LA ADQUISICIÓN DEL PASADO
Hoy a las 19:30hs en la sala María Adela Agudo de la Feria del Libro de Santiago del Estero se presenta "La pelota de la luna", 25 poemas de Jorge Rosenberg. El libro es una reedición que realiza Editorial Mundar, treinta y cinco años después de su primera y unica publicación. La presentación estará a cargo de Elisa Piccoli y Francisco Barrionuevo Sapunar.
En este texto el autor reflexiona sobre la importancia de la obra poética
y la decisión editorial de recuperar el pasado.
Voy a comenzar, para
serle fiel a las exigencias de la literatura contemporánea, partiendo por la
autorreferencialidad. A Jorge Rosenberg lo descubrí sinecdóquicamente como el
escritor que escribía cuentos sobre Santiago del Estero en la contratapa del
diario. Más tarde nos conoceríamos sin presentación formal a través de nuestros
escritos, yo había comenzado a escribir y él había tenido la consideración de
premiar mi obra en no sé qué concurso por lo que quería que nos pongamos cara.
Antes de vernos en persona, cambiamos un par de palabras por una llamada
telefónica en donde me contó con detalle y adjetivación suprema su enojo con el
clima porque tenía muchas reuniones y no paraba de llover. En ese momento
cambié la perspectiva acartonada que mi yo adolescente tenía sobre los
escritores y comencé a admirarlos como una especie comprometida que no separaba
su vida de su obra.
La reedición de una
obra es siempre un hecho festivo. Mucho antes de la existencia de algoritmos
que nos sugirieran en los mundos del entretenimiento y la erudición, el ser
humano supo crear un cúmulo de obras que se consideraron dignas de ser
preservadas y transmitidas. El trabajo de custodia recayó desde entonces en los
lectores, es decir en la sociedad toda, que decide cuáles obras llevan consigo
particularidades tales que no deben caer en el olvido. Hoy toca reencontrarse
con el primer libro de poesía de Jorge Rosenberg.
La pelota de la luna es
un flujo de sensaciones opuestas que convergen. A lo largo de los 25 poemas que
conforman el libro, una sucesión de imágenes se reflejan en la boca del yo del
poema reclamando por un paisaje que contrasta con su memoria. La pérdida –la
pérdida de la infancia, de su Jerusalén, de los amores pasados- genera dolor inevitablemente,
pero lo interesante radica en que ese dolor se utiliza como excusa para
encenderse y enfrentarlo. La mutación nacida del quebranto. Expresamente dirá
Jorge en uno de sus versos “mi dolor es tal vez mayor que ayer/pero mi mano ha
dado vuelta una baraja/para seguir viviendo”.
Lejos del caos, pero
presintiéndolo a cada instante, Jorge Rosenberg crea en este libro de poemas
una extensa mitología que se condecirá con el Jorge narrador, porque el
personaje en cuestión es ante todo un escritor de todas las letras. Un alma
perpetua que cambia constantemente en la búsqueda de la armonía de la belleza y
no duda en entregarlo todo por ello. Una sensibilidad atormentada que no teme
sino que se planta y expresa desde dentro nuevos ecos de una condición que
retumba desde siempre.
Así como el pintor del primer poema, Jorge Rosenberg se entrega al homenaje de un pasado ahora imaginario pero siempre presente en su accionar: el hombre hace mientras recuerda, y sigue haciendo porque lo ha elegido así y otra cosa no le sale.


