ENTREVISTA A SOLEDAD MARTINEZ ZUCCARDI

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Jueves, 6 de Enero del 2022

ENTREVISTA A SOLEDAD MARTINEZ ZUCCARDI

El 27 de enero de 2021 se cumplieron 70 años del fallecimiento de la poeta bandeña Maria Adela Agudo, para recordar y pensar su obra conversamos con Soledad Martínez Zuccardi (Tucumán, 1978) ella es Doctora en Letras por la Universidad Nacional de Tucumán y ha editado Cartas a Nicandro. 1943-1948 (EDUNSE, 2015) y La Carpa. Cuadernos y boletines de 1944 (Humanitas, 2019). Ademas junto a Guillermo Siles compiló la antología Poetas de Tucumán, 1960-1990 (Humanitas, 2021).

 -A menudo La Banda es mentada como “cuna de poetas”, diríamos que el caso de María Adela  cumple con esta imagen ¿nos puedes contar algo sobre su infancia, cómo se inclinó a la poesía y cuáles fueron sus lecturas que definieron su vocación? 

Fue una vida consagrada a la poesía. Y por eso se convirtió en una suerte de ideal para sus compañeros de La Carpa, porque en ella se encarna ese anhelo de “vivir la poesía”, de regir la propia vida por los ideales éticos y estéticos de la poesía. También fue una vida solitaria. Nació en La Banda, en efecto cuna de poetas y artistas como bien decís, donde frecuentó a las hermanas Briones, valiosas escritoras y pintoras. Estudió el profesorado de literatura en Buenos Aires. Entre sus autores admirados están Pablo Neruda y Lubicz Milosz. Enseñó y escribió en La Banda, hasta que fue expulsada de una cátedra, al parecer, por oponerse a ciertas exigencias del peronismo. Murió joven y sola en Tucumán.

En sus cartas y en su poesía la soledad está muy presente. “Aquí me traspaso de soledad”, escribe a Nicandro Pereyra. Pero lo interesante es que, al mismo tiempo, esa experiencia de la soledad la torna diferente de otras mujeres. Y ella tenía, creo, consciencia –y hasta podría decir que cierto orgullo–, de su propia singularidad. En otra carta habla de la falta de “esposo, de cargos, de gloria”, una carencia que atribuye a su franqueza, a su consecuencia consigo misma y con sus ideales.

 -Un año después de su muerte la revista Agón le dedicó un número especial con 32 poesías de su autoría que muestran a la poeta madura que Aráoz Anzoátegui admiraba ¿Por qué crees no llegó a publicar en vida?  

Esos 32 poemas reunidos en el número extraordinario que la revista Agón publica en 1953 con el título Cuaderno a María Adela Agudo siguen siendo la única fuente de consulta de la poesía de la autora, que murió sin haber publicado un libro. En los años de La Carpa ella preparaba un libro que se llamaría La guitarra absorta. Es más, ese título es anunciado en 1944 como próxima publicación del sello La Carpa. Es difícil saber por qué no llega a publicarlo: quizá debido a sus elevadas autoexigencias, quizá por la falta de recursos para financiar la edición. En una de sus cartas le dice a Nicandro Pereyra: “Aún no publicaré mi libro, no está en condiciones. Gracias”. Y en otra agrega: “Les dice a los muchachos de La Carpa que no tengo dinero para publicar mi libro y que espero de mí uno o dos poemas más de contenido”.

Creo que la publicación de un libro que reúna su poesía, o al menos la reedición de esos 32 poemas de Agón (un cuaderno hoy casi inhallable), es una deuda pendiente con la memoria de la poeta.

  - ¿Cómo y por qué llegaste a la edición de Cartas a Nicandro? 

Cuando estaba haciendo mi investigación doctoral, que incluía una sección dedicada a La Carpa, me atrajo de inmediato la figura de María Adela Agudo, por la profunda admiración, el afecto y hasta la fascinación con que sus compañeros la evocaban (Nicandro y también Aráoz Anzoátegui, Ardiles Gray, o Castilla y Galán que dedican poemas preciosos a su memoria). Y me sorprendía que pese a la admiración que fue capaz de suscitar, ella fuera una figura casi completamente olvidada fuera de su Santiago natal. Por eso me puse a estudiarla y a buscar esas cartas que estaban mencionadas en Agón. Un querido profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, Vicente Billone, me sugirió que contactara a la sobrina de Nicandro Pereyra, Vicky Chinacrini, para localizar las cartas. En efecto, ella guardaba unas copias mecanografiadas por su tío. También me impulsó a rastrear esa correspondencia un seminario dictado por Victoria Cohen Imach, en cuyo marco escribí un primer trabajo sobre las cartas. Muchos años después surgió la posibilidad de publicarlas a partir de una charla con la entonces directora de EDUNSE, Ester Azubel, quien se entusiasmó con la idea y me impulsó a conseguir los originales para que la edición fuera facsimilar. Ildefonso Pereyra, hijo de Nicandro, tuvo la gentileza de digitalizar los originales manuscritos y enviarlos desde Buenos Aires. Con esa ayuda concretamos la edición facsimilar que con tan buen criterio propuso Ester.

Cartas a Nicandro fue para mí un libro muy, muy grato de hacer. Fue una alegría enorme lograr que esas cartas, inéditas durante décadas, vieran la luz.

  -En el trabajo  de edición, ¿cuáles fueron los hallazgos  que consideras más importantes en ese intercambio epistolar? 

Uno de los hallazgos fue advertir que, además de sus propósitos comunicativos más evidentes (organizar conferencias, intercambiar libros, apuntes, poemas propios y ajenos, concertar encuentros), las cartas tiene otra función: permiten a su autora cobrar consciencia de sí, pensarse a sí misma y constituir la propia subjetividad. Es decir,  afirmarse como sujeto y como poeta. En la escritura epistolar se construye un yo, una imagen en la que quien escribe quiere reconocerse y por la que aspira a ser reconocido por su destinatario. María Adela Agudo construye un yo ajeno a la competencia, a la simulación, y por lo tanto diferente en un mundo concebido como falaz e injusto. Un yo consecuente consigo mismo y con los ideales de belleza, justicia, verdad, que son también los ideales de La Carpa. 

Además, en las cartas se pueden hallar datos muy valiosos sobre la historia de La Carpa, las lecturas compartidas, la vida literaria del momento en Tucumán, en Santiago y en la región. Las cartas sugieren cómo pensaba y cómo sentía una mujer escritora en la década del 40. Hay algunas que son muy hermosas, verdaderas piezas literarias en sí mismas, que, como te decía antes, van mucho más allá de propósitos solo comunicativos. 

 - Entendemos que ser mujer debe haber sido una carga extra, ya que como tantas otras del continente su obra no ha sido rescatada del olvido. Si tuvieras que hacer una selección de la obra poética de la autora,  ¿cuáles poesías escogerías? 

Creo que en su poesía pueden reconocerse dos zonas o vertientes, por llamarlas de algún modo. Hay un conjunto de textos donde la mirada del sujeto poético es más serena y celebra motivos de la tierra natal (una calle, una santarrita, el parque de la infancia, el hombre del norte y su música), y otra zona que revela una subjetividad exaltada. Poemas como “A un joven”, “Canto a Sigfrido”, “Pequeño poema”, “La otra amante”, “Poema para tu voz” se ubicarían en esta segunda vertiente y son, creo, los más logrados; también los que más me gustan. Escritos en verso libre, son más extensos y caudalosos, en consonancia con esa mirada exaltada que se vuelve sobre sí misma, desgarrada, en lucha. Hay en esos poemas un sujeto, que cobra la forma de una mujer apasionada, sola, donde la poesía se vuelve invocación, urgente y dolorosa. Estos poemas han sido citados en ocasiones para definir a la propia autora. Han generado fuertes efectos simbólicos sobre la figura de María Adela Agudo.  

-Se cumplen 70 años del fallecimiento de María Adela Agudo, ¿por qué consideras necesario difundir su obra? 

La figura de María Adela Agudo es fundamental en el proceso de liberación poética que experimenta la poesía del noroeste en la década de 1940, tanto por sus propios poemas como por constituir esa suerte de encarnación de los ideales de La Carpa, un grupo que sin duda marcó un antes y un después en la poesía de la región. Creo que urge seguir rescatando y difundiendo ese lugar que tuvo la poeta para sus compañeros, esa entrega al arte y a la poesía que caracterizó a todo el grupo y que definió el rumbo tomado en adelante por la literatura de la región. 

Desde el Repositorio del INVELEC, a modo de homenaje por el aniversario del fallecimiento de Maria Adela Agudo, se puso a disposición el Cuaderno «Agón» digitalizado y que desde hace unos dias se encuentra dentro del dominio público.

Link de descarga:

Compartimos la reseña escrita por Soledad Martinez Zuccardi

"Homenaje que la revista porteña Agón dedica a la poeta María Adela Agudo, nacida en La Banda, Santiago del Estero, en 1912 y tempranamente fallecida en 1952. Constituye la principal fuente de consulta de la obra poética de la autora, que no llega a publicar su libro en preparación. Una obra que oscila entre la serena celebración de objetos como la calle, el parque de la infancia, el hombre del norte y su música, y la manifestación de una subjetividad exaltada, en permanente búsqueda, transida por la carencia y el dolor. El cuaderno reúne treinta y dos poemas, hasta entonces dispersos en diarios y revistas. Algunos de ellos habían sido incluidos en la famosa Muestra colectiva de poemas (1944) de La Carpa, grupo de escritores y artistas del noroeste argentino que Agudo integró. Completan el volumen semblanzas y poemas dedicados a ella y firmados por Bernardo Canal Feijóo, Raúl Aráoz Anzoátegui, Manuel J. Castilla, Nicandro Pereyra, entre otros, así como retratos e ilustraciones de Juan Carlos Castagnino, Lino Enea Spilimbergo, Juanita Briones".


 Rerato de María Adela Agudo realizado por Juanita Briones (en cuaderno Agón)


 

Fotografía de la poeta (en cuaderno Agón)

 

Imagen de una carta manuscrita de María Adela Agudo, incluida en Cartas a Nicandro.


Portada de Cartas a Nicandro


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