Por
Gladys Loys
Lunes, 27 de Septiembre del 2021
LA MUERTE NO LO ABSUELVE
25 de septiembre de 2021
Un solo pájaro negro puede ensombrecer todo el cielo,
pero basta una golondrina para esperar del verano cielos luminosos.
Fuimos testigos también de la infamia de un Estado con sus funcionales descuidos de la vida
El represor que hoy ha muerto es un participe alevoso del genocidio argentino. Ha muerto preso, condenado por la justicia argentina por crímenes de lesa humanidad. Aunque sus acciones de muerte, habilitadas por gobiernos del estado provincial santiagueño, se ensañaran localmente, su irradiación pública comprendió la vida más allá de lo inmediato y directo. Por eso, las manifestaciones son públicas y multiplicadas. Se repiten, como en muertes anteriores, las de aquellos que cargaron nombres como Menéndez y Videla, para la galería genocida del mundo.
Nadie se duele ante la muerte de éstos. Pero deja deudos, la celebración de las victimas hablan de una muerte que deja deuda no saldada.
Es un represor más pero no cualquiera. Esta muerte es un suceso público. Ha concentrado por obediencia y gusto toda la crueldad del más violento ejercicio de exterminio sobre los otros. Sus actos fueron públicos para disciplinar lo oponente. La tortura feroz lo ha distinguido, acopiando para sí la crueldad mejor aprendida, recreada y disfrutada. Lo vivimos, fue una sombra que ennegreció nuestro cielo. Y en el atisbo de sol que con su encarcelamiento logramos tomamos aire para que sea memoria, para saber a dónde se llega si dejamos que suceda.
Mural de Pavel Egüés, se encuentra exhibido en la Fiscalia de Quito, Ecuador.
