ANSELMO Y LA CONVERSACION

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Viernes, 10 de Septiembre del 2021

ANSELMO Y LA CONVERSACION

Anselmo Vezzosi era también un arquitecto de la conversación. Una pregunta podía ser una ventana, y las respuestas venecitas que iban encastrando colores y  formas. En el dialogo sabia trazar lo oblicuo de sus obras. Cuando conducía su camioneta por la ciudad, edificaba recorridos inesperados en el aire, conectaba temáticas y problemáticas que en un principio parecían que nada tenían que ver. Justamente la integración de los ambientes que plasmo en las construcciones que diseño, era también su manera de concebir una reflexión arborescente que se iba expandiendo. Mientras escribo estas líneas, resuenan en mí, algunos de los planteos sobre los que sabía merodear …"el punto más alto de la ciudad fue la referencia para trazar la originalmente la avenida Belgrano"/ “el momento más glorioso de la avenida fue cuando había acequia, los árboles, el agua, los bares, los puentecitos, configuraban otro ambiente, otra ciudad” / “en Tókio para las olimpiadas están descubriendo las acequias como un signo de evolución, eso se debería hacer aquí, año a año descubrir un tramo”/ “el problema es la falta de planificación del crecimiento de la ciudad”, “el otro problema es la falta de imaginación en una arquitectura que se torna geometrizante, ortogonal y costosa”… Era así entrabamos por una puerta al diálogo y salíamos maravillados por una ventana que contemplaba el río. 
Anselmo fue un colaborador generoso de Mundar y un lector de crítica amorosa e implacable. Recuerdo que después de compartir un almuerzo en el bar de la “Buri Buri” en Utopía, le propuse enviarle un listado de preguntas para hacerle una entrevista, pensaba yo que transcurrido un tiempo prudencial, me iba encontrar con las respuestas. Nada más alejado de la realidad andaba yo con mi manojo de preguntas. Vezzosi nos convocó la mañana de un sábado a su casa, y allí fuimos con mi hermano Francisco, Anselmo había convocado distinguidos interlocutores a su mesa  Hugo Argañaraz y Roberto Eberle. En las alturas de su hogar, amparados por el techo redondo de su casa, propuso un diálogo abierto en torno a la obra de su amigo y colega Tutti Delgado, allí  comenzó a circular el intercambio azaroso del recuerdo y el debate. El propósito primero fue compartir la palabra, sin decírmelo me indico, como debía hacerse los cimientos de una entrevista en profundidad. Allí advertí que el trabajo que me proponía iba a requerir otro tiempo, otro compromiso y que tampoco iba a salir ileso de su realización.
Luego compartimos mañanas en la “Mishky Huasi”  tomando el mate cocido con poleo que preparaba en un jarrito, otra vez fue un asado con Félix, Pablo y Fran, luego de vuelta en su casa y en la de Tutti explicando la obra escultórica de su amigo, así se fueron escribiendo los textos primero sobre su querido amigo y colega de estudio, y en él mientras tanto sin decirle nada, yo iba pergeñando paralelamente un texto sobre él. 
Todo lo que se produjo para la revista tuvo en primer lugar su devolución y corrección. Fue siempre un placer y un desafío escucharlo. Extrañaremos su entusiasmo, su fina precisión para decir y hacer.  Un santafecino que conforme su terruño siguió siempre el curso del agua. Un buen tipo. Un sabio. Un cultor del amor que se vino a esta ciudad enamorado de una santiagueña y que encendió su amor por este pago en “Tuscayoj”.. Un artista que seguirá con nosotros habitando las casas y edificios donde dejó su  toque, su energía, su concepto y carácter, seguirá en su familia y amigos, en los alumnos que marco para siempre, en las obras de arte que pergeño con su imaginación.
Andando un día me dijo "La escritura se apropió de la poesía pero la poesías está en todas las artes", Anselmo hacía poesía con la arquitectura.
Algún día echaremos andar de nuevo el río por la acequia de la Belgrano, y crecerán los árboles y saldremos andar en bicicleta bajo la sombra tupida de su memoria.



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