El trabajo de mi pago
Algo tiene la cuestión del trabajo que siempre encontramos valoraciones alrededor de ella. El trabajo aparece como tiempo, el trabajo como lugar, el trabajo como un deseo, el trabajo como un desagrado, “lxs que no trabajan”, “lxs que se rompen el lomo”. Algo hay, también, en la santiagueñidad, como identidad, que trae consigo una constante tensión en su relación con el trabajo. Lxs “santiagueñxs vagos” versus lxs “santiagueñxs trabajadores del campo”. El dormir versus el trabajar. La siesta versus las madrugadas trabajando. No son pocos lxs músicxs y poetas santiagueñxs que rescatan continuamente los trabajos en el campo. Es que, claro, lo producido en los campos de la provincia no sólo es parte importante de la construcción de una identidad provincial propia; sino que también son productos que garantizan nuestras necesidades básicas y deseadas. La cosecha de algodón termina en la ropa que vestimos. Los postes de madera, en los muebles de las casas. La planta de alfa, en los animales que comemos. La cebolla, en las ollas de los guisos. Los tejidos, sobre los cuerpos en los inviernos fríos. Los panes y tortillas, en el mate cocido de la tarde. Existe, en el territorio provincial, una gran extensión geográfica a la que llamamos campo, monte o, más formalmente, territorio rural. En este, por supuesto, hay personas habitando estos lugares, hogares formándose, almuerzos que se tienen que cocinar, animales que criar, plantaciones que cosechar; básicamente, en el campo hay pasados vividos, presentes viviéndose y futuros por ser vividos. Para los fines de esta nota, la vida rural que tiene lugar en la provincia de Santiago del Estero se pensará junto al trabajo en el campo. O, mejor dicho, hablaremos de cómo trabajando en el campo se construye una vida en él. Sumando a lo que significan las producciones monte a dentro para nuestros consumos diarios, hay en los trabajos en el campo un mundo de sentidos para las personas que los realizan. Existen en él muchas historias de aprendizajes, crianzas, cambios y resistencias. Para las personas que “son del campo”, el mundo pocas veces se divide entre vivir y trabajar en este lugar. En muchas de mis charlas con personas que habitan algunos parajes del departamento Robles se hacía referencia a cómo todxs se “habían criado trabajando en el campo”. Es decir, que además de que estas personas transformaban el medio mediante el trabajo, el medio los transformaba a ellos, y el trabajar los campos lxs acompañaba en el crecimiento. Las personas construyen con sus manos el lugar donde viven, en este caso, el campo; pero a su vez, al campo y el monte construye a las personas que lo habitan. De esta forma, el trabajar es una forma muy particular que tienen las personas de relacionarse con el campo en la provincia; y es una de las maneras en las que las personas “se crían”, crecen, mientras crean el lugar. La crianza en los montes ha cambiado en conjunto a las transformaciones que han atravesado estos territorios. Es que el trabajo, además de ser crianza, es un largo camino de cambios en las formas de realizarlo. El trabajar en el campo aparece como memorias y añoranzas de viejas costumbres, de las cuales algunas perduran. Aparece como un presente dificultoso, como una solución a los problemas (principalmente económicos) que se atraviesan. Es para las personas que lo realizan, maneras aprendidas de trabajar, es “saber trabajar el campo”, en contraposición a las posturas técnicas de lxs profesionales universitarixs que “creen que saben por haber leído libros”. El trabajar para estas personas viene acompañado de muchas presiones y cambios que ellxs no han elegido enfrentar. La cosecha de algodón mecanizada, los desmontes extensivos, los feedlot, los desalojos, los paquetes tecnológicos productivos como la soja y el maíz, son cambios en las formas de producir que atentan contra prácticas anteriores de hacerlo. “Antes era muy lindo trabajar en el campo” se escucha decir cuando te cuentan sobre los pasados trabajando, se comentan todas las producciones que antes había en la provincia que hoy ya no se ven. Todo este combo de transformaciones productivas, ha llevado a una distribución de la tierra desigual. Los que más máquinas y apropiación de las nuevas tecnologías han tenido, han aumentado sus riquezas. Mientras que lxs que no han podido o no han querido lograrlo, subsisten con sus trabajos como pueden. Esto es importante, las condiciones para trabajar en el campo (y en todos los lugares) se conjugan con múltiples presiones, con la maleabilidad que dan los planes sociales, el trabajo dentro y fuera de la casa. Es decir, las personas en el campo si trabajan, en respuesta a esos discursos que tildan de vagos y de que “no quieren trabajar”. Las personas en el campo trabajan como pueden, como quieren, como saben, y también, como les conviene. Lxs habitantes de las zonas rurales de la provincia, aquellxs que viven cotidianamente en el campo, son las personas encargadas de hacer que el campo santiagueño exista. Porque gracias a la presencia de las personas en los parajes rurales, gracias a los trabajos que estas personas realizan u ofrecen realizar, y gracias a los saberes sobre las formas de trabajar en el campo, es que aún existen campos con producción de alimentos y montes con árboles frondosos. Es que el trabajo en el campo y el campo trabajado por personas son los mayores actos de resistencia por parte de sus habitantes. A partir de los 70, y con todo el impulso desarrollista en Latinoamérica, la mayoría de los avances tecnológicos en la maquinaria agrícola está orientada a reemplazar la mano de obra humana. Venimos en un camino en donde se busca prescindir de las personas, sus saberes y sus técnicas para trabajar. Porque una forma ancestral de construir el campo en el que se puede vivir, trabajar y producir, es con sus habitantes trabajando. Trabajar en el campo, como se quiera, como se pueda y como convenga hacerlo, es la mejor forma para sus habitantes de seguir viviendo en el campo. Así también, es la forma en la que el campo con casas, árboles, mates, animales, risas e historias siga existiendo.