¿Cómo no querer volver a casa?
Mes
de julio en Santiago del Estero, ¿Cómo no querer volver a casa? con todas las cosas lindas que se
encienden en el festejo. Agradecido a la revista Mundar, por la invitación para participar compartiendo la palabra en este nuevo aniversario de la fundación de la ciudad.
Hace
8 años que agarre mi mochila y decidí viajar, no sabia con que me iba a
encontrar ni que me esperaba, pero sabia que me llevaba todo de Santiago.
Un
santiagueño no se aleja jamás de su tierra, llevamos siempre con nosotros hábitos, costumbres, tradiciones, ¡y sobre todo el espíritu vivo! acarreamos
música en nuestro acento y poesía las palabras.
¿Me
preguntas que extraño? y la verdad se extraña muchas cosas, no te voy a
decir que todo porque te mentiría, pero lejos de Santiago uno se da
cuenta lo hermoso y místico que es todo en nuestra provincia. Extraño
mucho la familia, el tacto, el olor de la casa, el abrazo, el beso, la mesa
lugar de encuentro con la familia, los amigos. Extraño a mis abuelos, las
travesuras y el arrepentimiento ante su amor verdadero, su presencia fue
siempre mi manual, mi “mata burro”, el permiso para todo, y la enseñanza
permanente,
Ardua
tarea la de pensar cómo explicar la experiencia del vivir lejos del pago, el
emigrar, o el desarraigo para la nostalgia, muchas veces intente explicar que
es Santiago del estero y no puedo, se me inunda el pecho de repiques y hasta
puedo tartamudear al querer explicarlo, al quien quiera descubrirlo le
propongo que vaya, y observe, lo que cuentan las coplas que lo celebran,
hay dos ríos grande que no hay dique que los frene, hay un monte lleno de
leyenda, hay un sol abrazador, que no mata, pero si lastima, hay cerrillos, hay
música por todos los barrio, hay poetas, luthieres, músicos en todos los
rincones, hay duendes, hay pájaros que son leyenda, tenemos nuestros ídolos
vivos, tenemos escritores, tenemos deportista desparramados por el mundo, para
no hacer el cuento tan largo: es la madre de ciudades. Bello pago el de Santiago
del estero, un lugar a que siempre se vuelve, en una chacarera, en un mate o en
una llamada con algún amigo.
Recuerdo
que una profesora me dijo una vez, “si quieres conocer las costumbres y la
cultura de un lugar anda a desayunar y comer a su mercado, escucha sus
conversaciones, su música, ole sus comidas, ahí vas a entender todo lo
típico de un lugar”. Eso hice desde entonces, en cada uno de mis regresos a Santiago del Estero, visitarlo, caminarlo regresando una y otra vez al mercado e impregnándome de los colores, olores y sabores. En mi última visita
hace dos años lo visite casi todo los días, por la Absalón rojas, ida y vueltas
hasta la peatonal Tucumán de mañana y tarde, lleve a mis sobrinos a comer al
mercado, como cuando era niño y mi abuelo me llevaba.
Hay
días que me pregunto ¿Qué hace uno lejos del pago si allá esta todo lo que uno
ama y extraña? Quizás sea la búsqueda incierta e inquietante de la vida, esta
energía irrefrenable que me convoca a explorar con avidez el globo terráqueo
donde nos toca vivir.
Soy un convencido de que un Santiagueño en el exterior contagia el amor a la tierra, a la cultura, a la música y a la poesía. Somos la tradición, somos la aventura caminando, somos los que "hablamos raro", lo que conjugamos diferente los verbos y por eso también solucionamos de otra manera los desafíos, somos eternos.
Somos santiagueños y muy
dichosos, somos agradecidos y revolucionarios.
