COMO PEONES GOLONDRINA
Me invitaron a escribir sobre el teatro en/de Santiago del Estero con esas libertades que asustan y crean abismos en los pensamientos, esos donde es muy difícil no dejarse tentar por el abandono. Debo confesar que siempre me sentí de paso en el teatro en esta provincia, más bien soy de aquelles a quienes nos tocó la suerte o la desgracia de andar recolectando lo que se podía por cualquier lado. Cronológicamente soy un estudiante devenido en actor y nombrado director, lo cierto es que en las escasas posibilidades artísticas formales que tenía esta provincia para regalarme me transformó en Profesor de teatro. Sabemos quiénes nos encontramos en la frontera entre el amor y el diario vivir, que la docencia y el arte teatral navegan por universos diferentes, y que en nuestro territorio provincial ambas posibilidades formales se reducen a un profesorado que vive en una eterna agonía. No es lo mismo ser un docente que abraza al arte a ser un artista que no tuvo opción y abrazó la docencia. Yo vendría a ser de estos últimos y agradezco la generosidad de la docencia que siempre recibe a todos de buena gana para meterlos en la complejidad de sus muros siempre abiertos, roídos y en mal estado; como un golpe de realidad que a les artistas nos invita y casi obliga a repensar el mundo e -siempre fieles a nuestro ideal- intentar mejorarlo. Creo necesario hacer este pequeño recorrido porque llegar a la docencia, en mi caso ejercida en el interior de la provincia, me imposibilita desarrollar con mayor frecuencia la actividad escénica, la investigación y la creación; esta última una de las cosas en la que me siento como pez en el agua, de esas en la que me sambuyo y soy feliz. Sin embargo a pesar de esto, coordino un grupo teatral en Santiago del Estero (Grupo Ser), integro un grupo de Gestión y Producción Artística en Jujuy (Movimiento Nuevas Tendencias), curso la Licenciatura en Arte en la UNSAM y con algunes compañeres creamos espacios de diálogo sobre lo que nos convoca, EL TEATRO. Generalmente creamos espacios de diálogo con aquelles que como yo fuimos recolectando experiencias artísticas en cada taller, curso, beca, oportunidad que teníamos (ocacionalmente) en nuestra provincia y (siempre) fuera de ella; lo que nos llevó a formarnos con miradas diversas, escuetas, y nos obligó a construir una identidad a partir de esos fragmentos formativos. Quizá por una cuestión histórica el teatro, como la sociedad misma, se hundió paradógicamente en el silencio, olvidando la problematización constante social y humana que requiere nuestro hacer. Muchas veces en búsqueda de un público los hacedores teatrales abordan estéticas destinadas al esparcimiento o entretenimiento en detrimento de la calidad de la producción o la libertad de investigar sin condicionamientos. Les teatristas en nuestra provincia tenemos aún mucho camino por recorrer para que nuestro hacer tenga el estatus que debería tener. La falta de espacios de formación, la carencia de oportunidades laborales, la ausencia de una ley provincial de teatro y de un elenco estable, así como las escasas políticas públicas ponen a les hacedores culturales en un lugar de vulnerabilidad constante que le lleva a abandonar su hacer e ingresar en espacios laborales que le permitan su diario vivir. Siento que el teatro en Santiago está atravesado por el mismo paisaje de sus montes, opacos y amarronados. Es necesario que volvamos a instalar la discusión sobre nuestra práxis, valiéndonos de nuestro reservoreo de experiencias en pos de producir una innovación en el pensar de nuestro hacer, volver a encontrarnos con nuestra emocionalidad creativa, con nuestros deseos, nuestras grupalidades, nuestros anhelos para insistir en jugar la escena y crear nuevos escenarios investigativos que refuercen nuestro oficio y sean respetuosos de nuestros rasgos identitarios. Es imperioso volver a cuestionarnos sobre lo que estamos comunicando con nuestros haceres, entendiendo al teatro como instrumento comunicativo por excelencia, pero también ¿Qué nos estamos comunicando a nosotres mismes? Quizá sea necesaria una profunda instrospección que renueve nuestro compromiso con la actividad para producir voces auténticas. Entendiendo al teatro como un saber que se hace cuerpo y en el cuerpo, en donde se manifiesta la hibridez de nuestra cultura latinoamericana; creo que es necesario expandir las geografías para poder contemplar la totalidad somos, pero reconociendo las contradicciones de las que estamos hechos. Apuesto al diálogo como forma de transmisión de experiencias, porque nuestro hacer como todo proceso de aprendizaje siempre es mejor si es grupal y colaborativo. Ansío que en algún momento les hacedores de teatro, tengamos la oportunidad de elegir si migrar o no, y que no sea una obligación ante la falta de oportunidades formativas y experienciales. Me veo a veces, como un peón golondrina, como los padres de les estudiantes con quienes comparto vida, pero en lugar de viajar a juntar limones o recolectar papa, me toca viajar a recolectar información y experiencias que luego traigo aquí nuevamente y comparto con les “míos” LES TEATRISTAS. Siento que el reconocernos manchados es el primer escalón para subir, para repensarnos, para construirnos con las fuerzas necesarias, para exigir los lugares que nos pertenecen, construir puentes hacia un mejor teatro y entregar a les espectadores nuestro hacer, nuestra sabiduría, nuestra experiencia, nuestra identidad. Porque seguimos de alguna forma creyendo en el encuentro como vehículo para un mundo más igualitario y justo. Sergio Chazarreta Estudiante, Actor, Director Profesor de Teatro