ENTREVISTA A ANIBAL COSTILLA

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Viernes, 29 de Mayo del 2020

ENTREVISTA A ANIBAL COSTILLA


Aníbal Costilla es escritor y docente, Coordinador Pedagógico del Agrupamiento N° 86025, sede en la Escuela N° 1233 de “Villa Nueva”, y catedrático del Instituto de Formación Docente N° 11 de Nueva Esperanza. Lleva varios años comprometido con la educación del lugar donde vive dentro del Depto. Pellegrini, provincia de Santiago del Estero.


- Aníbal tienes tu trabajo de docente, pero, ante todo, sos un poeta. La pregunta sería, ¿cómo describirías el trabajo cotidiano del poeta?

Quiero pensar que la poesia es un estado de elección permanente, como dice el admirado poeta, Leopoldo “Teuco” Castilla, pero no propia, sino de la propia poesía. En palabras del maestro, “el poeta no elige ser poeta, la poesía lo elige a él”. Vengo escuchando esa máxima hace años, y cada vez me parece más apropiada para aplicarla a mi propia experiencia. Por lo tanto, podría decir que, en mi caso, el trabajo con la poesía es azaroso e instable, y siempre intuitivo y cotidiano, para recuperar el concepto del acto creativo del que, bellamente, habla el Teuco. Lo que quiere decir que el trabajo de sentarme con el propósito concreto de escribir ocurre de manera inesperada o espontánea, casi siempre de noche, aunque a veces he escrito la idea de un poema en cualquier papel y a cualquier hora y lugar, sin ni siquiera darme cuenta de lo que hacía, lo que, luego, me dificultaba deducir lo que había escrito. Pero esa sensación inexplicable –creo yo– es la verdadera labor del poeta. Poder grabar sobre la superficie del tiempo un verso que justifique su vida. 


- ¿De dónde te llega a vos el ejercicio de esta vocación de poeta?


No podría explicar de dónde me vino esta vocación. Pero sí puedo asegurar que es una pulsión que me supera, rebasa, y alienta. El hálito de la poesía empaña el vidrio negro de la realidad, eso hace más soportable la existencia, al menos quiero creerlo así, es mi fe. Y sobre de esa superficie se intenta escribir el poema con mano temerosa. Pero, sin embargo, como un acto mágico.


- Sos un poeta prolífico, que va cambiando de un libro a otro. ¿Cómo te llevas con la obra editada al momento de crear una nueva?


 Es seguro que mi obra va cambiando, porque mi vida también lo hace, mi filosofía o mi forma de pensar y ver el mundo se modifica a medida que los años pasan. Quiero creer o deseo que, también en mis libros, se note cierta madurez, la que otorga el tiempo, como a los frutos que, sin ser conscientes de ello, cumplen una función vital para equilibrar al universo. Lo que intento, desde mi humilde lugar, y alejado de todos los mundillos que aglutinan y pervierten el sentido de la poesía, es acercarme a cierta honestidad, a una forma de decir que no se vea conminada a sumarse a los corrillos que intentan vender un producto contaminado de clisés, o portador de malformaciones horrendas que hoy pululan como carteles de Instagram, etc.

Debo destacar algo muy interesante que me ocurre. El contacto con otros escritores y lectores de la provincia, la mayoría nucleados en el grupo de Poesía Circular, me ha permitido acercarme a autores, poetas, por los cuales antes no sentía demasiada simpatía y, darme cuenta de ese equívoco, me posibilitó abrir mi mente para abordar de manera más provechosa esas lecturas. Y aprender de ellos, por supuesto, pero ello tampoco significa que vaya a ser mejor escritor; sólo la chance de enriquecerme a partir de las propuestas de lecturas compartidas por los compañeros. Es algo que agradezco. El hecho de haberme encontrado en el camino con este grupo, es muy significativo. 

Por otro lado, cada vez con más frecuencia siento que, lo publicado hasta ahora por mí, me es ajeno. No vuelvo a leer lo impreso en esos libros, salvo que tenga que elegir un poema de mis libros para una lectura pública. Entonces siento cierta desazón, es una extraña e inevitable sensación de vacío. Me parece que, cada vez que leo esos textos, siento lo que decía Thomas Pynchon en “Un lento aprendizaje” cuando releía los relatos de su juventud: aparte de los síntomas físicos en los cuales no insistir, tenía ganas de reescribir completamente los mismos. Yo lo hice con mi primer libro, editado hace más de una década.   

A pesar de ello, creo que siempre estoy ante el desafío de escribir una obra nueva, que mejore mi escritura, o que me satisfaga más.


-Como todos los trabajos supongo que puede existir momentos de tedio, de cansancio... ¿Cómo vive eso un poeta?


Nunca he experimentado cansancio en mi trabajo con la escritura. Al contrario, mi felicidad está ceñida, en mayor medida, al trabajo con la literatura, sobre todo en lo que a lecturas se refiere. Vuelvo a leer libros que me conmovieron en mi adolescencia, autores y maestros que significan mucho para mí, y que me siguen revelando el misterio de la palabra, aunque también leo nuevos autores en mi búsqueda del aprendizaje. No podría estar sin leer. Aunque no escriba, creo que leer es un rito sagrado, una necesidad insoslayable. 


-¿Cómo se vio afectada por la pandemia tu labor de poeta?


La pandemia nos ocasionó una serie de dificultades, no sólo sanitarias o económicas. Primero, la imposibilidad de seguir trabajando como lo veníamos haciendo; la falta del encuentro, que es el momento de la plenitud del hombre, en especial de los escritores, porque tienen la oportunidad de compartir con otros un rato de solaz, en presentaciones de libros, charlas, lecturas, etc. Pero, a pesar de no estar en una prisión, como decía el filósofo italiano, Nuccio Ordine, en una entrevista reciente, que es lo que viven por allá, sí nos encontramos con un aislamiento obligatorio, que nos tiene subsumidos en cierta angustia, intranquilidad y desasosiego, por la incerteza de no saber hasta cuándo tendremos que vivir en esta situación, o si mañana estaremos enfermos, nosotros o nuestros seres queridos. De todas maneras, es una oportunidad para reflexionar sobre nosotros, nuestra existencia y los contactos que tenemos con los demás, como decía el filósofo citado.

En lo que a mi tarea de escritor respecta, no se modificó demasiado. Aunque me dio la posibilidad de trabajar más en textos que tenía olvidados desde el año pasado, o inclusive más atrás. También dispongo de más tiempo para leer, que es lo que más gusto me da. Luego, aprovecho para pasar más tiempo con mis hijos, lo que significa un gran aprendizaje, un diario desafío existencial. Además, he participado en ciclos virtuales de lectura, lo que me permitió compartir con muchos queridos compañeros y compañeras, y estoy terminando de corregir dos libros que podrían publicarse este año.  


-¿Cómo se relaciona tu labor de poeta con la de docente?


No sé si mi tarea docente se relaciona directamente con mi labor poética. Lo que ocurre, a veces, es que me solicitan algún poema para fechas institucionales especiales, o para que los alumnos trabajen en las clases impartidas por los profesores, como ocurre con un colega que usa textos míos para implementar en el aula. Ese gesto me llena de agradecimiento hacia el colega y amigo.

También me ha ocurrido que me invitaran a participar de lecturas que organizan las instituciones del medio. No soy docente de literatura, por lo tanto, no suelo trabajarla en mis espacios, salvo algunos aspectos relacionados.


-Dentro de este sistema capitalista, donde prima una lógica productivista, ¿qué lugar te parece que ocupa la poesía?

Una de las lógicas del mundo capitalista es convertir todo en algo que se pueda comercializar, un producto de consumo, que tiene la impronta de satisfacción del placer, pero que, en realidad, es una falsa idea de consumación de la felicidad, que se vuelve efímera. Esto genera cierta frustración y decepción en alguien que, al no poder acceder a un estadio de productividad que redunde en un beneficio personal, especialmente en el ámbito de la riqueza económica, se ve acorralado por el fracaso. Esa depresión no es asimilable, si no se cuenta con las herramientas para poder sobrellevar la existencia, porque el fracaso final, la muerte, nos genera un miedo infinito. Al menos, en mi caso, esto último es así. Entonces, creo que la poesía, en ese sentido, es muy importante. Pero no como slogan, con ciertas cargas de lenguaje de autoayuda que inunda hoy las redes sociales, sino como modo de ver y entender el mundo que nos rodea, que nos habla y nos interpela. Será necesario asumir una postura crítica y reflexiva de ese mundo, para legar a la posteridad una interpretación objetiva de lo que pasó en la época en que producimos tal poesía.


- Contame sobre tu próximo libro de poesia “El paraíso podría esperar”...


En unos días aparecerá un nuevo libro mío en México de la mano de la editorial Camelot América, que tiene su sede central en España, lo que me provoca una gran felicidad, porque será el segundo libro que ellos tienen la generosidad de publicarme. Este libro se titula “El paraíso podría esperar”, justamente. Es un libro al que aprecio por varias razones. Una de ellas es que es, básicamente, la reelaboración de poemas de los cuales disfruté del proceso de escritura, allá en mi pueblo natal, El Mojón, en tiempos en que no pensaba dedicarme a la literatura con la intensidad y el compromiso con el que hoy la vivo. Por otro lado, siento que ese libro está hecho con nobleza, con amor por la poesía, con un proceso de reflexión pensado para producir en el lector cierta disposición al pensamiento, a la visión crítica de la realidad. La lectura de los poemas, genera un estado de inquietud filosófica, una instancia para pensar y pensarse. Que vuelva a editarse este libro, es posible gracias al hermoso trabajo que llevan a cabo los amigos de Camelot, Pablo y Daniel Solares Acebal y Rubén Rodríguez. Es de destacar la posibilidad existente de llegar a otros lectores en el continente, que siempre es algo que genera más compromiso aún con lo que uno hace.  

Espero que, pronto, podamos presentarlo en Santiago del Estero, y así volver a compartir con los amigos, con la familia, y con los que quieran acompañarnos en esta travesía de dar poemas al mundo, como un gesto inmarcesible de agradecimiento.





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