COMO PEONES GOLONDRINA

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Martes, 20 de Abril del 2021

COMO PEONES GOLONDRINA

Me invitaron a escribir sobre el teatro en/de Santiago del Estero con esas libertades  que asustan y crean abismos en los pensamientos, esos donde es muy difícil no  dejarse tentar por el abandono. 

Debo confesar que siempre me sentí de paso en el teatro en esta provincia, más bien  soy de aquelles a quienes nos tocó la suerte o la desgracia de andar recolectando lo  que se podía por cualquier lado.  

Cronológicamente soy un estudiante devenido en actor y nombrado director, lo  cierto es que en las escasas posibilidades artísticas formales que tenía esta provincia  para regalarme me transformó en Profesor de teatro. Sabemos quiénes nos  encontramos en la frontera entre el amor y el diario vivir, que la docencia y el arte  teatral navegan por universos diferentes, y que en nuestro territorio provincial ambas  posibilidades formales se reducen a un profesorado que vive en una eterna agonía.  

No es lo mismo ser un docente que abraza al arte a ser un artista que no tuvo opción  y abrazó la docencia. Yo vendría a ser de estos últimos y agradezco la generosidad de  la docencia que siempre recibe a todos de buena gana para meterlos en la  complejidad de sus muros siempre abiertos, roídos y en mal estado; como un golpe  de realidad que a les artistas nos invita y casi obliga a repensar el mundo e -siempre  fieles a nuestro ideal- intentar mejorarlo.  

Creo necesario hacer este pequeño recorrido porque llegar a la docencia, en mi caso  ejercida en el interior de la provincia, me imposibilita desarrollar con mayor  frecuencia la actividad escénica, la investigación y la creación; esta última una de las  cosas en la que me siento como pez en el agua, de esas en la que me sambuyo y soy  feliz. 

Sin embargo a pesar de esto, coordino un grupo teatral en Santiago del Estero (Grupo  Ser), integro un grupo de Gestión y Producción Artística en Jujuy (Movimiento  Nuevas Tendencias), curso la Licenciatura en Arte en la UNSAM y con algunes  compañeres creamos espacios de diálogo sobre lo que nos convoca, EL TEATRO.  Generalmente creamos espacios de diálogo con aquelles que como yo fuimos  recolectando experiencias artísticas en cada taller, curso, beca, oportunidad que  teníamos (ocacionalmente) en nuestra provincia y (siempre) fuera de ella; lo que nos  llevó a formarnos con miradas diversas, escuetas, y nos obligó a construir una  identidad a partir de esos fragmentos formativos. 

Quizá por una cuestión histórica el teatro, como la sociedad misma, se hundió  paradógicamente en el silencio, olvidando la problematización constante social y  humana que requiere nuestro hacer. Muchas veces en búsqueda de un público los  hacedores teatrales abordan estéticas destinadas al esparcimiento o  entretenimiento en detrimento de la calidad de la producción o la libertad de  investigar sin condicionamientos.

Les teatristas en nuestra provincia tenemos aún mucho camino por recorrer para que  nuestro hacer tenga el estatus que debería tener. La falta de espacios de formación,  la carencia de oportunidades laborales, la ausencia de una ley provincial de teatro y  de un elenco estable, así como las escasas políticas públicas ponen a les hacedores  culturales en un lugar de vulnerabilidad constante que le lleva a abandonar su hacer  e ingresar en espacios laborales que le permitan su diario vivir. 

Siento que el teatro en Santiago está atravesado por el mismo paisaje de sus montes, opacos y amarronados. Es necesario que volvamos a instalar la discusión sobre  nuestra práxis, valiéndonos de nuestro reservoreo de experiencias en pos de  producir una innovación en el pensar de nuestro hacer, volver a encontrarnos con  nuestra emocionalidad creativa, con nuestros deseos, nuestras grupalidades,  nuestros anhelos para insistir en jugar la escena y crear nuevos escenarios  investigativos que refuercen nuestro oficio y sean respetuosos de nuestros rasgos  identitarios. Es imperioso volver a cuestionarnos sobre lo que estamos comunicando  con nuestros haceres, entendiendo al teatro como instrumento comunicativo por  excelencia, pero también ¿Qué nos estamos comunicando a nosotres mismes? Quizá  sea necesaria una profunda instrospección que renueve nuestro compromiso con la  actividad para producir voces auténticas.  

Entendiendo al teatro como un saber que se hace cuerpo y en el cuerpo, en donde se  manifiesta la hibridez de nuestra cultura latinoamericana; creo que es necesario  expandir las geografías para poder contemplar la totalidad somos, pero  reconociendo las contradicciones de las que estamos hechos. Apuesto al diálogo  como forma de transmisión de experiencias, porque nuestro hacer como todo  proceso de aprendizaje siempre es mejor si es grupal y colaborativo. 

Ansío que en algún momento les hacedores de teatro, tengamos la oportunidad de  elegir si migrar o no, y que no sea una obligación ante la falta de oportunidades  formativas y experienciales. 

Me veo a veces, como un peón golondrina, como los padres de les estudiantes con  quienes comparto vida, pero en lugar de viajar a juntar limones o recolectar papa, me  toca viajar a recolectar información y experiencias que luego traigo aquí nuevamente  y comparto con les “míos” LES TEATRISTAS.  

Siento que el reconocernos manchados es el primer escalón para subir, para  repensarnos, para construirnos con las fuerzas necesarias, para exigir los lugares que  nos pertenecen, construir puentes hacia un mejor teatro y entregar a les  espectadores nuestro hacer, nuestra sabiduría, nuestra experiencia, nuestra  identidad. Porque seguimos de alguna forma creyendo en el encuentro como  vehículo para un mundo más igualitario y justo. 





Sergio Chazarreta 

Estudiante, Actor, Director 

Profesor de Teatro




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