batallan las interpretaciones.