DE FRIAS A THÜNSDORF
Piero se fue a vivir a Thünsdorf hace 17 años. De Argentina hacia
Alemania. De la ciudad de la amistad a una ciudad de un frío menos amistoso. De
la ciudad del ferrocarril y la Pocha Ramos a una antigua ciudad romana donde
nació Karl Marx.
Viajo en el año 2004 por primera vez,
y en el 2005 regreso. Repensó su vida en Córdoba, intento estudiar en la
universidad, tomo aire, “de lejos dicen que se ve más claro”[1] y a fin del mismo
año se volvió a ir. Hace casi dos décadas que partió de su ciudad natal. HA
vivido la misma cantidad de años en ambos lugares.
Recuerda que el primer choque fue la
barrera del idioma. No solo las palabras, sino el desafío de aprender la tosca
sonoridad del alemán, esos fraseos secos que van cortando el aire, en contraposición
con la melodiosa tonada friense. Ese canto singular donde
confluye calurosamente la región de Santiago y Catamarca, cerros y
llanuras, valles y salinas.
Para un recién llegado hay mucho que
aprender. Primero la combinación de los símbolos elementales, luego la variedad
necesaria de palabras y sentidos para ensayar alguna broma o un chiste, para
comprobar de que no se ríen los alemanes o para contar lo que se siente, lo que
se experimenta, aquello más difuso. Podía decir expeditivamente “estoy triste”,
“estoy contento”, “estoy aburrido”. Pero hay otro grado de detalle que necesita
a veces el hombre para poder sacarse algunos pesos de encima. Hablo de lo
contradictorio que le sucede a cualquier ser humano y que muchas veces el
lenguaje ayuda a soportar cuando se lo pronuncia y comparte. Allí es cuando el
inmigrante comprueba que hay muchas experiencias y sensaciones que solo pueden
ser simbolizadas solo en el idioma materno. El escritor paraguayo Roa Abastos
decía que cuando quería expresar un sentimiento hondo siempre recurría al
guaraní.
Piero trabajo primero cortador de
pastos, changarin que ordenaba un depósito, un garage, una oficina o secretario
que hacia trámites. Así fue que entro en un primer circuito de trabajo, y luego
cuando el idioma se le fue impregnando en el cuerpo le fue más fácil estudiar,
capacitarse en la herrería. Actualmente trabaja en una fábrica Euro Composait.
Todo fue un nuevo nacimiento, primero
salió a descubrir los alrededores cuando tenía vacaciones y luego
encontró el amor en Tania, su compañera de vida con la cual tiene una hija
llamada Máxima y otro hijo en camino.
Le pregunto por la distancia cuando
tomamos una cerveza en Thünsdorf, no le hablo del desarraigo ni el exilio, sino
de la distancia. Recordamos entre risas un festival histórico de la Salamanca
2004. Histórico nuestro desvelo y enfieste. En un momento alto de la noche
Piero estaba subido en el escenario “Jacinto Piedra” esperando la participación
de su comprovinciano Raly Barrionuevo. Recordamos aquel festival desde una
región inhóspita en el mapa, a donde está nevando y en el patio hace un asado
su hermano Panky, y sus hermanas Antonella y Agustina quien hizo unas empanadas
criollas increíbles. Ellos fueron los primeros en llegar y abrir el camino en
lo desconocido, al final llego Piero el menor de cinco hermanos. Esta juntada
que les cuento esta concurrida de sobrinas, sobrinos y parejas.
Es cierto, no solo pasaron años sino
se afianzaron largos kilómetros de distancia entre nosotros. Pero los
recuerdos, la certeza de nuestros lugares de nacimiento, nuestra hermandad
parida al amparo de nuestros padres y abuelos hace que nos abracemos a cada
rato fuertemente, largamente, cariñosamente.
El lugar donde viven es una bella región
de árboles, grandes autopistas, imponentes monumentos históricos y edificios modernos, montañas, río y viñedos. Todo parece pasar
rápido cuando te lo cuentan, las historias siempre se cuentan fragmentadas.
Distinguiendo algunas etapas, identificando momentos decisivos. Pero los días,
las horas que se transcurren sin poder comunicar en otro idioma algo que te
sucede en el corazón, o la ineludible obligación de trabajar de lo que haya
disponible, la conoce solo el que se ha ido y que además tuvo la valiente
decisión de proyectar una vida en otro lugar. Quien se atreve a “poner la
sangre a la intemperie” como decía Pocha Ramos.
En el camino descubrió Piero que hay
cosas que nunca te van a gustar con la misma emoción, por ejemplo la música del
territorio... no hay equivalencia alguna con los Manseros Santiagueños. La
“Canción a Monte Quemado” que tanto le gusta y le emociona a mi primo no podría
nunca ser escrita allá y el la necesita como un padre nuestro. Aunque algunas
comidas de los dos lados del charco se parezcan hay sabores, colores, olores
que se extravían.
Hay elementos que incorporamos
en el principio, en la más tierna infancia y después no podemos nunca más
volver a incorporar. Son los tatuajes de la vida, la marca en orillo[2] que nos ponen al salir de
viaje al mundo e inevitablemente se aparecen a cada rato en la memoria. Pescar
en la Mozzela de Thünsdorf es como mojarrear en el Albigasta, y algún cerro de
allá tiene algún relieve como el de Catamarca.
Cuando Piero hamaca a su hija Maxima
en un parque, en el impulso de sus brazos reconoce la plaza 9 de julio o la 25
de mayo de Frías, la mirada atenta de los abuelos y los padres desde la vereda
del frente, la mesa larga concurrida del domingo con los tíos, los primos. Los
amigos en la esquina. Todo puede volver aparecer, la pileta de la Coinor
esperando el chapuzón. El camino del taco para hondear. El Mistolar. El
alto nivel y el tren. El club hípico y los caballos del abuelo. La infancia
talla en la memoria lo que somos y seremos. Porque hay lugares del recuerdo a
donde nunca dejamos de volver. Eso ha de llamarse patria.
Le pregunto a Piero cuando
comenzó a sentirse ciudadano de Alemania. Se sonríe y despabila mi ingenuidad.
Me dice que aún no comenzó. Que siempre será un argentino viviendo en
Alemania, o a caso un friense por Thünsdorf.
Escrito y leído en el programa radial Electrico Ardor. Todos los miércoles de 22hs a 00hs por Radio Vostok FM 93.9.
Puedes escuchar el programa completo aquí:
[1] Fragmento de la canción “Soneto a mama” de Joan Manuel Serrat
[2] “La marca en el orillo” es una frase en sentido figurado para designar una característica particular, propia de alguna persona o cosa.
