EL ODIO AFUERA
Un hombre apunta un arma cargada, y
gatilla directamente contra la cara de Cristina, ante cientos de personas y
cámaras de televisión. Podría ser el comienzo de una novela que tenga a Remil como
protagonista, pero no. Paso el jueves y desde ese día casi no hablamos de otra
cosa. Cómo en cualquier lugar del mundo están los que comprenden la gravedad
del asunto, vale decir que desde el Papa al gobierno de los Estados Unidos se
sucedieron multiples y variados pronunciamientos nacionales e internacionales y están quienes
prefieren dejarse llevar por la pereza y no hacer el esfuerzo. Que el odio sea
su motor es una sospecha fundada porque solo odio es irracional. Las demás
emociones, descontando el amor, pasan por nuestra mente que filtra la desmesura
y nos ayuda a obrar con cautela ante los hechos.
Según estos últimos, lo sucedido el jueves es una puesta en escena. Un escenario en el que la vicepresidenta premeditadamente expone su cuerpo fríamente para que le gatillen un arma cargada. Piensan que con el objetivo de imponer una agenda mediática y detener el proceso judicial en su contra se victimiza. Apuestan que solo quiere instalar su re elección. Lo que no pueden entender es lo que ha pasado en realidad. El hecho es que desde todas las fuerzas políticas que obran despojadas de odio, con profundas diferencias se han puesto de acuerdo para convocar a la paz, la unidad y la defensa de la democracia. Es imposible no verlo, solo convocados por los supremos intereses de la democracia todos los extremos del arco político racional han coincidido en solidarizarse con Cristina y repudiar la violencia.
Sin embargo, nos debemos
dejar de preguntamos ¿Que hace que mucha gente, en privado, se convierta en los
extremistas que alientan la violencia y apoyen explícita o solapadamente el
atentado? ¿Somos la gente que se indigna con cualquier injusticia y quiere
instalar la guillotina como remedio de todo mal? ¿Somos así de torpes?
Hay nexos causales que solo pueden concatenarse con odio, es imposible sino arribar a algunas conclusiones. El odio es así, enceguecedor y sobretodo irracional. Después de lo que ha pasado el jueves, muchos siguen cargando recamaras y gatillando. Hay una ardua tarea por hacer en este sentido, porque somos parte del tejido social que nos demanda otras reflexiones y otras estrategias que ayuden a problematizar y desmontar la violencia. Es un trabajo que requiere sobre todo y ante todo, un compromiso colectivo que aparte al odio.
Es por ello que hoy compartimos el comunicado que fue leído el día
viernes 2 de septiembre en la plaza de mayo. Desde Mundar adherimos al llamado
a la unidad nacional pero no a cualquier precio, el odio afuera.
LA PAZ SOCIAL ES UNA
RESPONSABILIDAD COLECTIVA
Frente al intento de asesinato de la principal dirigente política del
país, nadie que defienda la República puede permanecer en silencio o anteponer
sus diferencias ideológicas al repudio unánime que esta acción depara.
No hay manera de relativizar ni
minimizar un intento de magnicidio. La solidaridad y el repudio de dirigentes
de toda América Latina, de los EEUU, de Europa y del Papa Francisco, muestran
que el mundo comprende cabalmente la gravedad de lo ocurrido. En el mismo
sentido se expresó el movimiento obrero organizado, entidades empresarias,
comunidades religiosas, asociaciones deportivas y demás organizaciones
intermedias del país. También gran parte de la dirigencia política nacional, a
quienes agradecemos que comprendan que la convivencia democrática debe
prevalecer sobre cualquier desacuerdo político.
El “límite”, del que hemos oído
hablar mucho en las últimas horas, no se cruzó ayer. Si no queremos que la
intolerancia y la violencia política arrasen con el consenso democrático que
hemos construido desde 1983 a la fecha, debemos contextualizar lo ocurrido
anoche contra la vicepresidenta Cristina Kirchner: Desde hace varios años, un
sector minúsculo de la dirigencia política y de sus medios partidarios, viene
repitiendo un discurso de odio, de negación del otro, de estigmatización, de
criminalización de cualquier dirigente popular o afín al peronismo, y aún de
cualquier simpatizante. Todos hemos visto movilizaciones donde se pasearon por
las plazas más importantes de la Capital Federal bolsas mortuorias, ataúdes o
guillotinas.
No es inocente ni gratuita la
legitimación de discursos extremos, de llamados a la agresión, de planteos que
niegan legitimidad democrática del adversario político. Nadie es
individualmente responsable por las acciones de otros, pero quienes cedieron
minutos de aire a los discursos de odio deberán reflexionar sobre cómo han
colaborado para que lleguemos hasta esta situación.
La vida democrática es
incompatible con el accionar de minorías violentas que pretenden llevar de las
narices al resto de la sociedad, u obligar a determinada dirigencia a tomar
posiciones cada vez más sectarias con tal de contentar a esa supuesta clientela
electoral.
La convivencia en el marco de
un orden democrático también es el umbral de las condiciones necesarias para el
desarrollo de nuestros hijos y nuestras hijas. El daño que producen las
acciones y las palabras violentas en las mentes de niños y niñas es una condena
para el futuro de la Argentina.
El pueblo argentino está
conmovido, impactado por lo ocurrido, incluyendo a millones que no simpatizan
con Cristina ni con el peronismo. En honor a todos nuestros compatriotas es que
hacemos este llamamiento a la unidad nacional pero no a cualquier precio: el
odio afuera.