LA NOSTALGIA SANTIAGUEÑA TAMBIEN ES JURIDICA
Hablar de esto implica ponerse tediosamente
autobiográfico. Una suerte de narrativa equivalente a quienes publican sus
recorridos en bicicleta en las redes sociales, con la íntima convicción de que
difícilmente les importen a nadie más.
Quien escribe es nacido y criado en Santiago Del
Estero departamento capital con ancestros loretanos y suncheños, entre otros
varios, que condimentan la inclasificable heterogeneidad de la propia historia.
Graduado de abogado en la universidad local, la UCSE,
"La Católica", como se le llama a mi alma mater, en un plazo
previsible. Pero en paralelo, surcado por una plétora de ocupaciones, que
fueron desde ser dependiente de una empresa de emergencia médica, hasta
empleado judicial del "Civil Banda", con veleidades de docente particular
y circunstancial periodista y locutor radial.
Después, la profesión liberal de abogado me llevó a
trabajar en el interior de mi provincia, Añatuya y Bandera, para terminar
(¿terminar?) , radicándome en la provincia de Catamarca, por circunstancias que
reúnen al corazón y al estómago.
Y a pesar de que esta tierra adoptiva me brindó tantas
cosas que no puedo terminar de agradecer, confieso que descubrí en mí un
verdadero inadaptado.
Inexorablemente, la nostalgia , el "nostós
algeos", el dolor por volver, ha persistido como una enfermedad
autoinmune, que se vale de la comparación como herramienta de asfixia.
Los escritos son distintos. Las cédulas se ven
diferentes. Los oficios de embargo, tienen otro nombre. Los recursos y etapas
procesales se parecen pero sólo superficialmente.
Debo pedir perdón a los magistrados de esta provincia
bella y montañosa, por mí insoportable costumbre de citar jurisprudencia
santiagueña para fundar mis defensas. A los miembros del colegio de abogados,
por establecer como parámetro de comparación instituciones santiagueñas. Y cada
uno de mis amigos de ese valle en medio de las montañas, por mi recurrencia de
anécdotas que tienen a Santiago como protagonista y medida de todas las cosas.
Valoro enormemente la tolerancia de estas gentes que
no me expulsaron de su ámbito, fundadamente hartas, ante mi, reitero,
inoxidable inadaptación.
Vivir cerca geográficamente, confieso que no ayuda.
Uno descubre con tristeza, que cuando se trata de nostalgia, da lo mismo que
sean doscientos kilómetros o dos mil: sencillamente, todo lo que te resulta
familiar e identitario, está en otra parte.
Y no hay éxito profesional, ni reconocimiento
colectivo, ni aplauso , que pueda mitigar la enfermedad autoinmune de sentirse
protagonista de la más triste de la chacareras: la que uno mismo ha escrito.
Porque volver con asiduidad, no mitiga la nostalgia:
lejos de ello, la sobrealimenta.
Bernardo Canal Feijoó, Orestes Di Lullo, Jorge
Washington Abalos tenían razón. Ser santiagueño es llevar dentro el germen del
retorno, y al mismo tiempo, el deber de controlarlo, para no ahogarse en esa
dualidad.
Citando a mi hermano Francisco, quién a su vez citaba
a una escritora que escapa a mi memoria: "Partir es partirse. En
dos".
Una esquizo-cardia. Un estar - sentir en dos lugares a
la vez, y tristemente, en ninguno.
El 29 de agosto, es el día del abogado. Y por azar, mi
nacimiento.
Son veinticinco años lejos, y la inadaptación, sigue
incólume.
Díganme que no soy el único. Díganme que la nostalgia santiagueña, también se escribe en papel forense.
