INFANCIAS

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Sábado, 15 de Agosto del 2020

INFANCIAS

Impresiones de mí andar, desde mi adolescencia, con las comunidades campesinas del chaco santiagueño.

Cuando pienso en las infancias en el monte santiagueño regreso a mi primer viaje al norte de la provincia, promediando la década de los 80 y a mis 17 años; entonces la mayor aspiración de los padres hacheros y obrajeros, migrantes golondrinas de esos changuitos-as es que sus hijos-as puedan terminar la primaria para ser “algo” decían y yo les corregía altruista: “querrán de decir para ser alguien, sin embargo, ustedes son alguien” y ellos decían: “tener estudio para ser algo en la vida, porque es más fácil empujar un lápiz y no una pala”—

A la distancia, creo que esa generación de hombres y mujeres, que hoy tienen 70 años y que fueron alcanzados por el beneficio de jubilación de la década ganada, (misma edad que mi madre) fueron los últimos que crecieron en el monte con poquísimos derechos garantizados, como lo relata la letra del “olvidado” de Néstor Garnica: “Soy el que quedo en medio los ranchos
Guacho del fia'o a mate y guiso inventado”
o el épico “Shunko” de Jorge W. Ábalos.

Hemos avanzado, esa generación de niños-as que crecieron en las cosechas, jugando entre bolsas de algodón  en el Chaco, familias numerosas, estrategias pre industriales de ser mano de obra para el sustento familiar, han tenido hijes que hoy rondan los cuarenta que han podido completar la escuela primaria, y aunque siguen desarrollando tareas extractivas forestales que hacen parte de su cultura, pueden miraren retrospectiva las infancias de sus padres y la de sus hijes que hoy acceden a la educación secundaria. Ellos-as son padres y madres más presentes, más informados, críticos y compasivos de las infancias sin acceso a derechos que vivieron sus padres-madres hoy ancianos, enfocados-as en darles a sus hijes en el monte una vida con más salud, educación, identidad, ambiente sano, deporte y juego ampliar sus derechos y oportunidades. Preservarlos de lo que les toco aun a los que hoy orillan el medio siglo que es el trabajo infantil, el embarazo adolescente, la baja escolaridad o el abuso intrafamiliar silenciado…

Hace unos pocos años, implementando el “Plan Nacional de Primera Infancia” en articulación con la comisión municipal de Boquerón, las direcciones de infancia de la provincia y la nación; en uno de los “talleres de derechos del niño, la niña y el adolescente” un campesino del paraje de Piruaj Bajo, de mas de 75 años vino a participar del trabajo en grupo y nos dijo: “ vengo a conocer los derechos que tienen los menores de la comunidad, los vengo a conocer porque ni yo ni mis hijos-as los tuvieron y quiero saber cuáles son..”

En nombre de esos niñas y niños con mas horas de trabajo que de juego, mano de obra de las compañías forestales, de la caña en Tucumán y tantas otras cosechas que los llevaban con sus familias enteras hasta fines del siglo pasado van nuestros esfuerzos personales y colectivos para des naturalizar el trabajo infantil, la maternidad adolescente, y toda experiencia que vulneren sus derechos

Solana, mi niña

La contracara de la crudeza de las infancias de los changuitos-as del monte expuestos al trabajo precoz, a la falta de agua segura, a las condiciones climáticas de la región chaqueña etc. Es también lo que mi niña de 10 años, Solana, vive desde su primer año de vida junto al rio salado en San José del Boquerón. Ha sido una decisión mía criarla en la ruralidad donde vivo y trabajo desde hace 23 años. Mi hija hoy expresa que en el monte es libre, y feliz.

Solana, nació en la ciudad de Tucumán, desde bebe nos trasladamos al monte, donde paso la mayor parte de su primera infancia un poco nómade por situaciones familiares que nos llevaron por la ciudad de Bs As, de Santiago y de Tucumán sin embargo a la hora de salita de 4 definimos que su lugar de vida seria la escuela del Ceibal a 300 km al norte de la capital de la provincia, y a espaldas del serpenteante rio salado. De allí en más logísticas imposibles para cumplir estos 7 años con el calendario escolar, para llegar hasta 5to grado con Solana en la comunidad de Boquerón…

Y que agradece de esta experiencia mi niña ¿?: “ Ser libre, crecer entre los árboles, bañarme en el rio en verano, ir a la escuela caminando con mi perra Frida, saber criar cabritos desde que nacen, participar de una academia de folklore, que solo somos 12 compañeros-as en el aula, ser parte del frente de mujeres ( una organización campesina ), cantar en los cumpleaños de la OCCAP -otra organización campesina- y a veces haber participado de la programación de la FM, pasear en “zorra” cuando me quedo en los parajes visitando otros niños-as”

Solana esta por cumplir 11 años, por motivos del covid19 ahora lleva mas de 100 días en la ciudad conmigo, pero extraña el monte, su casa, sus amigos-as vecinos-as y me dice que volvamos pronto, que ese es su lugar en el mundo, que se ira cuando le toque estudiar para ser cocinera y veterinaria.

Celebro la decisión de criarla a ella en ese medio, mi hábitat donde recuperar lo mejor de mis experiencias con las comunidades campesinas donde si bien hay muchísimos derechos para seguir conquistando también hay una relación con la naturaleza y con el ser parte de la tierra que aspiro le de herramientas para estos tiempos que se vienen.

                                                               Lucrecia Gil Villanueva



 



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