El mundo de la sandia
La sandia es un planeta cercano a nosotros, con más de 90% de agua en su interior, un suelo rojizo de textura crujiente que se disuelve gozoso en cada mordisco de quien la visita.
Fue descubierta en alguna siembra del viento por África y luego se desparramó por el resto de los continentes, está raíz de manantial copioso se dispersa rastrera y crece en los campos como una constelación que abraza la tierra traspasando el calor.
La sandia se ofrece sedienta de que alguien orbite su mundo, tiene la atribución de tantas propiedades por su conocida nobleza que si alguien la recorre con el debido protocolo, con la correspondiente alegría, con el justo deslumbramiento frente a su imponencia, serán innumerables las sensaciones y beneficios que despertaran en el viajero que sepa saborearla.
En su interior late chorreante la vida, negras estrellas que pujan por dar nuevamente el fruto. En ella esta equilibrio de la naturaleza que fosforece y nos propone otras formas de vida, otras razones florecidas para ser. En sus colores pervive una metáfora incendiaria por un mundo mejor, una ofrenda para compartir y refrescarse en ronda ante el bramido del verano.
Aquí en Santiago del Estero, una de las ciudades más calurosas del planeta, la sandia aparece como una deidad amontonada en camionetas, llega casi de las manos de sus productores, desde lejos un verde centelleante y de cerca la invitación al naufragio en una siesta calurosa, en un extremo su cordón umbilical se retuerce y ostenta la sapiencia del que trabaja la tierra conforme lo que ella pide y conforme lo que ella sabe dar, una riqueza de estación para refrescarnos el alma.
Un querido amigo Gastón Merino me apunta un dicho importante que la involucra por estos lares: “mas mal llevao que Sandia bajo el brazo” y es que por su porte es preciso tomarla con las dos manos para trasladarla ilesa, pienso que cuando una ocurrencia santiagueña participa una fruta para caracterizar el temperamento de un comprovinciano existe un indicio de localía que la vuelve tan nuestra como la Algarroba o la chacarera.
Hay también un mito local que sostiene que la mezcla de sandia con vino tinto puede ser letal para la vida humana, en contra posición el melón fruta contemporánea en la estación, tiene una mejor prensa y se suele beber con vino blanco, arde en las cabezas sin tanta contraindicación, ni estigma, la famosa “Melancia” palabra que en portugués paradójicamente quiere decir Sandia.
La única fruta que se cala en el momento de su compra es la Sandia, la incisión es una práctica quirúrgica del vendedor y en la pregunta previa ¿Te la calo? ya está implícita la propiedad de la fruta en cabeza del comprador, por lo que es muy difícil que el mismo se muestre poco convencido con la oferta, se trata de la maniobra de un vendedor avezado.
Ante su tamaño y porte nadie debería dejar de asombrarse, nadie debería dejar de celebrarla a sus anchas, porque ella se ofrece en desmesura, sin reparos.
Ahora mismo soy un habitante del fuego y llego a sus orillas para que me dé su manto helado, su discurrir de ríos congelados, los codiciados lagos que se concentran en su centro, las estalactitas del azúcar que ya están bramando para mi, todo un océano rojizo donde confluyen diminutos peces encandilados. Toda una vida acuática esperando el momento para dar el salto y celebrar su destino en el banquete que le da un sustento, un cuchillo que se desliza sin ánimo de verdugo, la sonriente tajada de la sandia y el mordisco que se sumerge en su providencia. En el deceso de su corazón estallado deja su testimonio semillas y su corteza puede cocinarse para un inmejorable dulce, aunque todo en ella pida siempre volver á la tierra para recomenzar su ciclo.-