CUAN PASADO ES EL PASADO

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Martes, 15 de Septiembre del 2020

CUAN PASADO ES EL PASADO

"MIENTRAS DEVANO LA MEMORIA

 FORMA UN OVILLO LA NOSTALGIA

SI LA NOSTALGIA DESOVILLO

SE IRÁ OVILLANDO LA ESPERANZA

SIEMPRE ES EL MISMO HILO… "

(MARIO BENEDETTI)

Un nuevo 16 de septiembre nos invita a repensar nuestro “pasado reciente”, desde un presente complejo, este año atravesado por enormes dificultades y dolores, propios de un escenario global de pandemia y con las tremendas desigualdades que se fueron profundizando durante los últimos años de un gobierno nacional neoliberal.

¿Por qué la potencia simbólica de esta fecha? ¿Quiénes fueron esas víctimas? ¿Cómo se fue construyendo el relato de ese hecho? ¿Con qué o quienes enlaza, en el presente?

Las efemérides se nos presentan siempre como un vehículo de transmisión de nuestra historia, no solo por el imperativo ético de aquel “deber de memoria” que emerge de la sobrevivencia del horror, ni como un sostenido trabajo de resistencia contra el olvido y el silencio, sino, fundamentalmente, para resignificar ese pasado que aún nos pasa y que no ofrece garantías de no repetición, en tanto no logremos reflexionar acerca de cómo fue posible tamaña tragedia.

Desde el comienzo de la transición democrática, múltiples relatos del horror circularon en el espacio público y en el privado. Algunos se olvidaron, otros se cristalizaron, otros han sido contados muchas veces y de variadas maneras. Seguramente, muchos siguen hoy siendo desconocidos y así permanecerán, porque no encontraron el espacio ni el modo de romper ese silencio que los genocidas impusieron a las víctimas.

La Noche de los lápices, en cambio, fue uno de los episodios de represión más emblemáticos de la última dictadura cívico-militar, que fue tomando envergadura a partir del testimonio de Pablo Diaz en el Juicio a las Juntas, y, transformado en libro y luego en película, trata del padecimiento de adolescentes, estudiantes secundarixs en aquel momento, que fueron sometidxs a secuestro, tortura y desaparición.

No fueron lxs únicxs adolescentes que en nuestro país sufrieron estas atrocidades. En nuestra provincia conocimos numeroso casos. Sin embargo, lo ocurrido en La Plata tuvo tal impacto en la memoria colectiva, que dio lugar a que la fecha se instituyera en el calendario escolar y social.

Nos dice Sandra Raggio en su tesis de maestría dedicada a este tema, que para analizar estos fenómenos hay que “tener en cuenta tres dimensiones: las condiciones que ofrecen las distintas épocas para la producción, circulación y recepción de determinados relatos, la cuestión de los agentes enunciadores y los usos del pasado en las disputas políticas en la que los agentes participan. Una cuarta dimensión, en general poco explorada en los estudios de la memoria social o colectiva, tiene que ver con analizar la disposición –y preferencia– social a determinados relatos de los hechos, en detrimento de otros, así como la perdurabilidad en el tiempo de tales disposiciones y preferencias más allá de la época en la que fueron producidos”. Es en esta última dimensión en la que desearíamos detenernos con una serie de interrogantes que nos surgen en este presente tan distante en el tiempo, en la realidad política y social, en lo cultural e institucional: ¿Por qué han sido elegidos estos hechos para ser narrados, entre los miles de casos que produjo el terrorismo de Estado? ¿Por qué la Noche de los Lápices sigue siendo seleccionada como un acontecimiento emblemático del pasado reciente?

Lxs protagonistas son estudiantes secundarixs adolescentes ¿será esa la razón por la que se generan una rápida empatía? Según el relato, su lucha era por el boleto estudiantil. ¿Es la lucha reivindicativa más comprensible y genera menos controversias que si se presentara a esas víctimas como militantes por la “patria socialista” o la “revolución”?

Se logró instalar, en el sentido común, que militar por un mundo de iguales era subversivo en su acepción más conservadora: alterar el orden. ¿Quiénes son hoy consideradxs subversivxs, o que alteran el orden hegemónico?

En un momento histórico en el que el “por algo será” justificaba el accionar represivo, y circulaba en alguna porción de la sociedad que “solo se los llevan a los que andan en algo”, trasladar la responsabilidad del padecimiento a la conducta de las víctimas, pareciera que fue erosionando los lazos sociales y desdibujando las atrocidades, porque habrían sido “merecidas”.

¿Cuánto de todo aquello persiste en nuestras miradas? Estamos convencidas de que uno de los legados más traumáticos que nos dejó el terrorismo de estado es el temor a involucrarnos en proyectos colectivos y, las transformaciones que ocurrieron a fines del siglo pasado tienden a hacernos creer que el capitalismo salvaje y la profunda desigualdad son el único mundo posible.

¿Nos empujará ese pasado a sentir que el otro, la otra, sobre todo diferente, es nuestro compañerx y hermanx? Recordar aquellos años repletos de dolores, pero también de luchas y resistencia solo sirve en tanto podamos mirar las injusticias y hacer posible lo imposible….

María Cecilia Melian – María Susana Habra





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