Entrevista a Lilian Jozami
En esta entrevista con Lilian Jozami conversamos sobre su carrera docente, el teatro y su vida.
- ¿Cómo fue su camino hasta llegar a profesora? ¿Y a rectora?
Cuando de camino se habla, tácitamente también se implica un trayecto, un proyecto, un deseo. Siempre me atrapó la Salud mental desde el deseo de desentrañar el enigma al que conlleva; la comprensión de la palabra, lo que a partir de ella se despliega más allá de su elocución. Con una marcada afinidad a las humanidades elegí estudiar Psicología, carrera que aún no existía en Santiago y en la década del 70 (tiempos difíciles) tuve que optar por Ciencias de la Educación, la que proponía fuertes contenidos del área psicológica y, a la vez, me acercaba un poco más a lo que quería estudiar. Finalizada la misma, hice un post grado en Psicopedagogía Clínica que representó viajar a Bs As durante dos años; así también, este esfuerzo posibilitó consolidar y enriquecer mi formación. Entre tanto trabajé en escuelas de Educación especial, en el Profesorado Provincial, en la UCSE, etc. y respondí a un llamado de voluntariado en el Hospital Diego Alcorta, tarea que abracé con placer desde año 1977 a 1980, en el que me nombraron dentro del servicio de psicología con tareas de rehabilitación. Los últimos 11 años pedí traslado a una UPA como capacitadora, actividad que me dio satisfacciones y que abordé desde la perspectiva de la pedagogía social. Simultáneamente comencé a formarme en psicoanálisis en grupos y seminarios, actividad que sostuve durante mucho tiempo. Luego de varios años hice una maestría en psicoanálisis en la Universidad de La Matanza. A modo de presentación y de iluminar el recorrido, fue así como llegué a ser profesora y enamorarme de esta profesión. Integré el Gabinete psicopedagógico de una escuela especial y del colegio Bilingüe durante mucho tiempo y, por último, surgió reemplazar la rectoría, lugar que acepté con la perspectiva de que se trataría de unos meses; una vida de 39 años de trabajo y de los que 26 ejercí el rol de la Rectoría; miro hacia atrás y jamás lo hubiera imaginado. Fui aprendiendo en la marcha; la gestión en las instituciones no solo depende del directivo sino también de los lineamientos oficiales e institucionales. Fui muy feliz en un mundo de encuentros con tantas y múltiples subjetividades; un mundo en el que aprendí, enseñé; un mundo que me permitió vincularme con tantos otros que marcaron mi vida. En ese trayecto enseñé Psicología en el secundario, lo que me llevó a apasionarme aún más por mi profesión.
- ¿Qué significa la “escuela” para usted? ¿Cuál es la función que cree que tiene hoy?
Hablar de educación y de escuela remite rápidamente a referentes como
Philippe Meirieu, quien plantea particularmente tres exigencias que tienen una
importancia fundamental en el vínculo que existe entre escuela y democracia. En
primer lugar, transmitir saberes emancipadores, no cualquier saber. La capacidad
emancipadora de los saberes- dice este autor- es una manera de volver a poner
al saber en el centro de la escuela. Otra exigencia es compartir
valores fundadores de la democracia; el respeto de la alteridad en la
construcción del bien común. Finalmente formar a nuestros alumnos para el
ejercicio de la democracia a lo largo de sus vidas.
La escuela en su dimensión humana construye lazos que posibilitan el
aprendizaje. Es ese vínculo que construye autoridad pedagógica, que nos lleva a
alojar en nuestro deseo, andamiar, acompañar y habilitar ocasiones para crecer.
Si la relación educativa no se humaniza, la institución escuela se fragiliza.
Este tiempo de emergencia sanitaria, transformó a la escuela ante la
necesidad del distanciamiento. La pausa en el encuentro, en la mirada en la
palabra nos posicionó nuevamente en la sociedad como imprescindibles en los
alumnos y familias.
Perdimos la magia del aula, pero apelamos a esa magia que solo la pasión por enseñar nos llevó a ejercer una inédita manera de educar. Revalorizamos el vínculo pedagógico comprendiendo la trascendencia del mismo.
- ¿Cómo cree que impacta el ejercicio docente en la subjetividad de los y las estudiantes?
Considero a la Institución, como un soporte de legalidades,
imprescindible en el recorrido de una vida. Si bien la constitución del
psiquismo es atemporal, la construcción de subjetividades depende de las marcas
de cada época, y la escuela puede llegar a ser un referente fundamental como
parte de este proceso.
Es la posición del docente, del educador lo que va a hacer posible este
enlace, este juego de diferenciar funciones y generaciones.
-¿Quiénes son sus referentes para la práctica pedagógica? (tanto teóricos como conocidos cercanos)
Desde la facultad sentí gran admiración por las ideas de Paulo Freire. Fueron de inspiración en mi abordaje a la educación. Comparto los planteos de sus continuadores que han dado lugar al surgimiento de la “Pedagogía Crítica” en cuanto a su fuerte cuestionamiento al tratamiento tradicional del discurso pedagógico tomando las diferencias y al “diferente” como un sujeto pedagógico anormal, desviado, enfermo, el reconocimiento de la diversidad cultural y la identificación de distintas desigualdades en el ámbito escolar. Entre los pedagogos/as argentinos mis referentes son Inés Dussel, Pablo Pineau investigadores de la historia de la educación argentina con aportes muy significativos para la comprensión de la invención del aula. Graciela Frigerio, Lidia Fernández, Sandra Nicastro y Beatriz Greco me han ayudado a comprender las dinámicas institucionales. El psicoanálisis con referentes como Silvia Bleichmar constituyen un gran aporte a la educación.
- ¿Cuánto de teatro cree que tiene la labor docente?
La transmisión cuando ocurre se transforma en acto. Todos los días nos
subimos al escenario. Actuamos en el aula cuando improvisamos y ponemos en acto
y palabras lo que enseñamos.
- ¿Cómo surgió la idea de escribir la obra de teatro “vida, pasión y muerte de una rectora?
Amo el teatro como manifestación artística en la que existe un vínculo
cercano con el espectador. Es una de las tantas maneras de enseñar y compartir
con los otros. La obra surgió casi impensadamente, pero sin dudas estaba
en algún rincón del inconsciente. Presenciar durante años los rituales
escolares, carteleras, frases de canciones descontextualizadas y repetidas sin
sentido, como “Febo asoma, el purpurado cuello, azul unala y tantas otras” me
motivó a ironizar mi función ridiculizando acciones cotidianas carentes de
significado, que en general se contraponían a mi ideología.
Había pensado el título y el final. El texto fue surgiendo increíblemente repasando mi vida cotidiana. Acordé con Adrián Martínez Ramallo, gran Maestro de teatro y surgió la obra. Amo a ese personaje que tanto me representa y soy feliz cada vez que lo hago.
- ¿Cómo y cuáles fueron las reacciones de sus colegas y de sus estudiantes frente a la obra?
Guardé celosamente ante mis alumnos mi “vida paralela”, se fueron
enterando por la prensa con la sorpresa de que Lilian también se reía cantaba,
bailaba, situaciones impensadas para quienes me veían en otra
investidura.
Los docentes me acompañaron siempre sintiéndose identificados en cada escena.
- ¿Cómo descubrió y cómo continúa con su profesión actoral?
Nació con mi vida, en lo cotidiano. Reírme de mí misma me caracterizó siempre. El humor posibilita poner texto a la angustia y a sobrellevar los avatares de la vida. Me llevó pocos meses escribir esta obra estrenada en 2010. Luego surgió “Oíd Normales”, obra que pretende evidenciar una interpelación de la locura a la cordura, a través de la delgada línea entre lo normal y lo no normal. Los años compartidos con pacientes psiquiátricos y el atesorar sus singulares producciones artísticas dieron lugar a esta obra. Transcribí sus textos, guardé celosamente sus manuscritos, escuché sus relatos con la vana ilusión de representar u “Otro” simbólico que los sostenga ante tanta subjetividad despojada. Fui testigo de sus palabras como también del silencio de las mismas y fui creciendo en mis años y en los suyos sintiéndome desde algún lugar ser parte de sus vidas. Es desde esta invalorable experiencia que surgió la obra.
Tiempo después escribí” Extranjero” en homenaje a mi padre quien desde su silencio y su enigmática mirada hablaba de nostalgia y dolor por su añorada tierra. Me convocaron para otras obras y hasta la fecha continúo con esta actividad que me colma de felicidad. El teatro es un camino de ida. Comencé hace once años lo que me demostró que nunca es tarde para hacer lo que se ama y seguir descubriendo proyectos impensados. Puedo decir parafraseando mi obra de la rectora que “La vida es una permanente puesta en escena” .