COMPAÑERES DE PISTA

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Domingo, 16 de Agosto del 2020

COMPAÑERES DE PISTA

Los rayos del sol entran por mi ventana en un sábado de cuarentena. Mañana se celebra el día de las infancias. Y mientras busco fotos de mis sobrinos para el collage anual, viene a mí una historia que deseo de compartir.

Es la historia de Chiara y David, hija y padre.

David se había empeñado en inculcar en sus hijes el amor por los deportes; ese lugar del que tanto había aprendido él sobre compañerismo y perseverancia. Chiara, una de sus hijes, había transitado por varios ya. Pero cuando ella, le dijo a su papá que quería patinar en roller, ninguno hubiera imaginado el camino que juntes iban a recorrer. Los patines les fueron llevando, primero, por una pequeña escuela de roller en el predio de Changolandia (ese polvaredal mágico donde muches hemos jugado). Ahí Chiara se encontró con otres niñes que ansiaban patinar como ella. Luego de un tiempo la familia se trasladó hasta Catamarca para la primera carrera, pero se encontraron con dos obstáculos; uno, que para poder correr ella debía pertenecer a un club, grupo o federación provincial, y en Santiago del Estero no había nada de eso. Esto llevó a David a mover cielo y tierra para que la provincia tuviera su espacio, encontrándose con otras y otros que anhelaban lo mismo; llegaron a formar parte de la federación provincial de patín, a formar una escuela de roller que ya es un hecho aunque la pandemia hizo que se frenara su creación formal. Mientras tanto Chiara había podido participar en carreras como parte de un grupo de Córdoba. Cielo y tierra movidos por este padre para que su hija y otres como ella, pudieran cumplir sus anhelos.

Pero en Catamarca ambos habían advertido algo más, sobre lo que ella había guardado silencio, pero que él no podía ni quería pasar por alto. Sus patines, esos con los que había empezado a soñar, no eran suficientes para correr en pista. Llegaron a Santiago y David decide vender su bicicleta de carrera para comprar los patines. Aunque ella le pedía que no lo hiciera porque su padre amaba su bicicleta tanto como ella sus patines, David entendió lo que este deseo significaba para Chiara y que este era su momento.

Y así andando contra viento, David seguía adelante sacando esas piedritas que se presentaban mientas Chiara y sus compañeres patinaban.

Y pensar que todo ha empezado por un padre y una hija que mirándose a los ojos, entendieron que ese vínculo, ese maravilloso vínculo consistía no sólo en mostrar el cielo, y como volar, sino de acompañar el vuelo. El juego se transformó en deseo, el deseo en construcción colectiva, la construcción en vuelo. Y todo envuelto en una mágica utopía.

Ser testigo de esto me hace volver a mi infancia y recordar todas esas caminatas y paseos en bicicleta, esas salidas tempraneras, esos gestos amorosos, ese andar con convicción, donde mi padre y madre me mostraban el mundo, ese que estaba más allá de mi cotidianidad, con un camino y un cielo donde el jugar y el volar significan ese encuentro compañero entre niñes y padres.

David, Chiara, habían entendido esto, y me lo enseñaron a mí. 


       SILVINA ROBATO

Fotografias: Alejandro Taborda






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