ENTREVISTA CON FRANCISCO AVENDAÑO
Francisco Avendaño es el conductor y creador de “Eléctrico Ardor” programa radial que se encuentra iniciando su tercera temporada en la Radio Universidad FM 92.9, todos los lunes de 22hs a 00hs. Como poeta en el año 2009 publicó artesanalmente el libro biografía del instante, a través de la editorial independiente hongospaginales. Tiene tres libros de poesía inéditos: “La piedra de Sísifo”, “A nivel del mar” y “Simulacro”. Sus poemas integraron varías antologías como ser Poesía Joven del Noroeste Argentino de Santiago Sylvester (Fondo Nacional de la Artes), Desde la palabra de Rosa María Sobrón (Editorial Dunken), Festival de Poesía del Norte Grande (Dirección de Cultura de Salta), Palabra Abierta (Subsecretaría de Cultura de Santiago del Estero), Peligro Inflamable (Ediciones Folia). Es la voz y la guitarra de “Los Morlacos del Otario” cuarteto de tango que interpreta tangos del 30 y el 40 con un disco editado. Ejerce la profesión de abogado laboralista en Santiago del Estero.
¿Cómo será la tercera temporada de Eléctrico Ardor?
En esta tercera temporada vamos a ampliar aún más los horizontes musicales en el segmento temático de la primera media hora. En las dos primeras temporadas, salvo excepciones, esta parte, giró casi exclusivamente en torno al tango. Este año los temas serán además de música popular, entre la que se incluye el folclore, la trova y el rock. La idea del programa sigue siendo la misma, viajar por los carámbanos de una canción y (re)conocer que la canción es como una estrella, de lejos es apenas un punto de luz pero de cerca puede ser todo un universo lleno de vida.
La radio tiene su mística, su tradición histórica... ¿Que es lo que más disfrutas del medio radiofónico?
Para mí la radio es una compañía cotidiana desde mi infancia. Siempre escuché radio, por la música, pero también por lo que se dice en la radio, por la información y la crítica. No olvidemos que el lenguaje es el vehículo del pensamiento y que poco podríamos hacer sin la posibilidad de comunicarlo. Y lo que más disfruto de hacer un programa de radio es la formulación de algunas pequeñas obsesiones artísticas que al compartirse quizá se contagian (pido perdón por el término pero es el más adecuado) y vuelven más ricas y diversas. El programa que hace más de dos años construimos tiene la particularidad de ser una creación colectiva en la que cada uno se aporta su parte, Sebastián, Ezequiel y yo, pero también los invitados y entrevistados y los autores y poetas que utilizamos para vincular los contenidos de cada encuentro. En esa comunión surgen nuevas ideas y perspectivas, y se genera (cuando la suerte nos favorece) un hecho artístico distinto forjado por todos los que intervienen en el programa.
¿Que aprendizajes le debes a la locución?
Difícilmente me podría considerar un locutor, como se suele decir para otros temas: “para eso se estudia”, y yo no estudié. Lo que intento es conducir el devenir de los contenidos del programa, algunos que conozco y sé cómo habrán de producirse y otros que están por descubrirse en lo que los invitados tienen para decir, en las preguntas que hacen mis compañeros y en el aporte de cada uno. El aprendizaje al que estoy tratando de volcarme desde que inició el programa, es a escuchar con atención y para eso hay que perderle un poco el miedo al silencio. Es un tema delicado desde lo radial porque el silencio puede significar la nada o puede ser un tiempo de reflexión de lo que se está por decir y asimilación de lo dicho. Todo eso debe suceder y no debe perderse a la vez lo espontaneidad.
El cierre de la temporada pasada fue en el Observatorio y tuvo la presencia de público. ¿Cómo fue la experiencia de hacer el programa con público presente?
Ha sido una experiencia muy feliz porque pudimos ver la inmediatez de lo dicho y compartido en el público y a la vez pudimos despuntar el vicio cantando con grandes músicos y amigos como Pablo Mema, Santiago Von Zeilau y el gran cantor Jerónimo Paz. También pudimos compartir con el poeta y referente para todos los que armamos Eléctrico Ardor, Jorge Rosenberg, lo que ha sido muy movilizador y emotivo para nosotros, porque además de nuestra predilección por el Zoco, él se comunica con la santiagueñidad de un modo único con profundidad poética y humor. Ojalá podamos este año repetir la experiencia.
-¿De donde viene tu gusto por el tango? ¿Quienes son tus predilectos en el género?
El tango y la radio tienen para mí una referencia univoca que es Alejandro Dolina y su programa de más de treinta años que yo sigo hace por lo menos veinticinco. Con La Venganza Será Terrible conocí a los autores y cantantes que luego, cuando armamos el conjunto de tango con los Morlacos del Otario en el 2015, marcarían nuestro repertorio y parte de la experiencia musical del cuarteto. El tango es ineludible para mí por su poesía y por la complejidad musical de casi todas sus composiciones, es un hecho artístico elaborado que exige del oyente cierto compromiso en su sensibilidad, que puede de algún modo resultar ardua como experiencia, pero que esa dificultad aumenta su goce. El que escucha tango debe perder el temor a la a la tristeza y estar dispuesto a alejarse de la simpleza rítmica y armónica, por eso no es tan usual que la gente escuche tango, no es un producto cultural prefabricado como ocurre con otros géneros que buscan divertir, distender y distraer.
Mis cantores predilectos son Charlo, Carlos Gardel y Edmundo Rivero. Mis músicos favoritos son Anibal Troilo, Roberto Grela, Horacio Salgán y Astor Piazzolla. Y los poetas que más disfruto son Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Enrique Cadicamo y Catulo Castillo.
¿Cómo vives la poesía en lo cotidiano?
Para mí la poesía es un modo de entender el mundo, un estado de la conciencia y la sensibilidad. Así como existe un saber filosófico y científico, hay un saber poético que es constitutivo del ser humano, una manera de comprender realidades que se contraponen y que son parte de nuestra existencia. Saber que somos finitos y que todo a nuestro alrededor también lo es y sin embargo querer perdurar, es difícil de asimilarlo desde otro lado que no sea la poesía. Como dice el Cuchi Leguizamón: “A veces no sé quién soy, la lanza de mi silbido va alborotando recuerdos, desenredando los caminos, mientras mi risa cae al abismo”. Nada nos salva de ese final, ni si quiera la burla del destino trágico, nada, salvo quizá la poesía. Con ella podemos entender que en el mundo aguarda la maravilla como un relámpago oculto entre las cosas, un momento de lucidez que desordena el modo usual de lo cotidiano y nos permite un atisbo de lo que está en ese otro plano, el de la intuición y la dolorosa belleza de nuestra fugacidad.