DYLAN EN EL VACIO

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Martes, 1 de Junio del 2021

DYLAN EN EL VACIO

El lunes 24 de mayo el cantautor y premio Nobel Robert Allen Zimmerman, mas conocido como "Bob Dylan" cumplió 80 años. Para celebrar su nuevo nacimiento, compartimos esta cronica escrita por Keneth Miller en la que recuerda el ultimo recital Dylan en la ciudad de Córdoba. 


 Acceso garantizado. No hay amontonamiento. Nadie levanta los brazos con la entrada en la mano, una persona atiende la fila, corta el ticket: “Adelante, disfrute el concierto”. Por primera vez Bob Dylan traspasará Buenos Aires para visitar Santa Fe y, ahora, Córdoba (por última vez, seguramente).


El Orfeo Superdomo es un moderno y cómodo recinto multieventos con una capacidad de hasta 15000 espectadores. Puntual, sin decir una palabra, Dylan sale al escenario, alguien podría decir q lleva el tradicional atuendo sureño (sombrero negro, saco, moñito en tiras sujetado por una hebilla) pero es el vestuario del Mefistófeles del Blues, aquel que en las leyendas norteamericanas te espera en el cruce de caminos dispuesto a recibir tú alma a cambio de que encuentres “el toque” en tú guitarra (ese pacto habría costado la joven vida de Robert Johnson, quien de un año a otro encontró el ritmo justo en su guitarra para fundar el Rithym & Blues –que fundaría gran parte de la música del Siglo XX-), Dylan lleva el atuendo del poseedor del alma de Johnson. Stratocaster en mano, salen las primeras canciones, la excusa es presentar el muy buen Modern Times (de 2006), un disco a la altura de su discografía, está acompañado por Tony Garnier (contrabajo); Stu Kimball (guitarra rítmica); Denny Freeman (2da guitarra); Donnie Herron (guitarra, violín, banjo y el stick) y George Receli (batería). Durante las dos horas de show el nivel de la banda es altísimo, músicos profesionales y exquisitos que llevan adelante con belleza los climas y tiempos que proponen las canciones de Dylan.

Las primeras cifras hablan de alrededor de 2500 entradas, luego Palazzo confirmará que se vendieron 1300 tickets, por lo que ésa cifra inicial a lo sumo podría ser alcanzada con muchas (demasiadas) invitaciones, sorteos, regalos de cortesía, etc. Éste potencial exceso V.I.P. podría explicar la ecléctica concurrencia. Por ejemplo, cuando sea el turno de It ain’t me babe, una eléctrica blonda, ubicada en uno de los palcos, bailará con mucho ritmo a pesar de que la banda ejecuta una cadenciosa versión (de las clásicas que repasará en la noche ésta será la única que se acerque a la original) tal vez la espectadora anheló el divertido y bailable cóver de Johnny Cash, y bueno: a moverse. Luego, en un desajuste del espacio tiempo, un espectador rodeará con sus manos la boca, en busca de la mayor resonancia posible y gritará “Hurricaaaaaaaaaaanneeee”; se puede leer la mirada atónita de otro en la butaca contigua “¿En serio le está pidiendo, a gritos, un tema a Dylan?”.

Palazzo asumirá rápido el fracaso financiero (sólo el cachet del artista fue de 350 mil dólares), entiende que son las reglas del juego, asienta su consuelo en el reconocimiento de que montar un show de Bob Dylan es su “Diploma de Productor”. Cuenta que se mostró extrañado por la actitud del cantante “Lo extraño (dice) es que el tipo no saludó a nadie: ni al público, ni a los promotores, ni a la gente del hotel. A nadie”. Curioso que un tipo andado como Palazzo (fundó el Cosquín Rock) se muestre extrañado del mutismo de Dylan: Bobby Flores contó de la vez que logró colocarse al lado suyo y hacerle un par de preguntas: Dylan ni levantó la cabeza; qué podría decir su entonces novia, Suze Rotolo, cuando descubrió, tropezándose con el DNI, que ni siquiera se llamaba Bob Dylan sino Robert Allen Zimmerman ; el director de cine Todd Haynes, a raíz de su suerte de biopic (I’m not there), necesitaba cruzar palabras con él, Jakob (Dylan) consiguió que su padre al otro lado del teléfono ofrezca un par de respuestas, Jakob le advirtió: preguntas sencillas y por nada del mundo se te ocurra decir Sos el músico más importante de nuestro tiempo, o algo así, porque te corta. El tema es así: en alguien que domina el lenguaje, las palabras de más deben representar una eterna pérdida de tiempo.

El show transcurre en un melancólico, dulce, rithym & blues. Suena la muy bonita When the Deal Goes Down, luego Spirit on the Water, después The Leeve’s Gonna Break” (todos de Modern Times). Revisita los clásicos, pero entra por otra puerta, casi que suenan como otras canciones (Highway 61, Like a Rolling Stone) entonces cierto público, el que parece recibió de regalo la entrada diez minutos antes, continúa su desconcierto, ahora piden Knocking on Heaven´s Door. Mientras Dylan se despide convirtiendo uno de sus clásicos en otra canción, un concurrente, a los gritos, suplica se cumpla su deseo: “Blowing in the wiiiiinnnnnnd”, lo grita durante el preciso momento en que Bob Dylan está cantando: “How many roads must the man walk down…”




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