ENTREVISTA A DIEGO ALBARRACIN

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Publicado en Entrevista...
Por Mundar
Domingo, 23 de Octubre del 2022

ENTREVISTA A DIEGO ALBARRACIN

Diego Ignacio Albarracín nació en la provincia de Sgo. del Estero, Argentina. Pasó su infancia y adolescencia en la ciudad Mar del Plata. Luego vivió en Tucumán y cursó la Lic. en Letras. Integró proyectos de CIUNT con asiento en el IILAC. Publicó varios artículos en las revistas Narrar la Argentina y Argentina en su Literatura; así también en el libro La Literatura del Noroeste Argentino bajo la dirección de Liliana Massara, Raquel Guzmán y Alejandra Nallim. En Tucumán se desempeñó como artista performático independiente que lo inspiró en gran parte para realizar su proyecto escritural. Realizó seminarios y cursos con Pampa Arán, David Lagmanovich, Adolfo Colombres, entre otros. Participó del proyecto PICT Hacia una cartografía sociolingüística de los nuevos usos y modo de transmisión de las lenguas guaraní, quichua, qom, moqoit y wichi (Corrientes, Santiago del Estero y Chaco); a partir del cual se publicó el libro Hablar Lenguas Indígenas Hoy a cargo de Virgina Unamuno, Carolina Gandulfo y Héctor Andreani; en el cual colaboró. Así también integra en Sgo. del Estero el Grupo de Estudios en Lenguaje y Sociedad, GELyS (ILFyA/FHCSyS/UNSE.)

En esta entrevista conversamos sobre su escritura y el proceso de edición de “Cusifai” su primera novela que será publicada por editorial EDUNSE.


¿Cuándo comenzaste a escribir?

Escribo desde los 11 años motivado por un concurso de poesía interescolar en Mar del Plata; el día que presenté mi poema en la hora de Lengua y Literatura mi profesora no creyó que fuera mía y todos mis compañeros se rieron. Creyeron que la copié. Después de sentirme un par de horas desilusionado entendí que ese había sido mi mejor premio: si nadie creía que ese poema lo había escrito yo, significaba que lo que hacía era bueno y jamás dejé de escribir desde entonces.

¿Qué te gusta escribir?

Al principio escribía poesía y luego fui probando con otros tipos de estructuras textuales pero siempre tuve problemas con los géneros. En la primaria jamás me aprobaban las típicas actividades de “Narración: la vaca.”; y terminaba yendo a maestras particulares. Con el tiempo fui tomándole el gusto a reflexionar sobre distintos asuntos usando a la lírica como vehículo y con ello fui construyendo cosas. Cosa en el sentido de un objeto, un objeto textual.

¿Cuándo comenzaste a escribir “Cusifai”? ¿Cómo fue esa experiencia?

Cusifai es la culminación de todo el proceso de escrituras perfomátcas que realicé a lo largo de varios años. Sentí la necesidad de agruparlos. Cuando lo hice pude ver ya con distancia que todos los textos tenían elementos en común pese a ser autónomos. Decidí que formaran parte de un único texto que llamé “Organismo.” Luego aquí en Santiago conocí a Marcelo Ahumada en un taller literario que dictó. No lo conocía y fui por recomendación de una amiga. Con Ahumada surgieron muchas discusiones, discusiones muy duras. Era un hombre con un enorme entendimiento de las estructuras psíquicas y le era muy sencillo ver la interrelación entre las vidas de las personas y sus escrituras. Discutir si usar una estética u otra se convertía en una discusión sobre paradigmas de vida. Lo que surgió a partir de ese taller y la devolución de otras personas me convencieron, luego de un tiempo, de darle a Organismo una columna vertebral y unificar todos los textos bajo una misma trama, bajo una misma historia. Así nació Cusifai; después de un proceso de escritura que llevó doce años. Ahumada me propuso como ejercicio reescribir un cuento clásico respetando la propuesta original del autor y entre las opciones que me sugirió estaba El Cuervo de Poe y fue la que acepté. En esa reescritura coloqué uno de los momentos más indecibles de la novela. Pasamos muchísimas horas discutiendo la reescritura con Ahumada, discutiendo sobre cómo reinscribimos nuestras vidas en los textos y principalmente con qué objeto, con qué fin, y de qué modo.

¿De dónde surgió la palabra “Cusifai” que da nombre al libro?

No sé cómo explicarlo de manera sencilla. Con un amigo artista plástico jugamos mucho con el personaje animado Poco Yo. Nos fascinaba la idea de un Yo que no alcanzara su totalidad y que por eso fuera Poco. Era casi un paradigma de subjetividad. De ahí nació el texto Mini Yo. Mini Yo trataba de construir una terceridad que no estuviera incluida en el clásico triángulo pronominal (yo – tu – el). Este problema después se concretizó en lo que hoy todos conocen como lenguaje inclusivo. Hay una necesidad de diagramar un modo de entender la construcción del sujeto acorde a una realidad con un creciente grado de complejidad. Realidad virtual, realidad aumentada, hiperrealismo, realidad composible, en fin. De este complejo nace Cusifai. Que irónicamente es un arcaísmo, era el modo que tenía nuestros abuelos para referirse a alguien con cierta indeterminación, fulano, don Fulgencio, Mengano o el Cusifai ese. A veces podía ser un objeto, el coso ese, ese cusifai.

¿Qué le propone la obra al lector?

El objetivo de la novela es que el lector tenga una experiencia en el sentido de que experimente la escritura. Es un objetivo que extraje de las acciones performáticas en las que el espectador se encuentra frente a algo que desconoce y atraviesa distintas emociones a veces sin poder entender bien qué es lo que está viendo. Y respecto a la trama, es justamente lo que el lector deberá descubrir. Mi prosa es un entramado de distintas corrientes y estéticas, a veces sus usos pueden ser hasta irónicos. De alguna manera pone a prueba al lector. Pero se reconoce la primacía del lirismo.

¿Cómo has vivido el trabajo de edición con EDUNSE editorial?

Fue un trabajo muy arduo. El proceso se interrumpió con la pandemia y todos vivimos la incertidumbre Después de que se reiniciaron las actividades vino el desafío de la edición propiamente dicha. Cusifai retoma a las vanguardias históricas y a experimentos propios del boom,  pero más que nada a la experiencia neobarroco cubana; por lo que se requirió de mucho diálogo. Entender si estábamos ante un error o ante un elemento deliberado. Discutir respecto a si como escritor había logrado alcanzar tal o cual objetivo en la escrituro o no. Dicho de otro modo: ¿esto que quería hacer, lo pude hacer, o sólo quedó en un intento? Creo que todo artista se enfrenta constantemente a su ego. Es muy difícil aceptar que un objetivo no se logró, o aceptar que aún nos falta trabajo por hacer. Con esta novela dimensioné la tarea titánica que es editar y conocí todos los engranajes de esta empresa: maquetacion, corrección, edición, medios de comunicación, presupuesto, imprenta, dirección, etc. Un mundo fascinante pero que requiere de gran esfuerzo.

¿Qué expectativas tienes con la pronta publicación?

Esta obra tiene mucho trabajo encima, tiene discusiones con una cantidad de personas que no podría enumerar en sus distintas etapas y el aporte de todas ellas respecto a sus temas, sus formas, sus conceptos, enfoques de vida, etc. Incluso siento que la obra no es mía. Puede sonar a metafísica pero es como si la obra hubiera buscado un modo de salir a la luz y que cada artista con el que charlé o conocí, cada acción perfomática, cada libro que llegó a mí, cada artículo de la facultad, cada película o animé que vi, cada tema que escuché, cada fiesta a la que fui, o incluso mi profesora de lengua que no creyó que el poema fuera mío; todo contribuyó a que Cusifai existiera. Creo que toda obra de arte es más una obra social que individual. Y si Cusifai nació ahora es porque este es su momento, este es su horizonte social. 

Si alguien quisiera leer alguna de tus textos, ¿A dónde lo puede hacer?

Jamás publiqué literatura, sólo artículos de investigación universitarios. Construí textos que circularon performáticamente en Tucumán. Uno de ellos por ejemplo se llamó “Carta romántica al lugar que corresponda.” Era una epístola poco convencional que venía dentro de un sobre papel madera y que repartía en espacios de producción artística experimentales. Con la ayuda de una amiga armé un libro único A3 forrado en peluche blanco con una luz que se encendía a veces y el texto se llamó “Autolumínico” y quedó en manos de un artista plástico. Después escribí “Mini Yo” y varios de sus pasajes fueron representados por actores en un happening en una fiesta con bandas de música. Hubo otros.



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