ENTREVISTA A LETICIA AUAT
En nuestro país las editoriales independientes llevan adelante una lucha sin cuartel, espalda con espalda con poetas
y escritores por tener la posibilidad de seguir existiendo, y hacer nuevos libros en
estos tiempos aciagos. Publicar poesía es transformar el mundo. En esta
aventura hermosa de vivir en estado de poesía y de publicarla, andan juntas las
editoriales independientes. Lo sabe Leticia Auat y lo sabe el equipo de Piedra Madre editoria, quien hace muy poco tiempo publicó “Cuarenta días de viento”.
Es por ello que buscamos a la autora para conversar sobre algunas de las
cuestiones centrales de la vida que nos importan, es decir la poesía, las
lecturas, la escritura y la memoria.
¿Cómo es tu relación cotidiana con la poesía?
Organica. Creo que solo podemos escribir desde lo que vamos siendo. No sé si hay un afuera en la poesia cuando la mirada ya esta conmovida.
Interesante
pensar que no existe posibilidad de vivir fuera de la poesía. Quien escribe poesía es alguien que con
ojos desvelados transita la cotidianeidad buscando ese alumbramiento, esa señal
de la antena que recoja las palabras exactas para trocar la realidad en poesía.
Por otro lado, las lecturas nos marcan y nos ayudan en la oscuridad con su luz
de guía. ¿Cuáles han sido los/as poetas
que te han acompañado?
Muchos,
pero de la infancia recuerdo más a los poetas españoles del franquismo. Creo
que desde el inicio la poesía fue política. Por supuesto que ese territorio con
los años se fue ampliando, enriqueciendo y madurando. Al inicio de manera más
bien random y luego con lecturas que fueron siguiendo ciertas inquietudes o
criterios editoriales.
¿Tienes
algún recuerdo de cuándo y cómo broto en vos la poesía?
No
creo que haya habido un momento particular que pueda señalarse como un inicio.
Desde muy chica me gustaba leer, pero recuerdo que mis hermanos eran incluso
más lectores por lo que mi relación con la literatura no se vislumbraba como
algo destacable en la familia. Había pistas claro, tenía memoria selectiva para
la poesía y brotes de escritura en verso y epistolar. También me gustaba cantar
y en la música me encontraba con la emoción de la interpretación. Participé en
cuatro coros infantiles. Sin saberlo la experiencia del canto también me estaba
conectando con diferentes lenguas, estilos y épocas. En la casa teníamos una
muy buena biblioteca y una madre extraordinariamente histriónica que nos
cantaba, nos leía, nos recitaba. Y lo hacía en varios idiomas. El arte no era
un culto solemne y hermético, podíamos jugar, disfrutar, divertirnos y
emocionarnos y estaba bien. A mis primeros poemas los escribí cursando la
primaria.
¿Hay
algún/a poeta predilecto/a. Alguien que siempre te convoque a su lectura?
Hay en todo caso, estilos que me acercan más. Soy una lectora nómade. Pocas sugerencias me han servido y es por eso que trato de hacer mis propias búsquedas. Recuerdo que en la Universidad leía mucha literatura del postmodernismo ruso, porque en ese momento, los pies de página de los libros académicos de humanidades estaban llenos de referencias de la época. Hoy el panorama es mucho más amplio por el acceso digital al libro y porque se han rescatado y traducido muchas otras voces. Están apareciendo traducciones bellísimas que nos acercan a otras formas de nombrar y de transitar las experiencias. También tengo una búsqueda particular de lo contemporáneo que se acerca más a ciertas maneras con la escritura que son profundamente transformadoras, subjetivantes, sobre todo por la fuerza con la que empujan el borde de lo posible. La poesía cuando no encuentra la forma va construyendo al menos la condición de posibilidad para la lengua misma, no como resistencia sino como acercamiento a lo real. ¿Cuántas veces se puede escribir borde sin abarcarlo? Ensaya Andrés Navarro en un poema.
Armando Tejada Gomez en Elogio del viento en un verso hermoso dice “escribo al pie del viento” y nos gusta pensar en ese poema cada vez que vemos la palabra viento en la poesía ¿Cuándo surgió en vos el deseo de escribir el poemario "Cuarenta días de viento"?
Hay
una descripción plástica que me parece que viene a lugar. La idea es que, si
dibujas un círculo y luego lo rellenas obtienes un círculo completo, pero si
sueltas la pintura y la vas expandiendo en algún momento la forma va
apareciendo, la pincelada va empujando un límite, un borde, una orilla, eso es
lo que llaman mancha. En la escritura también puede haber un proceso previo de
andamiaje y de relleno, no es mi caso, más bien aparecen cosas, la mirada se
empieza a detener en algunas imágenes del paisaje mental, sentidos, sentires,
deformidades del lenguaje que insisten, entonces empieza a caminar, a moverse
la mancha-tejido-gramatical, va encontrando un curso, una trayectoria, a veces
una residencia. Por supuesto que después hay que sentarse con todo eso para
poder traducirlo en una obra, pero esa búsqueda consciente es posterior.
Hay
una chacarera que dice "Me gusta la voz del viento, que siempre canta
distinto, aunque parezca lo mismo". ¿Cómo te has llevado con el viento,
este último tiempo?
También
hay una zamba que dice que la tristeza es un papel que el viento no
deja caer. Creo que el viento les da textura y dirección a las cosas que no
podemos ver.

¿Cómo
fue el proceso de crear el diálogo con la “abuelamadre” que evocan tus versos?
Intencional
e intuitivo. Buscaba recursos que me permitieran construir cierta linealidad y
dinamismo en la narrativa y ese era uno. Fue muy interesante porque debía
trabajar también sobre la construcción de los personajes. Cuánto de ficción y
cuánto de testimonial habría en cada uno de ellos y de los escenarios montados.
Fue una etapa de mucha investigación más que nada de tipo documental, tanto
personal como histórica.
La inmigracion esta presente en tu poemario y atraviesa tambien la santiagueñidad. Dice Leopoldo Castilla "nunca vuelve en sí el
desterrado". ¿Cómo fue el viaje para llegar a este libro?
Muy
intenso, porque no solo toma una historia de una crueldad extrema como un
genocidio, la pérdida de una hija y el exilio, están las otras historias
familiares repetidas y actualizadas transgeneracionalmente y algunos eventos
claves de la historia argentina. Esa carga emocional me demoraba las formas, me
devoraba las formas, la manera de, fue un ir abriéndose camino. Sobre todo, en
un mundo donde el dolor y el horror se actualiza bajo formas muy parecidas.
Entonces quería también devolverle esa pregunta a la humanidad, aunque todavía
no haya respuestas.
Muchas gracias Leticia.