LA ARQUITECTURA COMO HERRAMIENTA COMUNITARIA

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Viernes, 24 de Julio del 2020

LA ARQUITECTURA COMO HERRAMIENTA COMUNITARIA

La arquitectura tiene como tarea el análisis y diseño del hábitat de una persona particular, de una familia o de un colectivo social, el cual debe llevarse a cabo teniendo en cuenta las culturas, prácticas de vida diferentes y el contexto inmediato. Es decir, las demandas son heterogéneas. Sin embargo, la formación académica responde a un modelo hegemónico (urbano-capitalista-heteropatriarcal), brindando a la sociedad un modelo de profesional que esté al servicio de la clase alta o media alta. En su mayoría y sin desconocer las iniciativas por modificar esta realidad, los proyectos varían entre grandes desarrollos urbanos, viviendas individuales o colectivas, barrios cerrados, grandes centros comerciales, entre otros. A la vez, los modelos de arquitectos a seguir son por ejemplo Cesar Pelli, desconociendo la existencia de su hermano, el cual también es arquitecto y trabaja sobre hábitat popular, Víctor Pelli.  Todo esto se aleja de la realidad social como también de la profesional e invisibiliza la multiplicidad de caminos que puede tomar un/a arquitecto/a de acuerdo a la realidad que nos toca vivir. 

Las desigualdades con respecto a la configuración del hábitat es una característica clave en Latinoamérica, incluyendo nuestro país y provincia, la cual ha sido visibilizada por organizaciones populares y desde algunos sectores de la práctica profesional y académica. Actualmente, esta realidad ha generado una gran preocupación con la aparición sorpresiva de la pandemia del COVID – 19 y el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO), dado que para “quedarse en casa” en primer lugar hay que tener una casa y en segundo lugar, la misma debe tener determinadas condiciones: servicios básicos y espacio suficiente de acuerdo a la cantidad de personas, entre otras. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en el 2010, teníamos en la provincia 16.509 hogares en condiciones de hacinamiento y  25.482 hogares que no contaban con agua potable dentro del terreno ni la vivienda. Asimismo,  existe una desigual distribución en el acceso a la educación, al trabajo, a la alimentación y a la salud, derechos humanos básicos. 

Esta situación ha revelado dos cosas: por un lado, la responsabilidad del Estado como garante de derechos, en este caso el derecho al hábitat adecuado para toda la población; y por el otro, la importancia de las políticas autogestionadas de las organizaciones sociales, las cuales son invisibilizadas y desestimadas. 

Por su parte, el Estado interviene con políticas públicas, inversión que ha sido mayor en los gobiernos progresistas. Sin embargo, las soluciones habitacionales que se implementan son ineficientes en cantidad y calidad, principalmente porque se sostienen desde una lógica hegemónica (urbana-capitalista-heteropatriarcal), sin la participación de los/as destinatarios/as (por ejemplo, el Plan de Erradicación de Ranchos que promueve la construcción de viviendas con características urbanas sin tener en cuenta las particularidades de la vida rural). Por otra parte, los sectores populares urbanos y rurales profundizan los debates y las luchas por conservar y mejorar su propio hábitat, su tierra, sus costumbres y han diversificado sus estrategias de subsistencia, con el objetivo de afrontar la pobreza y la desigualdad en las que este modelo los ha colocado. 

En ese contexto, ¿qué rol tenemos los/as arquitectos/as? Considero que las responsabilidades varían de acuerdo a los espacios que ocupamos en nuestra actividad profesional, pero es necesario comprender que tenemos herramientas que se pueden poner al servicio de la sociedad para mejorar las condiciones de vida y de habitar, disminuyendo las desigualdades. 

Particularmente, una (entre tantas) maneras en la que considero podemos aportar es en el apuntalamiento de estas luchas colectivas y la visibilización de otros modos de vida y de habitar. Para esto es importante tener en cuenta:

Una base organizativa: es importante partir de la base de una organización social que empujen los procesos de mejoramiento del hábitat y genere las demandas, y/o sostener y sostenerse en proyectos colectivos. En principio, se puede partir del rol técnico que tenemos para luego generar debates más profundos sobre otras necesidades de las organizaciones, de las comunidades, sobre el rol de las mujeres en el proceso de diseño y construcción del hábitat, sobre los materiales y técnicas constructivas, entre otras. Esto nos permitirá ayudar a consolidar otros procesos latentes en los barrios y/o comunidades. 

Generación de un vínculo: la demanda de nuestras herramientas profesionales es una puerta de entrada para la vinculación con estas organizaciones. Una participación sostenida en el tiempo nos dará margen para poder profundizar en lo planteado en el punto anterior.

Diseño participativo: partiendo de los saberes propios de los sujetos, familias o comunidades, el rol del/a arquitecto/a es el de poder escuchar, realizar una lectura del programa de necesidades y diseñar opciones de espacialización de las mismas. Uno de los antecedentes más importantes en este sentido, es la metodología de diseño participativo planteada por el Arq. Rodolfo Livingston. Si bien este método ha sido desarrollado en el diseño de viviendas particulares principalmente, también puede ser aplicado a diseños comunitarios. 

Por último, recalcar que trabajar desde la arquitectura sobre el diseño del hábitat popular de manera participativa y poder vivir de ello, es un desafío para quienes emprendemos este camino y es parte de los debates de diferentes colectivos que se organizan y reúnen en diferentes ámbitos.   


Ana Garay

Arquitecta - Doctora en Ciencias Sociales

Becaria Posdoctoral CONICET "Hábitat" 

Comité de Redacción Revista Trabajo y Sociedad | ISSN 1514-6871 

Instituto de Estudios para el Desarrollo Social (INDES), FHCSyS/UNSE- CONICET

ANEXO. Av. Belgrano (s) N°2180, Santiago del Estero, Argentina

Teléfono: (0385) 4226386 interno 119 | Correo: nuevoindes@gmail.com





FOTO 1: Proyecto Consultorios de Arquitectura en el Barrio Álvarez Condarco, San Miguel de Tucumán. Grupo TierrHa. Año 2010




FOTO 2: Territorio de la Comunidad Indígena Los Chuschagastas. Ñorco, departamento Trancas, Tucumán. Imagen tomada en el marco de investigación doctoral. Año 2017




FOTO 3: Vivienda de adobe, Comunidad Indígena Los Chuschagastas. El Chorro, departamento Trancas, Tucumán. Año 2015




FOTO 4: Casa de la Mujer y las Disidencias en el Barrio Bosco II, Santiago del Estero. Año 2020




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