Investigar en tiempos de pandemia
Investigadora de CONICET en el Centro de Tecnología de Recursos Minerales y Cerámica. Docente de la Facultad de Ingeniería de la UNLP. Miembro del Grupo de Estudios en Geopolítica y Bienes Comunes de la UBA. El trabajo científico en Argentina se desarrolla principalmente en institutos que pertenecen a organismos estatales como CONICET y quienes lo llevamos a cabo somos por lo general profesionales egresadxs de universidades públicas. El financiamiento de la actividad científica es casi enteramente estatal: tanto los sueldos de lxs trabajadorxs como los fondos necesarios para el funcionamiento de institutos, compra y mantenimiento de equipos, trabajos de campo, etc. provienen de CONICET, Agencia Nacional de Promoción Científica y Técnica y/o Universidades Nacionales. Es así que el campo científico en nuestro país está regido por dos lógicas. Por un lado, una serie de reglas que comparte con la comunidad científica internacional y regula, entre otras cosas, los métodos que se utilizan y la validación del conocimiento desarrollado, es decir, el cómo se investiga. Por otro lado, la orientación que le da el Estado Nacional a través de la política científica y que determina qué se investiga y en qué condiciones. La evidencia histórica muestra que cuando la administración del Estado estuvo en manos de proyectos políticos y económicos netamente extractivistas y hambreadores del pueblo, las universidades nacionales y el sistema científico fueron vaciados, mientras que bajo la administración de gobiernos basados en la industrialización con inclusión social, el sistema científico creció, se expandió y pudo dar respuestas a necesidades locales. Una podría dar cuenta de cómo influye el tiempo político y las decisiones gubernamentales en el desarrollo de conocimiento en nuestro país tomando como ejemplo las ciencias relacionadas con el litio, que es el área a la cual me aboco. El 10% de las reservas comprobadas de litio se encuentran en Argentina. Se trata del principal componente de las baterías que hacen posible la movilidad eléctrica y el almacenamiento de energía proveniente de fuentes renovables. Es decir, se ubica en el corazón de las sociedades pos-fósiles, he ahí su valor estratégico. Los testimonios concuerdan con que el interés por “la cuestión litio” comenzó en el año 2010 cuando Cristina Fernández, tras visitar General Motors, se preguntó ‘¿Cómo es que tenemos litio y no hacemos la batería?’. A partir de entonces, entre los años 2010 y 2014, hubo múltiples acciones que se propiciaron desde las carteras de Industria y de Ciencia para hacer baterías en el país. Aunque estas iniciativas no prosperaron, en pocos años la Argentina puso en marcha cuatro laboratorios especializados en el estudio y desarrollo de materiales para baterías de litio. Es llamativo que antes de 2010 nuestro país no contaba con experiencia en la temática pero sí tenía más de 70 años de desarrollo en electroquímica, el área de conocimiento que fundamenta los procesos que ocurren dentro de las baterías. Hoy, apenas 10 años después, somos más de 170 lxs profesionales que a lo largo y ancho del país nos dedicamos a distintos aspectos relacionados con el litio. Y eso teniendo en cuenta que durante los cuatro años de macrismo asistimos a un desguace del sector. A pesar de la promesa de campaña de continuar las políticas científicas del periodo previo, el gobierno de Macri significó un golpe muy duro a la ciencia argentina: se discontinuaron proyectos estratégicos, se subejecutó el presupuesto asignado a ciencia, se volvió a restringir la incorporación de cientificxs a la planta de CONICET, los salarios estuvieron por debajo de la canasta básica, volvió a ser común la fuga de cerebros, los institutos tuvieron que endeudarse para mantener su funcionamiento. En el campo específico del litio vimos cómo los esfuerzos ya no estuvieron en promover la industrialización de este mineral sino en favorecer aún más la instalación de empresas trasnacionales para que se lo llevaran como materia prima, pagando exiguas regalías en las provincias que tienen el recurso, sin respetar protocolos ambientales ni el derecho soberano de las comunidades de decidir sobre sus territorios en los que viven hace milenios. A partir del 10 de diciembre de 2019, se abrió una nueva etapa política. El presidente Alberto Fernández asumió sosteniendo en su discurso “somos un gobierno de científicos”. Vemos cómo, en el actual escenario de pandemia, la ciencia está jugando un rol central, tanto en las decisiones que el presidente va tomando, como en el desarrollo tecnológico en el campo de la salud. Da cuenta de lo que la ciencia argentina es capaz de hacer cuando se la tracciona desde el Estado Nacional, el NEOKIT-COVID-19, herramienta cien por ciento generada por nuestrxs cientificxs, y esencial para diagnosticar el virus de forma rápida, segura y fundamentalmente soberana. El 6 de marzo del 2020, apenas unos días antes de que se decretara el aislamiento social preventivo y obligatorio, se constituyó el Foro de Especialistas en Litio de la Argentina, que nuclea a más de treinta científicxs, representantes de todos los grupos de investigación sobre litio en nuestro país, provenientes de diversas áreas de conocimiento (ciencias sociales, economía, ciencias ambientales, ecología política, ciencias químicas, ingenierías, etc.), de fuerte carácter federal y con paridad de género. La actividad de este Foro, como tantas otras actividades, quedó suspendida durante la cuarentena, pero sus palabras resuenan en un momento que es propicio reorganizar las fuerzas para salir adelante y recuperarnos. Entre los pasajes centrales de la declaración del Foro, lxs cientificxs sostenemos nuestra firme vocación para articular las investigaciones y asociarlas a un plan de desarrollo nacional, inclusivo, federal, democrático y de sustentabilidad fuerte, poniendo a disposición el conocimiento público producido, priorizando la agregación de valor respaldada por las capacidades científico-tecnológicas, industriales y público-sociales y que tenga por horizonte la transición energética como vector de un nuevo desarrollo.