Feminismos en el fútbol ¿Maradona es el debate?

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Miércoles, 9 de Diciembre del 2020

Feminismos en el fútbol ¿Maradona es el debate?

El miércoles 25 de noviembre, cerca del mediodía, la muerte de Diego Maradona conmocionaba al mundo. Para ese mismo miércoles, a primera hora, estaban los flayers listos. En memoria de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, organizaciones y colectivas feministas conmemorábamos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Por oponerse al régimen dictatorial de Rafael León Trujillo, “las mariposas” dominicanas fueron emboscadas y brutalmente asesinadas una madrugada de 1960. Ese año, nacía en Villa Fiorito el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos y el último héroe -real e imaginario- de la nación argentina. Tras la catarata de dedicatorias apresuradas y muestras de tristeza y desconcierto que rápidamente inundaron las redes sociales, hubo quienes no dieron revancha y arremetieron contra el ídolo mundial. Entre elles, mujeres y feministas que señalaban una “contradicción” en homenajear a un varón “violento, machista, y misógino”, ¡justo en el día de acción contra las violencias!

Todo en cuestión de minutos. Es que no era la primera vez que el nombre de Maradona hacía tambalear los siempre en tensión e irresueltos dilemas de los feminismos. El 8 de septiembre de 2019, tras el debut del Diez como DT del plantel masculino de Gimnasia y Esgrima La Plata y la enorme cobertura mediática que recibió su vuelta al fútbol argentino, algunas mujeres, activistas y militantes feministas expresaron su repudio. Los mensajes apuntaban no sólo a lo “problemático” de su figura, sino también explicitaban un rechazo al difundido sentido de identificación nacional que representa el ídolo: una twittera escribía “VIO-LEN-TO. Maradona no me representa y no soy menos argentina”. La socióloga Julia Hang reflexionó sobre su llegada al Lobo y los debates que entonces abrió entre “las pibas” del área de género que, no sin dificultades y concesiones a la dirigencia, traman estrategias para ganar legitimidad al interior de la institución. Pese a las incomodidades que genera en quienes sueñan y militan por un fútbol libre de violencia machista, las integrantes del espacio consensuaron no emitir un comunicado público. En su trabajo, Hang cita las palabras de una de ellas: “A pesar de la tristeza que me genera que nuestro club contrate e idolatre a un hombre violento, entiendo que le da alegría a la gente, y yo con la felicidad del pueblo no me meto”.

Comenzaba allí a sobrevolar la pregunta que, en sus variantes, inundó titulares de notas y reflexiones estas últimas semanas: ¿Se puede ser feminista y maradoniana?

El 30 de octubre de 2020, con motivos de su cumpleaños número sesenta, las redes volvieron a llenarse de imágenes, dedicatorias y “fuerzas”, para un Diego Maradona que ya evidenciaba un deterioro de salud galopante. ¿Subir o replicar un posteo en las redes o no hacerlo? Todo posteo es político. Lo sabemos todavía más quienes formamos o hemos formado parte de alguna organización política, a donde aprendemos la lección de que las palabras, las omisiones y los actos individuales hablan por el colectivo. Sobre todo, cuando se trata de temas de agenda. “Los trapitos se lavan en casa” se traduce en discutir para adentro los desacuerdos y resolver, o en todo caso, lograr una síntesis ordenada de las posturas en tensión cuando no son reconciliables. El tema Maradona, al interior de muchas organizaciones feministas, era deuda pendiente. Y si somos más sinceras, nunca estuvo en debate hasta que lo estuvo.

Futboleras y feministas. Feministas no futboleras. Feministas maradonianas. Feministas antimaradonianas. Feministas antes que maradonianas. Maradonianas y después feministas. Todas las identificaciones tienen lugar al interior de los feminismos. 

Las jornadas del 25 y 26 de noviembre se volvieron a poner sobre tablas las diferencias, esta vez con el aliciente de los sentimientos que afloran con la muerte de una figura de su talla. Todo lo que evoca a Diego Maradona, como pocas cosas, desborda cualquier análisis o encuadre. Pero nadie osó negar su trascendencia, y para mi gusto, su absoluta coherencia. Digno hijo de la cultura patriarcal, acusado de ejercer violencia contra sus parejas, de consumir prostitución de menores y no asumir la paternidad de hijes. Célebres son algunas de sus frases con contenido homofóbico y misógino. El mismo Maradona que cargó y ostentó los estigmas que las clases dominantes aborrecen: ser pobre, “negro”-con plata, villero, boca sucia, drogadicto, zurdo, peronista, fanático de Fidel, de Cristina, amigo de Evo, de Chávez, del papa, y los etcéteras que esta nota no pretende abarcar. Lo cierto es que Maradona se convirtió en un parteaguas, amado u odiado, apreciado o despreciado. Difícilmente aparecen las medias tintas.

Ante los cruces de opiniones en los grupos de WhatsApp de algunas organizaciones y la polémica desatada en las redes, implícita y explícitamente, los feministómetros volvían a aparecer en escena. Algunas feministas se expresaron desde una posición condenatoria y cancelatoria de su figura, otras, desde un llamamiento a “habitar las contradicciones”, y otras menos (que las hubo), a proponer que no existía tal contradicción. Así y todo, ante la falta de consensos, las inseguridades e incomodidades propias del caso y la ausencia de “espacios de discusión para el tema”, hubo también silencios. No fue la primera ni será la última vez que las feministas no llegamos a un acuerdo. En el mejor de los casos, la “cuestión Maradona” quedará instalada como otro gran nudo de debate como los que atraviesan -y motorizan- al movimiento feminista.

Ahora bien, ¿Por dónde pasa el debate?, ¿Nos sirve (a quién le sirve) discutir a Maradona?, ¿Desde cuándo un futbolista pasó a ser tema de agenda feminista?, ¿Dónde reside la potencia de ese logro? Ahora que estamos convencides de que el fútbol también es asunto nuestro ¿Qué queremos discutir ahí dentro? Todo. Pero ¿Cuáles son las coordenadas?



Mirar atrás y pensar-nos para adelante.

El encuentro entre el fútbol y los feminismos en la Argentina fue tardío, aunque antes del primer #NiUnaMenos, bastante antes, hubo activistas, entrenadoras, investigadoras, jugadoras y profesoras que pugnaron por los derechos de las mujeres y las disidencias en el deporte y que militaron desde distintas trincheras por abrir el campo de juego. Ya conocemos cómo es: la historia nunca empieza con nosotras, y en buena medida, las antecesoras nos marcan el camino.

Si pensamos en estrategias para abrir la cancha, aparece el nombre de Mónica Santino, entrenadora y referenta de la asociación civil “La Nuestra Fútbol Feminista” en la Villa 31, ex jugadora de All Boys y presidenta de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) entre 1994 y 1996. “Pararse en la cancha como en la vida” es el lema de un colectivo de jugadoras que adquirió trascendencia pública en los últimos años de avances de los feminismos, pero fruto de una militancia con el fútbol social y comunitario que Mónica inició quince años antes de su conformación en 2014. Crear y sostener escuelitas propias de fútbol para niñas fue su anhelo desde que dejó el fútbol para dedicarse a la dirección técnica en 1999, y los resultados de esa lucha están a la vista. Un paradigma de juego accesible para todos los cuerpos que deseen jugar, a donde no importa ganar o perder, porque jugar es un derecho humano y porque el fútbol no tiene género. La clase, la procedencia geográfica, el género, el sentido de pertenencia y el valor de lo colectivo cobran potencia y dan lugar a otros horizontes posibles para vivir -y disputar- los sentidos del juego más popular de nuestro país.

Lorena Berdula y Marta Antúnez son dos referencias que desde la Educación Física tempranamente discutieron en torno de los cuerpos, las sexualidades y el género. A fines de los 90, Lorena se consagró en la primera directora técnica del fútbol argentino, fundadora de la primera escuela de fútbol femenino y de su representativo en la Primera División, y fue la primera mujer en dirigir un partido oficial de AFA en el año 1998. Aunque la disparidad todavía hoy es enorme (según la ATFA, de 16mil DTs recibides desde su creación en 1963, sólo 150 son mujeres, y sólo 3 tienen contrato en AFA), entrenadoras de todo el país progresivamente comenzaron a organizarse, capacitarse, y a trazar estrategias comunes para fortalecerse en un ámbito tan hostil para las mujeres como la dirección técnica futbolística. Marta dirigió entre 2003 y 2008 el Área de la Mujer en la Secretaría de Deportes de la Nación, desde donde trabajó por el derecho al juego de niñas y mujeres, en un momento en que las políticas y los estudios de género difícilmente empalmaban con el deporte, y ni el feminismo académico ni las militancias feministas organizadas estaban demasiado interesades en dar esa disputa. Ambas, se dedicaron además a investigar y promover debates en cátedras, congresos y conferencias nacionales e internacionales en torno de la inclusión y la igualdad de derechos en el deporte.  

 

Gracias a investigadoras y periodistas feministas, hoy conocemos que también hubo futbolistas desde principios del siglo pasado. “Inaceptables”, como las excomulga el poema Fútbol de mujeres del año 1921 escrito por Bernardo Canal Feijóo[1]. “Marimachos”, “invertidas sexuales”, “peligrosas”, jamás dignas de ser ejemplo ni noticia, ni cuando en 1971 golearon 4-1 al seleccionado inglés en el Estadio Azteca. La memoria selectiva del relato oficial del fútbol marginó por años tanto al flamante plantel[2] de esa Copa del Mundo, como a otras tantas pioneras del fútbol como las santiagueñas Julia Arias, Marta Arias, Mercedes Arce y Soledad Reynoso, que en la década del 80 compitieron sin reconocimiento ni apoyo alguno por parte de la Liga provincial. En una cultura y un deporte privilegiado para hombres heterocis, a través del cual se imaginó y se construyó la identidad nacional argentina, se consolidó y reforzó el poder cultural masculino, las hubo. En muchos rincones del país, transgresoras del orden que las consignaba al rol reproductivo y maternal, a los deportes para señoritas, y a lo sumo, a ser espectadoras pasivas del juego sin ningún protagonismo más que cuando se trataba de ser pareja de jugadores.



La genealogía de nombres y acontecimientos es larga y continúa ensanchándose, de más está decir que esta nota tampoco puede abarcarla. Lo cierto es que el derecho a jugar, dirigir, conducir, gestionar y narrar el fútbol, y junto con ello, a ser parte de la cultura popular, se constituyeron como consignas y disputas para el movimiento feminista a partir de su masivización en 2015. Aunque este avance no significa que todas las futboleras y futbolistas son feministas, ni que jugar al fútbol lo sea, no resulta menor el reconocimiento de las desigualdades estructurales e históricas que lo atraviesan y las lógicas patriarcales que lo ordenan.

La transversalidad y legitimidad que adquirieron los feminismos impactó en el fútbol de manera contundente como no había sucedido nunca. Esto puede verse no sólo en el aumento y difusión que adquirió la práctica amateur en los últimos años, sino en la progresiva creación de coordinadoras de hinchas, de áreas y secretarías de género que trabajan de manera articulada y militan por la equidad en las comisiones directivas, por la erradicación del machismo en los clubes y por transformar la cultura del aguante que tantas muertes, violencias y sufrimiento ha provocado en nuestro país. También en los reclamos de las propias deportistas ante las federaciones por las condiciones en que desarrollan la práctica y la exigencia de un fútbol profesional que les permita vivir de él. El paro que iniciaron las jugadoras del seleccionado mayor ante la AFA en 2017, las manifestaciones durante la Copa América de 2018, y la primera acción legal y pública llevada a cabo por Maca Sánchez en 2019 que condujo al inicio del proceso de profesionalización en el fútbol femenino, fueron constituyéndose en logros también de nuestros feminismos.  

 

Que no se nos escape la tortuga

En definitiva, nos encontramos en un momento histórico en que el corazón de una de las retaguardias más potentes del patriarcado se encuentra en erosión. El hecho de que las feministas hoy cuestionemos y disputemos las lógicas tradicionales del fútbol, profundamente violentas, machistas, homofóbicas, heterocisnormativas, racistas, exitistas, es algo que debiéramos celebrar.

¿No es sino gracias a eso que hoy discutimos la figura de Maradona?

Pero de ahí, nos compete pensar estratégicamente hacia adelante. Claro está que las posiciones dicotómicas y estancas nunca condujeron a interpelaciones ni transformaciones profundas en nuestra praxis, por lo menos no a quienes militamos desde los feminismos populares y nos ordena un tipo de posicionamiento en la disputa política: situado, interseccional, y muchas veces incómodo. También está claro que existen tantos sentimientos y posturas hacia Diego Maradona como feministas nos encontramos atravesadas por ese debate. Quizá, por lo pronto, lo más productivo sea dejarlo descansar en paz y discutir qué fútbol tenemos y cuál queremos. Nada que no vengamos haciendo.

La potencia de disputar los sentidos dominantes del universo futbolístico tiene la capacidad de desbordar ese solo universo. Quizá, las que estuvieron desde antes y saben de lo que hablan pueden ayudarnos a dar en la teca. Mónica Santino parafraseaba a Maradona y nos advertía la semana pasada: “A todas esas compañeras, que no se nos escape la tortuga, pensemos de vuelta para adentro y pensemos el feminismo desde otros lugares porque si no no vamos a transformar nada”.



[1]    1Ver https://descontexto.blogspot.com/2016/04/penultimo-poema-del-futbol-de-bernardo.html?m=1

[2] E2 plantel estuvo conformado por Elba Selva, “Betty” García, Marta Soler, Teresa Suárez, Angélica Cardozo, Blanca Bruccoli, Eva Lembessi, Virginia Andrada, María Fiorelli, María Ponce, Zulma Gómez, Ofelia Feito, Susana Lopreito, Marta Andrada, Virginia Cattaneo, Zunilda Troncoso y María Cáceres.

 

 

 



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