La casa de los libros
La casa de los libros
Sostiene Jorge
Luis Borges[i]
que, hubo una vez un hombre que podría ser considerado el hombre más extraordinario
de la historia, se refería a Emanuel Swedenborg. En su sistema, el libre albedrio se ejerce
incluso mas allá de la muerte. Al morir, la persona no se da cuenta
que ha muerto y sigue su vida como si nada; nota que las cosas son más vívidas,
más intensas. Conoce ángeles y demonios y después de conocerlos elige porque
camino tomar. En su doctrina, el hombre tiene en la vida la responsabilidad de
salvarse, no solo por su comportamiento ético, sino también intelectualmente. Es
responsabilidad de cada uno hacer este trabajo. No basta para Swedenborg con
ser justo, es importante también la inteligencia para lograr la salvación. Al
llegar al cielo, cada uno proyectaría su cielo de acuerdo a como ha sido su vida
y, si no has buscado la inteligencia, también vos puedes ser indigno del cielo.
Cuando releo esta
conferencia pienso inmediatamente en el cielo que nos espera a los que nos gusta
leer y sueño que tiene la forma de una biblioteca. Un lugar donde los goces y
los placeres de la vida están potenciados. Me detengo a reflexionar sobre esta
idea y me doy cuenta que no tiene nada de nuevo, que ese sueño ya ha sido soñado
por cada persona que, desde 1870, viene fundando bibliotecas populares en
nuestro país, quienes no han debido esperar la muerte para llegar a ese cielo,
sino que se han decidido a construirlo aquí, en esta etapa de la vida. Su cielo
es hoy, el más allá puede esperar.
Las primeras
bibliotecas en nuestro país respondían a la lógica de clases cultas de fines del
siglo XIX quienes habían logrado que una “minoría ilustrada” sea la que marque
el pulso de los lectores. Es con la popularización de las bibliotecas cuando
cambia la lógica dominante y entra en escena un actor que poco a poco irá
ganando terreno, no solo en la cultura, sino en toda la vida nacional. El 23 de
septiembre de 1870, durante la presidencia de Sarmiento, se dicta la ley
nacional n°419 de fomento para la creación y desarrollo de las bibliotecas
populares en todo el territorio de la República, con el objeto de difundir el
libro y la cultura y este hecho transformará poco a poco a miles de personas en
lectores.
La biblioteca imposible
Muerto Alejandro
Magno, sus generales, al no poder mantener la unión del imperio, entraron en
una lucha las tierras del imperio del griego. Es así que uno de ellos, Ptolomeo
I, logró hacerse de Egipto y con el objeto de desarrollar el predominio griego
sobre el país dominado, mandó a construir una biblioteca que soñaba, pudiera
albergar todo el saber del mundo. Sostiene la escritora Irene Vallejos al
referirse a la biblioteca de Alejandría que: “Los libros que allí se reunieron, al alance de la gente culta de la
época, se copiaron y generaron una multiplicación de ejemplares que fueron a
parar a viviendas y colecciones privadas, donde los libros sobrevivieron en los
tiempos duros de la Edad Media tras la caída del imperio romano, cuando fueron
saqueados y destruidos los grandes centros de cultura. Todos los libros
de hoy, pasando por los monasterios medievales, se remontan a la Biblioteca de
Alejandría, donde nació un programa de conservación y salvamento que ha
permitido a esos textos llegar hasta nosotros.”
La conservación del
conocimiento alojado en los libros ha sido una función destacada de las
bibliotecas, pero no la única. En nuestro país el acceso al libro a fines del siglo XIX fue promovido por las
bibliotecas, así como también la libertad
de elegir las obras para los lectores y el no menos importante préstamo domiciliario de la obra. Sin embargo,
a principios del siglo XX esta tendencia fue siendo controlada por facciones
conservadores que buscaban tutelar la educación y ello impacto en el manejo de
las bibliotecas populares.
Con el éxito y
fracaso en simultaneo de las políticas inmigratorias del proyecto liberal de
1853, y con el apogeo del anarquismo en nuestro país entre 1898 y 1905 se dio
un florecimiento de las bibliotecas populares en todo el país. Con el
advenimiento de la participación popular y el involucramiento de la iglesia
católica, así como también de los partidos políticos, las bibliotecas impactaron
definitivamente en la vida de las clases populares y “posicionaron al libro y a
la lectura como el elemento definitivo de un renovado estatuto de
valores y expectativas ligados, en general, a las aspiraciones de progreso
social”[ii].
La Defensa de la Biblioteca
El golpe de
estado de 1955 y el cambio de las políticas públicas impactaron en el
desfinanciamiento de las bibliotecas populares. Hoy se ven nuevamente en
peligro por la reforma tributaria de la gestión anterior y que establece que a
fines de este año la CONABIP dejará de recibir fondos especiales para su
financiamiento.
El día 21 de
septiembre el Consejo Federal de Cultura integrado por las máximas
autoridades de Cultura de las 23 Provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, reafirmaron el apoyo a la media sanción del proyecto de ley
aprobada en junio de este año por Diputados que propone la extensión, por el
término de 50 años, de los fondos específicos que financian el INAMU, INCAA,
INT, RTA S.E., ENACOM, DEFENSORIA DEL PUBLICO DE SERVICIOS DE COMUNICACIÓN
AUDIOVISUAL y las Bibliotecas Populares a través de CONABIP y solicitaron al Senado
que trate y apruebe, en tiempo y forma (antes de su vencimiento parlamentario y
sin modificaciones) el proyecto de Ley con media sanción para ser incorporada
al presupuesto 2023 y su entrada en vigencia a partir del año venidero.
La historia nos
demuestra la importancia de las bibliotecas para nuestro desarrollo como
civilización. Paradojas de la vida seguimos sin advertir la importancia capital
que representan hoy en día. En muchas ciudades de Santiago del Estero las
bibliotecas populares funcionan como centros culturales, en algunos barrios de
nuestra ciudad capital también. Ellas cumplen diversas funciones y si tienen a
su cargo a gente comprometida con la gestión desarrollan actividades de
promoción de la lectura, como ha pasado recientemente en la biblioteca del Barrio
Autonomía que realizó actividades coordinadas con la escuela para la maratón de
la lectura el día viernes próximo pasado.
Según un
relevamiento de la Secretaria de Cultura de la Provincia, Santiago del Estero
tiene 66 bibliotecas populares[iii]
ubicadas en diferentes puntos de nuestra provincia destacando que cerca de 40
se ubican entre Santiago y La Banda. Las Bibliotecas necesitan de los vecinos,
de gente que quiera organizarse y promoverlas. Según el web de la CONABIP[iv]
la biblioteca popular puede ser creadas por “la iniciativa de un grupo
de vecinos de una comunidad…(esta) Ofrece servicios y espacios de consulta,
expresión y desarrollo de actividades culturales, de la lectura y de extensión
bibliotecaria en forma amplia, libre y pluralista.” Sabemos que es una
actividad altruista y que depende de los ciudadanos crearlas y mantenerlas. El
Estado viene acompañándolas desde 1870 a través de la CONABIP.
Estas palabras sueltas buscan contagiar la alegría de hacer
cosas para nuestra comunidad y celebrar el ejemplo de tantos/as
bibliotecarios/as que dia a dia suman con su acción al desarrollo de nuestra
cultura. Solo cuando comprendemos la importancia de este silencioso trabajo;
cuando advertimos que el conocimiento es el camino para la igualdad y cuando
luchamos por un proyecto común, vamos a ser capaces de valorar la tarea
ciclópea de gente que, como los bibliotecarios/sa, nos ofrece, cada día, la
oportunidad de alcanzar con ellos el cielo prometido por Swedenborg.
[i] Conferencia dictada el 9 de Junio de 1978
en la Universidad de Belgrano por Jorge Luis Borges
[ii]
Planas, Javier Historia de las bibliotecas populares en la Argentina entre 1870
y 1955: Antecedentes bibliográficos https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.9586/pr.9586.pdf
[iii] https://www.santiagocultura.gob.ar/bibleotecas/listado-de-bibliotecas.html
[iv] Comisión Nacional de Bibliotecas Populares