CHACARERA DEL EXPEDIENTE
En la “Chacarera del Expediente” se repiquetea y
cristaliza un pensamiento crítico sobre lo Jurídico, estas son las indiscutidas
y pedagógicas posibilidades que el arte brinda para abordar con simplicidad
pero contundencia objetos de estudio tan complejos. Esta chacarera puede
ser la introducción de cualquier clase
académica de Derecho y Justicia por que propone
introducirnos en múltiples dimensiones que requieren ser reflexionadas,
desde lo micro a lo macro, desde la infraestructura a la superestructura. Cada
estrofa de esta chacarera va desandando distintos elementos y cuestiones
neurálgicas al momento de explicar críticamente la distancia entre lo que la
Ley promueve formalmente y lo que realmente acontece en la realidad. Su valor
simbólico y su valor real. Todo un desafortunado proceso judicial es
descripto en ritmo de chacarera: desde la detención del ladrón de gallinas,
pasando por los apremios ilegales de un comisario ladino, la necesidad de
un Doctor
influyente para poder realizar la defensa del detenido; y el expediente
que va engordando rápidamente.
Un pobre cometiendo un delito
menor, (el conocido ladrón de gallinas),
en palabras del autor buscando algo que comer. La consiguiente eficacia y eficiencia con la
que se pone en marcha la investigación policial decidiendo su detención es como
termina la primera estrofa: “ni bien se haya una gallina que ya me lo
meten preso”.
Luego, el comisario ladino que “oficia de diligente”.
Reprime, presiona, pega, agrede, maltrata, tortura, viola todas las garantías
constitucionales del debido proceso y defensa en juicio “hace confesar a palos al preso y
a sus parientes”.
El Cuchi Leguizamon centra su mirada en el expediente,
aquel “corpus” de la Justicia, aquel montículo de papeles y documentación
pública que en pocas horas ya acumula unas cuantas fojas. El expediente no es
de fácil lectura y los tecnicismos hacen gala de esto, difícilmente el detenido
pueda entender bien de que se le acusa. Desde el título que vendrían a ser “los
autos”, el encuadramiento legal, se las arregla para dificultar y
correlativamente habilitar la acuciante presencia de quien detenta el “monopolio
del discurso jurídico” en este caso el abogado, tampoco ha de ser cualquiera
sino “un doctor influyente”, alguno que salga en los diarios o la
tele, asociado al poder político, o al
poder económico. O en el mejor de los casos alguno directamente asociado con el
comisario aunque sea en lo estrictamente profesional del tráfico de
influencias. Esta muchas veces es la garantía máxima de que la investigación
prospere en un sentido u otro. Según el lugar donde se haya producido el hecho
delictivo será más decidida la influencia de uno u otro.
Con ironía alude en el primer estribillo a la cama que
tiene que vender una tía del detenido para poder costear los suntuosos
honorarios del abogado. Todo se suma a la lentitud de la Justicia y la falta de
escucha al imputado. La metáfora es
clarita: al salir tampoco hay descanso, nadie que sale de estar privado de su
libertad puede dormirse fácilmente, hay
una degradación de la persona incalculable.
“Al pobre a los cuatro meses lo citan para interrogarlo”, la
incertidumbre transcurrida, instalada en el sujeto no importa y además “como
es pobre y tartamudo, ninguno quiere escucharlo”…pertenece aquel sector
de “Los nadies” diría Galeano, de los ninguneados que no hablan idiomas sino
dialectos” quien interroga no está dispuesto advertir el contexto o la realidad
de quien se interroga y el encuentro acontece en esa confusión, en esa distancia.
La prisión preventiva es la condena anticipada “por las dudas”. “Se la
dictan al infortunado que ya lleva un año preso y hasta de Dios olvidado”.
La privación en estos términos sin ninguna certidumbre respecto de lo que va
pasar, es probablemente uno de los martirios más duro, porque vive suspendido
en la espera. Al respecto es alarmante ver la cantidad de detenidos que aún
esperan su elevación a juicio.
Sobre el último mudanzeo y zapateo concluye el autor
algunas consideraciones: denuncia una connivencia que le da pavor y reniega “Amalaya
la justicia, viditai los abogados” la retroalimentación de todo un
enmarañado sistema aborrecible “cuando la ley nace sorda, no la compone ni el
diablo” arremete enojado. Una Ley que no escucha y no contempla la realidad de los más
vulnerables, más que un derecho es una herramienta de opresión cierta porque
establece un deber ser que nada tiene que ver con la realidad de que acarrea el
excluido, quien ya camina por la ciudad con una desventaja, con una estigma infranqueable.
Como corolario de este gran “paper chacarereao” el
Cuchi Leguizamon dice “estas son cosas del pueblo, de los que no tienen nada,
esos que amasan millones tienen la casa rosada” y es que los millonarios son el
poder fáctico, ese que no se vota sino que se impone, que no consulta sino que
aprieta. Leguizamon sugiere son esos
quienes tienen la casa rosada como una propiedad más en su patrimonio,
sujeta al uso y goce de los mismos. La imposición de los poderes económicos
sobre la democracia. ¡Se va la primera!

Cuchi Leguizamon, musico y compositor, abogado salteño.