Derecho al TraVajo y a un Estado trans-travesti
En términos jurídicos-legales, el trabajo es un Derecho Humano consagrado en el artículo 14 bis de la Constitución Argentina. En el mismo, se establece el derecho protectorio, el derecho a trabajar, a hacerlo en condiciones dignas y equitativas, a la jornada limitada, al salario justo, al descanso y vacaciones pagas, y no distingue sexos ni géneros. Ahora bien, si intentamos relacionar estos derechos con las personas trans-travestis, nos encontramos en un gran callejón que debería tener salidas urgentes. La población trans-travesti argentina es uno de los grupos históricamente vulnerados en sus derechos. Si se tiene en cuenta las condiciones de vida de las mismas, se puede decir que el promedio de vida de una persona trans-travesti es de 35 a 40 años. Que la mayoría abandonó a su familia por hechos discriminatorios. Que en la escuela y en los centros de salud, vivieron situaciones de violencia, y que la mayoría de las mujeres trans ejerce el trabajo sexual como único medio de sobrevivencia. En nuestro país, la consolidación organizativa de la población trans-travesti ha logrado el reconocimiento del derecho a la identidad y a la salud integral, materializada en la Ley de Identidad de Género. Además, en el 2015, se sancionó la Ley de cupo laboral trans en la legislatura de Bueno Aires. La ley, establece un cupo no menor al 1 % de empleo formal en la administración pública y en empresas privadas concesionarias de servicios públicos. Esta ley fue sancionada en 4 provincias más, pero ha encontrado grandes dificultades para ser implementada. Por otra parte, un sector de organizaciones plantea la inclusión laboral trans-travesti y no así el concepto de cupo, ya que al hablar de cupo se establece un techo para el acceso al trabajo, y las personas trans-.travestis no necesitamos un tope, necesitamos que a todxs se nos incluya, acompañe y proteja en nuestros procesos de acceso al mercado laboral, frente a tantos años de desidia por parte del Estado. En cambio, por otro lado, se pregona la Ley Integral Trans a nivel nacional, cuyo contenido abarca todos los ámbitos de la vida: trabajo-vivienda-educación-salud y la no discriminación en ninguno de estos ámbitos. Es decir, este proyecto pretende asegurar a las personas trans-travestis, el ejercicio pleno de sus condiciones de igualdad de sus derechos y libertades. Hoy, en este contexto de aislamiento social, preventivo y obligatorio, se ha puesto en evidencia las dificultades para subsistir del colectivo trans. La propagación del Covid-19, ha dejado expuesto que el artículo de la constitución, el cual consagra lxs derechos de lxs trabajadorxs, no es para todxs por igual. El colectivo travesti-trans de trabajadoras sexuales exige que se reconozcan sus derechos laborales, pero encuentran una gran barrera de estigma y prejuicios para ser reconocidas como tales. Mientras tanto, son amenazadas con ser echadas de sus viviendas alquiladas, ya que la mayoría se encuentra en déficit habitacional y, por lo tanto, deben alquilar pensiones y hoteles a precios altísimos por ser travesti y trabajadora sexual. Sin ingresos económicos, el sindicato y las organizaciones son las que acompañan y protegen. De igual manera, se encuentran lxs que buscan otras oportunidades y necesitan políticas públicas a corto, mediano y largo plazo. En este sentido, hemos visto que el Estado está presente. Se está haciendo cargo de lxs ultimes de la fila y este es el camino que debería seguir. Rita Segato, menciona en una entrevista que estamos ante un “Estado materno”, haciendo referencia a que la gestión “Albertiana” nos cuida y protege, como la posición de las mujeres desde sus espacios. El concepto ha provocado discusiones dentro de los feminismos, pero es interesante lo que plantea Rita. La Antropóloga habla de una novedad de gestión, de un Estado que sale al cuidado de la gente. Siguiendo la línea de análisis de Segato, pensaba en el rol de lxs trans-travestis trabajando en el Estado (pocas, por cierto). Travestis-trans que también saben del cuidado de otrxs, de vivir en comunidad, de la exclusión y la desigualdad social. Actualmente, lxs trans-travestis que lograron acceder a puestos de toma de decisión en el Estado, están pensando por y para sus pares. Están pensando en el diseño de las políticas desde una cuestión no binaria. Desde una perspectiva federal con derechos para todxs. Si, todxs y también todes, palabras disruptivas que implican no solo una cuestión de interpelar el lenguaje, sino también implican un sentido de la acción, de mover las estructuras estamentales, las prácticas culturales sexistas y violentas, la política de la vida. Yo no me atrevo a vaticinar como seguiremos después de la cuarentena, pero si me atrevo al deseo, de que la palabra trabajo se escriba con v de travesti-trans. Julieta Paz