CARTA A QUIEN NO HA DECIDIDO SU VOTO
Ese fino papel que
te espera apilado en el cuarto oscuro, no siempre es predecible, por más
meditado que esté puede dar un giro inesperado en el último segundo. Justo cuando
estás doblando los extremos para despacharlo en un sobre sin remitente, pero
con la patria como destinataria. Estás por cerrarlo, y te acuerdas de una
posdata que querías sumar, entonces, cambias de boleta. Puede ser. Es ahí. En
ese momento especial donde la soledad y el silencio es hondo en tu conciencia,
después de escuchar el chirrido de esa puerta que has abierto y cerrado en
alguna escuela del país, sumergido ahora en esa oscuridad clarividente. Decía Borges que “la duda es uno de los
nombres de la inteligencia”, y tienes unos últimos suspiros para sopesar
mentalmente propuestas, capacidad, formación, templanza, racionalidad,
conocimiento, experiencia. Me pregunto, si no hay algo que quizás se nos hizo
evidente a todos cuando escuchamos a los dos candidatos. ¿No tenemos un acuerdo
mayoritario cuando decimos: templanza, racionalidad, experiencia, equilibrio,
amor, familia, respeto? Creo que no es necesario siquiera decir a qué candidato
atribuimos esas cualidades. Es cierto que después ese mismo voto se puede cegar
de bronca, de enojo, de frustración, de hartazgo y es comprensible que así sea
y es también justo experimentarlo. Pero hay un consenso tácito entre nosotros,
y tampoco es obligación decirlo a viva voz.
¿Sabes qué? El voto
no representa la totalidad de tus sentimientos, pensamientos, ideologías,
convicciones religiosas, partidarias, historia. Por el contrario, debe
corresponder a la millonésima parte de lo que sos, pero ese pedazo de papel que
tienes ahora en tus manos ha cobrado una relevancia y un peso decisivo, justo
cuando la patria está cumpliendo cuarenta años de democracia.
El domingo, el voto
sí puede marcar un rumbo en la historia de nuestro país y traer consecuencias
claras. Cada candidato habló o se desdijo. Vimos el insulto, el desenfreno, lo
incomprensible, la agresividad, y sabemos dónde la vimos, es tan evidente que
no hace falta pronunciar nombres. Nos apremian las preguntas, ¿Sería atinado
votar a alguien con la expectativa de que no haga lo que dice que va hacer? Hay
quienes no solo piensan a favor de la venta de órganos o la venta de niños,
sino que lo dicen abiertamente por televisión. El nudo en la garganta se
enrosca, se retuerce, y parece asfixiarnos. El estómago duele y los nervios
parecen estar todos amarrados en esta espera.
Por respeto a la
memoria de los caídos en Malvinas, a favor de la educación y la salud pública,
gratuita y de calidad que hace cada vez más grande a este país. Para fortalecer
la soberanía económica, y nuestra moneda nacional. Para renovar el apoyo a las
pymes y la industria nacional, bregar por la protección de nuestros
jubilados. A favor de la memoria, la
verdad y la justicia por la que somos internacionalmente reconocidos. Sin lugar
para el odio y a favor de la democracia, el voto tiene un solo nombre.
Un fuerte abrazo.
P/D: Como dice la
canción “Soy lo que me enseño mi padre, el que no quiere a su patria no quiere
a su madre”.