CARTAS NÁUTICAS PARA EL REMANSO

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Martes, 21 de Marzo del 2023

CARTAS NÁUTICAS PARA EL REMANSO

En el día mundial de la poesía, compartimos esta reseña escrita por Leticia Auat sobre el poemario "La mujer suelta" de la poeta Gabriela Alvarez.



Extimidad hospedada por lo profundo

como aquellas superficies

que forman las densidades del sueño

cuerpo textura

cuerpo escritura

errancia


Extracto de Incluso el vacío 

Marilina Arbeloa


La Mujer Suelta es el poemario ganador del primer concurso municipal de poesía Clementina Rosa Quenel. Su autora es Gabriela Álvarez y lo que presenta tiene el sello de una poesía que acontece en la exploración de la propia voz. A semejanza de su poemario anterior, este libro se compone de dos tiempos y su relato se siente profundamente íntimo, aunque Gabriela sea una presencia en retazos, de a jirones. 

Como un humano recién traído al mundo, su búsqueda comienza con las texturas y las formas del espacio más cercano poniendo a prueba las rodillas, la saliva, la piel. También la precisión de las palabras. Las palabras puentes que viajan y retumban contra las cosas como un SONAR que le avisa sobre los objetos del mundo para cuidarse de sus esquinas, de los objetos sumergidos bajo el lenguaje, del espectro de lo humano y sus irregularidades. Si aún no lo han escuchado, el eco del SONAR es un pulso, un latido metálico, profundo. Aquí las palabras se dicen para esto, para provocar ecos y reverberancias en el cuerpo y en el mundo como si fuera la misma cosa. La palabra así es un material orgánico. Los propios movimientos se contemplan como un lenguaje extraño con el que luego podrá comunicarse con ella misma ¿Se puede habitar la herida? Se asume un cuerpo, un cuerpo asignado que la aventaja. En baja frecuencia, baja intensidad, las cosas parecen suceder en una escucha secreta del tiempo. Gabriela por momentos observa el plano dibujado para ser el punto ciego en el paisaje. Lo que sucede se deshace rápidamente, una huella en el agua para insistir con otra piedra. La escala es muy pequeña, el plano va de la mano al agua, a sus corrientes y a su inmediata profundidad. La hospitalidad está en las cosas hechas, dadas, anticipando la indiferencia de la gramática. 

Por momentos tengo la sospecha que el relato va en busca de la palabra como cosa, como juguete y por eso Patio interno es un primer tiempo del libro que La Mujer Suelta continúa como búsqueda en este pasaje-tiempo que es la escritura. Aparece la desilusión de saberse pura consciencia, lo real se desagrega, como una paisaje dentro de otro que se extingue. Ahora la autora sale de ese trance de un tiempo detenido. La existencia es un peso que detiene el vuelo de los vestidos, un retraso del amor, de lo que se pierde y se vulnera en el reconocerse. Así la mujer, la mujer sexuada, Gabriela inconclusa, es central en su propia obra. Resuelve y registra con destreza y elabora las cartas náuticas para dibujar su propio territorio, alguna certeza, en esta colección de autorretratos que colocan su mismidad como rasgadura de la obra artística. Aparece la permeabilidad de la piel que necesita decir hasta aquí el mundo, hasta aquí Gabriela. La piel, esa bolsa que guarda y protege a la mujer que crece, como una incubadora. Una bolsa y la ropa la extensión amorosa que guarda la memoria que la piel no puede retener, porque todavía no es del todo arquitectura, del todo enredadera. Llegar a la casa siendo una y otra con sus ancestros a un lugar reconocible, extensivo a la palabra. Y así y entonces Gabriela es un animal que habla, mira y relata. 









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