LARGA VIDA A LA UTOPIA

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Miércoles, 15 de Diciembre del 2021

LARGA VIDA A LA UTOPIA

Hoy 15 de diciembre de 2021, la librería Utopía esta cumpliendo sus 10 años de vida. Daniel Abalos escribe sobre la librería y el café de la "buri buri".

Cuando me propusieron escribir algo acerca de "Utopía" y el café de la "Buri Buri", lo primero que pensé es : "debo evitar ser autoreferencial cómo siempre", pero al poco tiempo de pensar cuál sería el enfoque que le daría a estás palabras, me convencí de que dicho mandato sería imposible de cumplir. No tengo dudas que la mejor referencia que puedo hacer a propósito de este tándem de intelectualidad y gastronomía es a través de mi experiencia, que sin dudas resulta para mi mágica y especial. De más está decir  que mi acercamiento fue por los libros y está necesidad incesante que tenemos quienes amamos la lectura de estar rodeados por tan mágicos objetos. 

Recuerdo que mientras vivía en Tucumán con mi amigo el Chueco Alvarez, la librería "El Ateneo" era nuestro lugar preferido, y para mi, que era un adolescente que recién entraba en el mundo de las librerías, me parecía fantástico poder sentarme a tomar un café, escuchar música y leer, tanto así que cuando volví a Santiago cada vez que juntaba una platita me tomaba el colectivo y me iba un día al mes, solo a encerrarme en el Ateneo y mientras volvía me lamentaba por el hecho de no tener un lugar así en mi pago, quien iba a decir que hoy estaría escribiendo esto.

Para ser sincero no recuerdo exactamente cuando Utopía dejo de ser una librería, para pasar a ser un lugar en donde me empecé a sentirme como en casa. Como todo borrachín, lo primero que sé hacer es amistad con el "cantinero". Así creo que empezó una amistad con Dany y Silvia, quienes junto al amigo Félix son los héroes de esta pequeña historia, todos ellos desde un primer momento me adoptaron sin miramientos (ya es tarde para arrepentimientos) sabiendo que yo venía escapando de fantasmitas ...

Al poco tiempo ya estábamos un grupo de renegados cortando la semana en mesas redondas dónde las pastas de don Ledesma eran la vedette, se regaba con vinitos y así las historias aparecían. Las reuniones eran de 6,7 u 8 (ups!) personas, todos escuchando y esperando el giro final del cuento que Rosemberg con esa cadencia encantadora hace asomar entre gestos cargados de elocuencia y chistes siempre al límite. Félix y Seba charlando sobre chacareras y zambitas y yo comiendo "como hallao" como diría mi abuela. Así nos sorprendía la siesta y Dany hacia circular los cafecitos de algarroba, otro de los placeres que uno solo puede darse en la buri buri. Así fue que entre corte de miércoles, lectura, pastas, charlas interminables y mucha amistad,  me encontré ya sentado todas las mañanas con mi computadora trabajando, citando a clientes a "la mesa del fondo del bar la buri buri", y sintiéndome culpable si por alguna razón me veía comprando algún libro en otro lugar. Empece a  hacer todo lo posible para que la mayoría de gente se acercara al que para mí ya es mi hogar, cada vez que puedo llevo a mi ahijadita a que elija unos libritos y organizo almuerzos para que todos puedan sentir un cachito de lo que yo casi todos los días disfruto.


Hace un tiempo en una entrevista el maeeeeestro Dolina  (como diría Barrionuevo alargando bien la vocal mientras se descorcha un vinito) contaba que entrar a librerías le generaba angustia, "mirar todos esos libros que por una cuestión fatalmente natural no llegaría a leer en su totalidad", es decir que su vida, por más longeva que fuera no le permitiría abarcar tanto conocimiento y disfrute... Quizás en algún momento compartí esa sensación con el negro, sin embargo lugares como Utopía y la Buri Buri, te enseñan que no hay porque angustiarse, que leer es fantástico y mágico, pero que toda esa magia de los libros no tiene sentido si no es acompañada por el calor de una buena compañía y el cariño de una banda loca. 

Para los que como yo nos cuesta encontrarnos a nosotros mismo, a veces el modo de hacerlo es a través de determinados lugares, y el bar empezó siendo un refugio en el que podía apartarme de lo que yo era, luego se convirtió en el lugar de distensión, ya tenía amigos con los que armamos una especie de cofradía dónde la complicidad era espontánea, para finalmente convertirse en mi hogar, dónde ya no necesito escapar de nada, dónde uno se siente parte de una familia.

Es por ello que siento una alegría inmensa al escribir estás palabras. Celebrar lugares como el que me convoca hoy es celebrar la vida, es darle un contenido más profundo a lo que parece superficial. Sin dudas esta sensación es compartida por muchos que frecuentamos este hermoso espacio de encuentro y que espero que cada vez seamos más. Larga vida a la Buri Buri y a la Utopia.






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