LA ALABANZA
Ayer partió al gran silencio Alberto "Ari" Paz, inmenso cantor de todos los patios santiagueños, dueño del mítico "Bar de los cabezones" y de una garganta templada en las guitarreradas amanecidas. Todo su sentimiento compartía cuando interpretaba una chacarera, una zamba, un gato, una canción, una vidala. Toda su lucidez y picardia encendía las rondas de amigos. Seguirá siendo una cita ineludible entre quienes tuvieron la dicha de conocerlo, un montón de historias imborrables repartidas, un ejemplo de amistad sincera con la vida.
Desde revista Mundar queremos despedirlo con este sentido texto que escribió Felix Demasi. Aquí tienen una mágica anécdota que entrelaza la juventud cantora de Alberto Paz, Ramon Paz y Meca Helman, la sabiduria de Atahaulpa Yupanqui y el vuelo preciso del Cachilo Diaz.
Toda "La alabanza" es hoy para el querido "Ari" Paz.
“…Sí, la tierra señala a sus elegidos.
Y al llegar el final, tendrán su premio,
Nadie los nombrará,
Serán lo anónimo,
Pero ninguna tumba guardará su canto”.
de Destino del Canto, Atahualpa Yupanqui
Santiago del Estero tiene una
región mágica, que inspirará a poetas y cantores y de la que se cuentan
historias de salamancas y diablos. Es Salavina. Hacia allí partirán en
procesión artistas de todo el país buscando “el rostro indio de la aloja, como
dice Carlos Artayer, y beber el corazón ebrio de vainas”[1]
de la chacarera. La leyenda circula y
por eso viajarán unos amigos a bautizar a un pianista que no podía tocar la
trunca y quería aprenderla. Vení, cuentan que le dijeron, para aprender la
trunca tenemos que bautizarte en Salavina. Ese día, en un bobadal, bautizarán con
tierra al músico en un ritual telúrico y singular.
Claro que las personas que nacen
por esa zona, ya nacen bautizadas. La tierra y el viento norte hacen su trabajo
y si deciden dedicarse a la música, el santiagueño ya ha pasado por el ritual.
Será por eso que en las casas los changos y las chicas con sus bombos tienen ese
toque sincopado que parece esconder un golpe y desafiar al zapateador en su
arte. En Salavina la vidala temprana y
la chacarera sincopada acunan a los changuitos y changuitas que sueñan en las
noches campesinas. En esa geografía hostil para el foráneo, el 23 de marzo de
1905, nació Julián Antonio Díaz, más conocido como el Cachilo. Transitó la
niñez entre el campo y la ciudad. Donde forjo su carácter y templo su alma. Desde
chico sintió el llamado de la música tocando varios instrumentos armónica,
violín, guitarra, eligiendo esta última como compañera de viaje. Con su hermano
Benicio al bandoneón, forjaron temprano el folklore argentino. Benicio, más
conocido como el Soco, se ira despacito a fines de los 40 y su hermano seguirá
el destino del canto en soledad. Años
más tarde el Cachilo recibirá la visita de los Hermanos Paz que traen un
mensaje de Atahualpa Yupanqui.
En septiembre de 1963 el tren
Estrella del Norte partirá a Bs As. Durante años el tren ha trasladado a
nuestra gente y sus sueños. Los ha llevado a Buenos Aires para cambiar el
destino de cada uno. Miles de personas durante años, en un lento goteo
demográfico y poblacional. Es una afirmación de la calle la que sostiene que en
Buenos Aires viven la misma cantidad de santiagueños que en toda nuestra provincia. Años de desgobierno
sustentan la afirmación popular. Un exilio interno que no cesa de sangrar y que
hace que familias enteras, principalmente campesinas, se instalen forzosamente
en la capital del país para buscar otros horizontes que les permitan dar a sus
hijos e hijas las oportunidades y comodidades que ellos no han tenido: agua,
luz, gas, educación, seguridad y tantos otros derechos que los de las ciudades
no valoramos. Porque es una afirmación común decir que en Santiago dormimos la
siesta y no trabajamos pero les pregunto, ¿no creen que los campesinos y
campesinas debieran recibir premios solo por vivir en esas condiciones, ajenos
a la vorágine de las ciudades que impone la modernidad y el supuesto progreso?,
pero ese es otro tema. Vuelvo al tren
que va a Buenos Aires. En ese tren viajarán los ganadores provinciales
del concurso de canto organizado por el Automóvil Club Argentino a participar
de la final nacional en Buenos Aires, “Las voces del Quebrachal” integrado por Ramón
Paz, Alberto Paz y Guillermo Helman. De la misma competencia participará el
grupo de Juan Falú representando a Tucumán. Los santiagueños irán acompañados
por el padre de Guillermo como adulto responsable porque son muy jóvenes. Esa
noche en el tren después de comer se tocará la guitarra y se cantará. Años más
tarde, en Santiago del Estero, Juan Falú contará que esa noche, en ese tren,
descubrió la guaraña cuando el padre de Guillermo tocó “Mis Noches sin Ti”.
El jurado del Concurso estará integrado entre otros por Atahualpa Yupanqui. Ese año los Santiagueños cantarán: “La Olvidada” y “De mis pagos”, zamba que tendrá una observación del jurado por un arreglo en el estribillo, les descontaran puntos por salirse de la coreografía de la zamba, pero pasarán a la final. Desempatarán con un conjunto que representa a San Juan cantando un viejo gato que solía interpretar Gardel y Razzano, “Del Infierno Adelante”. Yupanqui percibirá que ha encontrado lo que estaba buscando. Los santiagueños ganarán el concurso y volverán con el premio bajo el brazo. Pero conseguirán otro galardón, el premio mayor, ese que no se otorga en los concursos. Atahualpa los invitará a su casa a compartir una tarde. La tía de los Hermanos Paz y el padre de Helman acompañaran a los músicos al departamento cerca del Hipódromo de Palermo. Allí conversarán y cantarán. Esa tarde serán el único público del concierto de guitarra de Atahualpa. Antes de la partida Yupanqui les pedirá un favor. Metiendo la mano en su saco, buscará un papel escrito de su puño y letra y les pedirá a los santiagueños que lleven ese recado al Cachilo Díaz.
Al volver a Santiago conversarán
con el Tushca y le contarán que vienen con un mensaje de Yupanqui para su
padre. El Cachilo se pondrá muy contento y leerá en voz alta: Viejo canto de mis
pagos/viejo como el salitral/alabanza chacarera/ te quiero cantar. Es la letra
de la chacarera “La Alabanza” que empezará a dar la vuelta al mundo, será grabada
por músicos de todo el país y Mercedes Sosa llevará a su punto más alto en su
disco en Homenaje a Yupanqui, con las guitarras de Pepete Bertiz y Colacho
Brizuela, el bajo de Oscar Alem y el bombo de Domingo Cura.
Esa chacarera que los Cabezones Paz cantarán en cada asado con los amigos, la interpretarán en el escenario con el “Patio Santiagueño” y la enseñaran a los hijos, como un credo pagano, para que afirmemos con Atahualpa que nada resulta superior al Destino del Canto.

[1] La Moledora, poema de Carlos Artayer.