ESCENA 1

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Martes, 20 de Abril del 2021

ESCENA 1

Escena 1:

- “Bueno, ¿Estamos listos?

- Sí

- Maso

- ¡Sí!

- Repaso lista: Juan, llevas las luces y las zapatillas; Raquel, ¿Arreglaste los tres vestidos y cosiste el botón suelto en el pantalón? No te olvides el maquillaje. María, la caja de herramientas y las fundas que dijiste. No se olviden los alambres y cada uno, su vestuario. Lleven aguja e hilo. Lleven la cinta para marcar el piso y yo llevo la tela para colgar como telón… ¿Está todo?

Escena 2:

Horario de función de la obra “La Camisa de la Suerte”: 21.30 hs.

Son las 21.20 y Eduardo está en silencio, sentado en el camerino, maquillado y con el pantalón y los zapatos puestos. Los tiradores cuelgan laxos y caen por los costados de la silla. Emite un suspiro prolongado y dice:

- Me olvidé la camisa.

Escena 3:

Un día cualquiera en un taller de teatro cualquiera:

Teatrere: a ver, mamita, así, así abrí los brazos y respiras profundo, lo tienes que sentir aquí (le toca las tetas), aquí, ¿Entiendes?

Tallerista: me incomoda un poco éste ejercicio

Teatrere: ¡¡ QUÉ MIERDA VAS A SABER VOS DE TEATRO!!  EN EL TEATRO TIENES QUE TOCARTE, SENTIRTE, TRABAJAR CON EL CUERPO, ¡¡DEJA DE TENER TANTAS PELOTUDECES!! ¡¡PERO QUÉ MIERDA VAS A SABER VOS, QUE SOS MUJER Y DE VACA HUAYUNA!! ¡¡CALLATE Y APRENDÈ!!

Las tres escenas aquí escritas son pura ficción y cualquier parecido con la realidad, que haya pasado a lo largo de la historia del teatro en Santiago, es eso: cualquier “parecido” con la realidad.

Reflexionar sobre los modos de hacer teatro en Santiago, es casi siempre, reírse mucho, pero mucho, de las mil anécdotas increíbles que existen, pero al final, termina siendo una risa triste, porque muchos de esos hechos se produjeron a partir de un profundo desconocimiento, de una extrema necesidad o carencia, de una imposible competencia, de una incontrolable arrogancia.

¿Cuál es el teatro que tenemos en Santiago? Teatro por vocación, Teatro por hobby, por interés personal y egoísta o ególatra, teatro porque es lo único que me sale bien, ¿Teatro porque Teatro?

Creo que hay varios puntos que marcan las formas de hacer teatro en nuestra provincia, como, por ejemplo, no tener un elenco estable que sea sostenido por el Estado; que las instituciones que tienen elencos o talleres como parte de sus ofertas educativas, no les destinen un presupuesto adecuado para la actividad o sus integrantes; no tener una casa de estudios superiores que acoja a una carrera sobre artes escénicas, que todas las autoridades estatales que se sucedieron en las áreas de Cultura y Turismo, no consideren sostenidamente a la actividad teatral y sólo la requieran en determinadas fechas y eventos;  y siguen varios etcéteras. Todo eso ya signa una forma y un modo de hacer las cosas diferentes, no sólo desde las instituciones, sino también desde las particularidades personales, tal vez un poco más laxo y desordenado, tal vez un poco más inocente y puro.

Muches de nosotres (entre les que me incluyo) empezamos a hacer teatro porque… sí: porque conocíamos a la o el profe y nos invitaron; porque en la escuela, era la mejor opción entre deporte y el club de ajedrez; porque nos mandaron a hacer terapia y el taller de teatro era más barato que un psicólogo: antes de la primera camada de profesores recibidos en el Profesorado de Teatro de la Provincia, había muy pocos teatristas con algún título específico del área. Desde ahí, también entendimos que el teatro, independiente o no, no era sólo aprenderse el libreto y lucir bien en el escenario, sino ser un poco “todistas”: saber de vestuario y luminotecnia, maquillaje y coreografía, de dramaturgia y venta de entradas: casi como la vida.

Y estaba bien en ésos momentos, claro que, con el paso de los años, fuimos aprendiendo a reducir, a reciclar a reutilizar, a pedir, a exigir a cambiar…  y la mochila con la que viajábamos en un principio, a instancias de todo lo que era necesario, se ha reducido considerablemente, pero debo señalar en éste punto,  que me queda la sensación de que algo importante dejamos en el camino; me queda la sensación que hoy hacer teatro es hacer poco, en comparación a lo que en verdad es,  o es hacer “lo que se entiende”, y lo que se entiende no siempre es realmente lo que es: ANTES había grandes producciones (todavía hay nostalgia alrededor del TUNSE), ANTES había obras contestatarias y denunciantes (todavía recordamos a Raúl Dargoltz o a Campesinos) ANTES leíamos obras o teoría teatral en los talleres (todavía tengo las fotocopias que sabía darnos la incansable Nelly Tamer en el taller y nosotros cubríamos de dibujos) ANTES … bueno, diría alguien, antes era antes.

Y tal vez eso signifique que hoy hacemos teatro porque seguimos enamorados de una ficción frívola y rancia, de una ilusión antigua de libertad y poder; porque seguimos creyendo que arriba de las tablas somos invisibles e invencibles; porque seguimos con ganas de jugar en ésa quimera que se está desvaneciendo desde siempre.

Veo el hacer del teatro como un gran edificio: con columnas y altorrelieves en dorados y plata, quizá algo deslucidos; sigue funcionando, pero el telón ya no corre tan fluido y las luces, a veces, se apagan, todavía acoge y se ensayan maravillosas escenas dentro, pero se ve que los cimientos de ése edificio están corroídos y tal vez oxidándose desde hace mucho tiempo: saberes olvidados, enseñanzas base mínimas y no siempre acertadas, malos tratos internalizados, modos artificiales, pensares y sentires sobre una actividad que ha ido cambiando, y hasta tal vez progresando, en sus formas más superficiales, pero en la que perviven huecos y lugares ocultos para limpiar y mejorar, de forma necesaria y urgente.

El arte sana, pero no siempre: Sana  re pensarlo y comenzar de nuevo, desde otros lugares, todas las veces que sea necesario. Sana cuando nos advertimos como transmisores de discriminaciones y micro-machismos.  Sana reconociéndonos humanos imperfectos en aras del libreto irreprochable, del movimiento absoluto, de la función impecable.

El arte teatral sana, si lo reconocemos afectado y trabajamos para sanar.

 Escena 4

Una mujer (Desde proscenio)

- ¿Cuál es el teatro que queremos en Santiago?

Un varón, (Contesta desde foro)

- ¿Cuál es el teatro que podemos en Santiago?



 

Cuadro de texto: Lic. Mariana Sayago
Soy Licenciada en Comunicación Social, 
Mamá de Nuna, de 4 años y Teatrista desde 1997.



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