LA SANTIAGUEÑIDAD AL PALO

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Domingo, 30 de Mayo del 2021

LA SANTIAGUEÑIDAD AL PALO

Hablar de Añoranzas es hablar de nosotros, que sea nuestro himno y que lo cantemos forma parte de nuestras contradicciones y nuestro carácter.  Cuando pienso en un himno, lo imagino como una exaltación de las proezas de un pueblo, donde se cuentan sus triunfos y se enaltecen sus valores. Añoranzas no cumple con estas premisas no celebra una gesta, no canta las loas a la tierra de uno, no. Es la historia de una derrota, la historia del que se va, aunque quiere quedarse y para colmo de males no dice el por qué, no ahonda en las causas de ese exilio, solo nos cuenta que le duele partir y promete no olvidar su tierra.  

 “Los usos políticos de la nostalgia” aborda la construcción de la conformación del discurso en el campo del folklore y ubica a Añoranzas dentro del paradigma clásico donde se destacan “temas como la pérdida del pago natal, idealizado como espacio de la felicidad plena, que el migrante-cantor añora desde sus nuevas coordenadas temporo-espaciales, el presente urbano” dice Chaparro.  A partir de aquí explora el uso de este discurso y de la identidad, con fines políticos y las razones que llevan a celebrar una tragedia, la de un pueblo que vive añorando un pasado que no va a volver y que solo aparece como mejor en tanto y en cuanto el presente en el que canta sus penas es más cruel que el recuerdo que tiene de su pago.  

Esto no es exclusivo de Añoranzas y lo podemos observar esto en otras composiciones de la época. Pienso en canciones como La Nostalgiosa de Davalos y Falu en la que se extraña con idéntica nostalgia el paisaje, en este caso de cerros y montañas, al fondo de las calles. Esta ausencia genera en el autor el recuerdo de su tierra que lo acompaña donde quiera que vaya y que sirve de inspiración para cantar, herido, a su tierra lejana. También otros compositores, como los Hermanos Ábalos en su zamba Nostalgias Santiagueñas, se destacan las virtudes del pago desde un lugar nostálgico y al que añoran volver a buscar su sombra cuando se canse de andar. En estas, como en otras piezas de la época, la mirada sobre la tierra está plagada de ese sentimiento sin nunca referirse a las razones por las que tuvo que partir.  

El libro indaga las razones de este alejamiento, lee el uso que se le da a la obra y le hace preguntas. Así una lectura de Añoranzas pasada por el tamiz de la mirada crítica permite sostener al autor que “menos que adoptar Añoranzas lo que se adopto fue una parcializada y muy conveniente lectura de ella, lectura nostálgica que asocia el amor al pago con su recuerdo permanente y que por tanto fija a Santiago del Estero en el pasado, como si su historia ya no tuviera pliegues”. Chaparro no pasa por alto lo que Jerez denuncia, ni es indiferente al dolor que siente, entiende que el autor es parte de una gran masa de hombres y mujeres de todo el país que, entre las décadas del 30 y 40, han tenido de dejar su tierra.

La celebración del paisaje, de lo sencillo, del rancho, del fogón, asociado a la felicidad es una constante en las composiciones clásicas. La falta de criticidad, también. Un repaso desde esta mirada del discurso nos permite ver como naturalizamos situaciones donde las vulneraciones para el que vive en el campo son una constante. Esta actitud nos hace celebrar la pobreza, la precariedad y naturalizarla, pero a la vez nos vuelve incapaces de criticarla. En las canciones de esta época, hablar del pasado es hablar de lo que no se puede cambiar, es observar desde una distancia, física y temporal, lo que ya nunca más va a ser.

Es llamativa la ausencia de una mirada crítica dentro de las composiciones  en nuestra provincia. Pienso en algunas excepciones como “Pancho Raco” de Cristóforo Juárez y Fortunato Juárez cuyo tema es la explotación del hachero; en el “Calero” letra de Felipe Corpos y música de Pablo Mema ya en los 80 o en “la Chaquipura” que describe la pobreza con dolor pero casi no se atreve a criticar la situación, aunque en una lectura atenta salta a la vista. Nos referimos aquí a la producción de Santiago del Estero pero no dejamos de reconocer lo que paso en otra provincias con el Nuevo Cancionero, con Castilla, Davalos, Leguizamón, Petrocceli, Perdiguero o Lima Quintana y tantos otros que, a partir de los años 60, sí desarrollaron un nuevo discurso dentro del folklore.   

El libro también mira el presente y encuentra que es distinto lo que ocurre con el que se queda y que habla del aquí y del ahora. El nuevo discurso que se corre de lo bucólico del paisaje y vuelve a pensar en el hombre y su entorno donde lo social y la memoria también tienen un lugar. Tal vez Trullenque haya abierto el camino al centrar su mirada en el hombre y su trascendencia y Jacinto Piedra junto a Peteco Carabajal y Los Carabajal hayan sido los primeros en llevarlos al gran público. También compositores como Horacio Banegas, Pablo Mema, Roberto Cantos, Chuni Cardozo, Carlos Marrodan entre otros que, en los 80 y principios de los 90, tienen un rol central en la renovación de la composición, tanto en lo lirico como en lo musical. Esta influencia ha crecido a finales de los 90 y ya en la primera década de este siglo florece con la nueva camada de autores entre los que nombramos a Rally Barrionuevo, Juan Cruz y Santiago Suarez, Manuel Orellana y Rodolfo Lucca, Enrique Marquetti, Martin y Santiago Ábalos, Marcelo Mitre, Néstor Garnica, Nacho Sanchez, Marcos Barrionuevo, Daniel Patanchón entre otros.

En en final, observa el autor que en los años 90 “las elites políticas no solo capitalizaban su defensa irrestricta del folclore tradicional aceptado por “todos”, sino que además, apoyándose en él, propiciaban una representación de la realidad que desviaba la mirada de lo inmediato, de lo urgente, de lo actual, y, de ese modo se eximían a sí mismas de responsabilizarse por los agravios del presente.” Sin embargo, no se sorprende cuando, en 2005, se mantiene a Añoranzas como Himno Provincial y nos dice que la nostalgia se revelaba cómo un eficaz instrumento de control de la polis, sus gustos estéticos y sus decisiones políticas. Pensar en esto; tenerlo presente en nuestros análisis; mirar a la cara a “los usos políticos de la nostalgia” es, después de leer este texto, tarea colectiva.

 

 

 

 

 



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