EL EJERCICIO DE LA ABOGACIA DESDE UNA PERSPECTIVA FEMINISTA
Cuando
estudiaba la carrera de Abogacía, muy pocas materias tenía por
objetivo promover el ejercicio de la profesión con perspectiva de derechos
humanos, y para que hablar de géneros, lo que hubiese sido esencial para pensar
el litigio como herramienta de transformación social.
Poco
a poco, en el camino que comencé a recorrer desde la matricula, fui desarrollando
junto con otres colegas, compromisos sociales y políticos. Entre ellos los que
nos permiten identificarnos como abogadas feministas.
Frente
a la pregunta, ¿Qué describe a una abogada como feminista? Considero que no
existe definiciones acabadas, porque los feminismos son muchos, aun así intentare
algunas aproximaciones las cuales pueden funcionar como puntos de partida para
futuros encuentros y construcción entre colegas, donde podamos acompañarnos y
repensarnos.
Considero
ineludible, identificar al Poder Judicial desde sus raíces como un ámbito
patriarcal, es decir que en él, existe un sistema social, político, cultural y
económico que ordena nuestras vidas en base al privilegio y jerarquía de los
varones y su capacidad de ejercicio de poder como autoridad. Es decir que, en
su estructura, reproduce un modelo en el que los varones son ubicados en
mejores posiciones respecto de las mujeres y/u otros géneros. Y es así como en
la composición e integración de las magistraturas, en las resoluciones que se
imparten, las materias en las que se litiga, en la forma en que se desarrolla
los modelos procesales se revictimiza a las personas, se impide el acceso a la
justicia y hasta se vulnera el derecho de tutela judicial efectiva. ¿Por qué?
Porque no se desconfiguran las relaciones asimétricas de poder que benefician a
uno sobre otros, otras y otres, reproduciendo de esta manera injusticias.
Esto
me permite cuestionar y cuestionarnos cual es nuestro papel ante esta realidad.
Para empezar, correspondería intentar romper la desigualdad entre una abogada y
un cliente. Para ello, es una buena práctica, no generar roles de dependencia
por el saber. Quizás intentar siempre de que las personas entiendan los
procesos judiciales de los cuales son dueños, por encontrarse en conflicto
cuestiones que hacen a sus intereses y sus derechos, es una buena herramienta
para trabajar. Para ello es muy importante las reformas judiciales procesales
que permitan una mayor participación de las partes en contacto inmediato con
jueces quienes los escucharán y definirán el destino de determinadas
pretensiones.
Asimismo,
el ejercicio de la profesión no debería ser pasar por encima de los restantes
colegas, nunca el fin va a justificar los medios que utilizamos. Una abogacía
feminista es colectiva. Los intereses que representamos de nuestros clientes
son de ellos y no nuestros, por lo tanto, debe exigirse el deber de buena fe y
moral en el trabajo de cada profesional, donde nos respetemos unos con otres.
En
resumida cuenta, hablar de abogacía en clave de genero implica utilizar al
derecho como herramienta de transformación social, y en consecuencia pensar
como seria un modelo ideal de justicia.
Repensar la función y el modo de atribución del poder de la autoridad judicial, fortaleciendo la voz de los sujetos procesales reorganizando el espacio para dejar de lado formalismos innecesarios. Quizás es el momento de proyectar y construir a los procesos judiciales como un espacio de diálogo y una organización horizontal de composición, para ampliar y ejercer efectivamente los derechos mediante información de calidad, con un efectivo contradictorio amplio e igualitario y un sistema que permita un contralor de todes los sujetos que intervienen en el proceso.
Mientras mayor sea la distribución de poder en la sustanciación de los procesos judiciales, mayor probabilidades de acercar el derecho a las realidades de la sociedad tendremos y mejor será la justicia que construiremos.