CHACARERA DEL EXPEDIENTE

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Sábado, 29 de Agosto del 2020

CHACARERA DEL EXPEDIENTE

En la “Chacarera del Expediente” se repiquetea y cristaliza un pensamiento crítico sobre lo Jurídico, estas son las indiscutidas y pedagógicas posibilidades que el arte brinda para abordar con simplicidad pero contundencia objetos de estudio tan complejos. Esta chacarera puede ser  la introducción de cualquier clase académica de Derecho y Justicia por que propone  introducirnos en múltiples  dimensiones que requieren ser reflexionadas, desde lo micro a lo macro, desde la infraestructura a la superestructura. Cada estrofa de esta chacarera va desandando distintos elementos y cuestiones neurálgicas al momento de explicar críticamente la distancia entre lo que la Ley promueve formalmente y lo que realmente acontece en la realidad. Su valor simbólico y su valor real.   Todo un desafortunado proceso judicial es descripto en ritmo de chacarera: desde la detención del ladrón de gallinas, pasando por los apremios ilegales de un comisario ladino, la necesidad de un Doctor influyente para poder realizar la defensa del detenido; y el expediente que va engordando rápidamente.

Un pobre  cometiendo un delito menor,  (el conocido ladrón de gallinas), en palabras del autor buscando algo que comer.  La consiguiente eficacia y eficiencia con la que se pone en marcha la investigación policial decidiendo su detención es como termina la primera estrofa: “ni bien se haya una gallina que ya me lo meten preso”.

Luego, el comisario ladino que “oficia de diligente”. Reprime, presiona, pega, agrede, maltrata, tortura, viola todas las garantías constitucionales del debido proceso y defensa en juicio “hace confesar a palos al preso y a sus parientes”.

El Cuchi Leguizamon centra su mirada en el expediente, aquel “corpus” de la Justicia, aquel montículo de papeles y documentación pública que en pocas horas ya acumula unas cuantas fojas. El expediente no es de fácil lectura y los tecnicismos hacen gala de esto, difícilmente el detenido pueda entender bien de que se le acusa. Desde el título que vendrían a ser “los autos”, el encuadramiento legal, se las arregla para dificultar y correlativamente habilitar la acuciante presencia de quien detenta el “monopolio del discurso jurídico” en este caso el abogado, tampoco ha de ser cualquiera sino “un doctor influyente”, alguno que salga en los diarios o la tele,  asociado al poder político, o al poder económico. O en el mejor de los casos alguno directamente asociado con el comisario aunque sea en lo estrictamente profesional del tráfico de influencias. Esta muchas veces es la garantía máxima de que la investigación prospere en un sentido u otro. Según el lugar donde se haya producido el hecho delictivo será más decidida la influencia de uno u otro.

Con ironía alude en el primer estribillo a la cama que tiene que vender una tía del detenido para poder costear los suntuosos honorarios del abogado. Todo se suma a la lentitud de la Justicia y la falta de escucha al imputado.  La metáfora es clarita: al salir tampoco hay descanso, nadie que sale de estar privado de su libertad puede dormirse fácilmente,  hay una degradación de la persona incalculable.

“Al pobre a los cuatro meses lo citan para interrogarlo”, la incertidumbre transcurrida, instalada en el sujeto no importa y además “como es pobre y tartamudo, ninguno quiere escucharlo”…pertenece aquel sector de “Los nadies” diría Galeano, de los ninguneados que no hablan idiomas sino dialectos” quien interroga no está dispuesto advertir el contexto o la realidad de quien se interroga y el encuentro acontece en esa confusión, en esa distancia. La prisión preventiva es la condena anticipada “por las dudas”. “Se la dictan al infortunado que ya lleva un año preso y hasta de Dios olvidado”. La privación en estos términos sin ninguna certidumbre respecto de lo que va pasar, es probablemente uno de los martirios más duro, porque vive suspendido en la espera. Al respecto es alarmante ver la cantidad de detenidos que aún esperan su elevación a juicio.

Sobre el último mudanzeo y zapateo concluye el autor algunas consideraciones: denuncia una connivencia que le da pavor y reniega “Amalaya la justicia, viditai los abogados” la retroalimentación de todo un enmarañado sistema aborrecible “cuando la ley nace sorda, no la compone ni el diablo” arremete enojado. Una Ley que no escucha  y no contempla la realidad de los más vulnerables, más que un derecho es una herramienta de opresión cierta porque establece un deber ser que nada tiene que ver con la realidad de que acarrea el excluido, quien ya camina por la ciudad con una desventaja, con una estigma infranqueable.

Como corolario de este gran “paper chacarereao” el Cuchi Leguizamon dice “estas son cosas del pueblo, de los que no tienen nada, esos que amasan millones tienen la casa rosada” y es que los millonarios  son  el poder fáctico, ese que no se vota sino que se impone, que no consulta sino que aprieta.  Leguizamon sugiere son esos quienes tienen la casa rosada como una propiedad más en su patrimonio, sujeta al uso y goce de los mismos. La imposición de los poderes económicos sobre la democracia. ¡Se va la primera!

                   SEBASTIAN BARRIONEUVO SAPUNAR

 

Acompañar la lectura del texto escuchando “chacarera del expediente” versión de Raul Carnota, disco “Fin de Siglo”


Cuchi Leguizamon, musico y compositor, abogado salteño.



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