INFANCIAS
Impresiones de mí andar, desde mi adolescencia, con las
comunidades campesinas del chaco santiagueño.
Cuando pienso en las infancias en el monte santiagueño regreso a mi primer
viaje al norte de la provincia, promediando la década de los 80 y a mis 17
años; entonces la mayor aspiración de los padres hacheros y obrajeros, migrantes
golondrinas de esos changuitos-as es que sus hijos-as puedan terminar la
primaria para ser “algo” decían y yo les corregía altruista: “querrán de
decir para ser alguien, sin embargo, ustedes son alguien” y ellos decían: “tener
estudio para ser algo en la vida, porque es más fácil empujar un lápiz y no una
pala”—
A la distancia, creo que esa generación de hombres y mujeres, que hoy
tienen 70 años y que fueron alcanzados por el beneficio de jubilación de la
década ganada, (misma edad que mi madre) fueron los últimos que crecieron en el
monte con poquísimos derechos garantizados, como lo relata la letra del
“olvidado” de Néstor Garnica: “Soy el que quedo en medio los ranchos
Guacho del fia'o a mate y guiso inventado” o el épico “Shunko” de Jorge W. Ábalos.
Hemos avanzado, esa generación de niños-as que crecieron en las
cosechas, jugando entre bolsas de algodón
en el Chaco, familias numerosas, estrategias pre industriales de ser
mano de obra para el sustento familiar, han tenido hijes que hoy rondan los
cuarenta que han podido completar la escuela primaria, y aunque siguen
desarrollando tareas extractivas forestales que hacen parte de su cultura,
pueden miraren retrospectiva las infancias de sus padres y la de sus hijes que
hoy acceden a la educación secundaria. Ellos-as son padres y madres más
presentes, más informados, críticos y compasivos de las infancias sin acceso a
derechos que vivieron sus padres-madres hoy ancianos, enfocados-as en darles a
sus hijes en el monte una vida con más salud, educación, identidad, ambiente
sano, deporte y juego ampliar sus derechos y oportunidades. Preservarlos de lo
que les toco aun a los que hoy orillan el medio siglo que es el trabajo
infantil, el embarazo adolescente, la baja escolaridad o el abuso intrafamiliar
silenciado…
Hace unos pocos años, implementando el “Plan Nacional de Primera
Infancia” en articulación con la comisión municipal de Boquerón, las
direcciones de infancia de la provincia y la nación; en uno de los “talleres de
derechos del niño, la niña y el adolescente” un campesino del paraje de Piruaj
Bajo, de mas de 75 años vino a participar del trabajo en grupo y nos dijo: “
vengo a conocer los derechos que tienen los menores de la comunidad, los vengo
a conocer porque ni yo ni mis hijos-as los tuvieron y quiero saber cuáles
son..”
En nombre de esos niñas y niños con mas horas de trabajo que de juego,
mano de obra de las compañías forestales, de la caña en Tucumán y tantas otras
cosechas que los llevaban con sus familias enteras hasta fines del siglo pasado
van nuestros esfuerzos personales y colectivos para des naturalizar el trabajo
infantil, la maternidad adolescente, y toda experiencia que vulneren sus
derechos
Solana, mi niña
La contracara de la crudeza de las infancias de los changuitos-as del
monte expuestos al trabajo precoz, a la falta de agua segura, a las condiciones
climáticas de la región chaqueña etc. Es también lo que mi niña de 10 años,
Solana, vive desde su primer año de vida junto al rio salado en San José del
Boquerón. Ha sido una decisión mía criarla en la ruralidad donde vivo y trabajo
desde hace 23 años. Mi hija hoy expresa que en el monte es libre, y feliz.
Solana, nació en la ciudad de Tucumán, desde bebe nos trasladamos al
monte, donde paso la mayor parte de su primera infancia un poco nómade por
situaciones familiares que nos llevaron por la ciudad de Bs As, de Santiago y
de Tucumán sin embargo a la hora de salita de 4 definimos que su lugar de vida
seria la escuela del Ceibal a 300 km al norte de la capital de la provincia, y
a espaldas del serpenteante rio salado. De allí en más logísticas imposibles
para cumplir estos 7 años con el calendario escolar, para llegar hasta 5to
grado con Solana en la comunidad de Boquerón…
Y que agradece de esta experiencia mi niña ¿?: “ Ser libre, crecer
entre los árboles, bañarme en el rio en verano, ir a la escuela caminando con
mi perra Frida, saber criar cabritos desde que nacen, participar de una
academia de folklore, que solo somos 12 compañeros-as en el aula, ser parte del
frente de mujeres ( una organización campesina ), cantar en los cumpleaños de
la OCCAP -otra organización campesina- y a veces haber participado de la
programación de la FM, pasear en “zorra” cuando me quedo en los parajes
visitando otros niños-as”
Solana esta por cumplir 11 años, por motivos del covid19 ahora lleva mas
de 100 días en la ciudad conmigo, pero extraña el monte, su casa, sus amigos-as
vecinos-as y me dice que volvamos pronto, que ese es su lugar en el mundo, que
se ira cuando le toque estudiar para ser cocinera y veterinaria.
Celebro la decisión de criarla a ella en ese medio, mi hábitat
donde recuperar lo mejor de mis experiencias con las comunidades campesinas
donde si bien hay muchísimos derechos para seguir conquistando también hay una
relación con la naturaleza y con el ser parte de la tierra que aspiro le de
herramientas para estos tiempos que se vienen.
