LEER TE CONECTA
Termina otra feria provincial del libro y llega el momento para la reflexión. ¿Les comparto una que siempre nos hacemos con mi gente? Se trata de una pregunta de pertenencia: ¿Es para nosotros esta feria? Al primero que se la escuché es a Andrés Navarro, hace como diez años, pero no lo vamos a nombrar para que no quede pegado al planteo. ¡Ay, se me escapó!
Antes de presentar las respuestas usuales se me antoja necesario definir a ese nosotros que la pregunta implica. Me refiero a los pequeños productores de la región. Editores de oficio que se dedican a construir catálogo y se las rebuscan para lograr llegar a los lectores con sus obras que son en su mayoría apuestas, en el sentido de que no son concebidas desde una política editorial que priorice el aspecto comercial, sino de otra que llamaré literaturesca. Persiguen la buena literatura. El espectro es amplio y están los que producen industrialmente, aunque en pequeñas tiradas y otras que no tanto, y los que encuadernan de forma artesanal, no implicando esto un descuido en la factura final del libro. Están los que buscan salir de su ciudad, incluso del país, y los que se contentan con que la obra se publique. Sintetizando: “pequeñas editoriales de buen gusto”, expresión que Daniel Link usó para ubicar el destino literario de Jorge Baron Biza y su novela que es gallina rara (para no decir rara avis) en el inmenso corral de la narrativa hispanoamericana. Dicho en nota al pie: se equivocó, le podemos decir independiente pero no pequeña a Interzona, la editora dueña de los derechos de “El desierto y su semilla”, que lleva varias ediciones en tiradas grandes, y la novela se tradujo a varios idiomas. Si Netflix o alguna similar se aviva, hay ahí un éxito en potencia también en formato audiovisual. El miedo a no volver de la primera digresión me obliga a llevar hasta acá esa definición del nosotros al que alude la pregunta inicial.
Entonces… ¿es para nosotros? Dilato la respuesta —recurso literario para
generar suspenso, intriga y sostener la atención del lector— para empezar a
hablar sobre lo que fue la duodécima feria del libro de Santiago del Estero.
Por favor, digan así. Duodécima. El doceava es para la fracción del entero
entre doce. Escuché libreros anunciando así su presencia en la “doceava” feria.
Después se quejan que no venden.
Lo primero que hay
decir, y estaba ansioso, porque hay que ser críticos pero también justos. Vamos
por el buen camino. La feria crece. Se profesionalizan los actores y también
los participantes. O capaz no se profesionalizan los actores ni los participantes,
pero por lo menos se avivan, lo que no es poca cosa. No es poca cosa ponerse a
pensar en estos tiempos en que unas computadoras que son pura pantalla y nos
entran en la palma de la mano, se esfuerzan de forma creciente para no dejarnos
pensar y cada vez con más esmero y atino. Mamás y papás que lean esto: supervisión
sobre los consumos y uso intermitente del celular. No queremos que nuestros
chicos tengan todo masticado, así no les crecerán los dientes. Salgo de la segunda
digresión con urgencia porque al editor de este medio le disgustan los
excesos innecesarios y las anotaciones marginales. En su visión, si un texto es
sintético y argumentativamente coherente, es más fácil que el lector no
abandone el texto. O sea que hasta acá ya habría abandonos, para usar el
concepto que usa Instagram cuando salimos de una storie sin verla hasta el final.
Decía que vamos por
buen camino. Creo que es la primera vez que trabajan en la organización de la
feria productores con experiencia en mega eventos y profesionales de la
comunicación. En cuanto al diseño gráfico, la señalética tradicional y también
una de última generación. La comunicación eficaz en redes. Todo esto no es
menor por el impacto que genera. Los resultados son tangibles, los vimos en el
alto nivel de circulación que tuvo la feria, desconozco la cifra y la de años
anteriores, pero me pareció evidente que fue mucho mayor y más constante el
tráfico. Si queremos ampliar el público, es por ahí. Otro acierto fueron las
celebridades convocadas. En otras ferias del país se estila una producción
espectacular musical. En la última feria de Córdoba de principios de octubre se
discutió mucho eso entre el público consumidor de literatura porque tocaron
Pelusa, Juan Ingaramo, Valdes, Toch, todos cordobeses, pero también Lisandro
Aristimuño, Emanuel Horvilleur, Hilda Lizarazu, y Baglietto y Vitale. Entonces
se escuchaban voces que preguntaban “¿y esto qué tiene que ver con los libros? ¿y
la literatura dónde está?” Mientras tanto en el patio del Cabildo estaba
montado el Baron Biza, el espacio de los editores independientes, estos que les
hablaba hace rato, los de búsqueda literaturesca,
que allá son más de cincuenta. Y hay tanto porque hay público consumidor y una
importante producción de obra. Esto me parece reanima el debate “no se lee
porque no se escribe” o “no se escribe porque no se lee”. Mientras lo
resolvemos no dejemos de escribir. Escribamos cada vez más y mejor. No vaya a
ser cosa. No pierdan la cuenta: tercera digresión que acaba acá.
En Santiago tuvimos de
invitados a personalidades más bien vinculadas con el periodismo crítico, como
Soledad Barruti, Víctor Hugo Morales, y Cynthia García, lo que me pareció
totalmente atinado para una ciudad que tiene los medios de comunicación más
grandes en situación de monopolio. También Darío Sztajnszrajber, que ya supo
llenar salas en ferias anteriores, pero también escritores de renombre y trayectoria
como Claudia Piñeiro y Guillermo Martínez. Los dos últimos participaron también
de la feria del libro de Córdoba de las que les hablaba, esto permite advertir
un circuito de gira de autores. Está para aprender y tomar nota. Saber
calendarizar ferias. Anticiparse.
La producción nos envía
el plano de la feria con meses de anticipación. Nos pide editables de la
gráfica que se encargan de imprimir y plotear en el espacio asignado, que
además, es gratuito, lo que diferencia a esta de muchísimas otras ferias
argentinas. Le hacen sentir a uno que no merece el trato. Pero nos podemos
acostumbrar fácil, darlo por sentado, por piso ganado, como los cordobeses que
se quejan teniendo tomado el Cabildo. Y no es poca cosa. Hablando de “el
trato”, sí hay que decir que el personal de seguridad contratado por la
Fundación El Libro fue hostil, y también el personal de seguridad del Fórum.
Parece que estaban ansiosos esperando el evento para ejercer poder. Uno
entiende que les bajan línea, pero tampoco obediencia debida che. Algunos
compañeros fueron acosados y perseguidos. Unos modos demasiado policíacos. Le
hacen sentir a uno que no merece el trato, ahora dicho en el otro sentido.
La muestra interactiva
de Van Gogh fue otro enorme acierto de la producción y también la
descentralización, digo así porque además del Fórum, hubo muestra y actividades
en el Centro Cultural del Bicentenario y en el Teatro 25 de mayo. Bien logrado
esto, en el sentido de que se entorpecerían mutuamente los distintos públicos
en caso de juntar todo en un mismo lugar.
Respecto del largo
aliento de los horarios hay que hacer un comentario crítico. Recordarnos y
reconocernos como seres humanos que tienen la mala costumbre de comer y de ir
al baño. Pasa, en muchas ferias, que los que toman decisiones nunca estuvieron
en situación de feriante. Entonces no es pensable que una banqueta pueda
lastimar después de un par de horas. Que uno no es un androide y por lo menos
necesitará unos mates, picotear algo, escondiéndose de los vigilantes
acosadores por supuesto. Y las jornadas fueron de catorce horas corridas dos
días, de dieciséis corridas dos días y la última de diez, la que ya se sentía
como un alivio. Dos horas extras de una jornada completa de ocho horas se sentían
como un alivio. Imagínense las otras. Algo que podríamos anotar como ideal para
una próxima es un espacio de catering y descanso para expositores, en caso de
que no querer negociar que sea desde la mañana y hasta la noche sin pausa.
También hay que ser justos y decir que la organización mostró flexibilidad y
ofreció soluciones ante los comentarios críticos sobre la larga duración y el
mal combo entre “no se puede abandonar el estante” y “no se puede comer ni
tomar mate”.
Siguiendo con la perspectiva
crítica, se celebra la entrega de chequelibros (bonos por $800 y $1200 para
estudiantes y bibliotecarios respectivamente). Seguro que eso asegura un mayor
movimiento, pero aquí viene el pero. No se informaba de eso en el reglamento y
se notificó a los expositores dos días antes, aclarando que era obligatorio, y
sin dejar ninguna oportunidad de réplica. Un librero comercial está bien, vaya
y pase. Qué le hace. Para alguien que encuaderna con las manos no es lo mismo.
Les deseo suerte con la gestión del trámite para recibir el dinero (que incluye
un envío por correo postal a Buenos Aires). Después me cuentan que tal.
Hablando de Buenos
Aires, esto lo diré en voz baja, no repitan ustedes. ¿No está para pensar en
una medida proteccionista del tipo cuidamos e incentivamos a nuestros
productores no trayendo productores de Buenos Aires? O por lo menos no
poniéndolos en un lugar minúsculo y secundario respecto de los bonaerenses. El
otro día dijo Ernesto Picco para Télam que nuestras editoriales ya no tienen
mucho que envidiarles a las de afuera. Acérquense por los catálogos y van a ver
por qué lo dice Picco.
Yo lo pensaría, digo, a
esto del proteccionismo. A estas tierras del norte argentino, hace no mucho
tiempo, Francisco René Santucho las imaginó como el epicentro de la revolución
latinoamericana, ¡carajo! Luego vino Menem con lo de “inviables”. Fíjense la
diferencia. Ana Teresa Martínez dice “no hay que santiagueñizar el pensamiento”
y acuerdo con la posición no chauvinista, pero esto sería otra cosa. No sería
santiagueñizar el pensamiento sino proteger a los productores de literatura
original locales, hacerles lugar. ¿Cuarta digresión? Ya perdí la cuenta.
Esta feria que pasó
tuvo un corredor de editoriales independientes del norte argentino y fue
evidente el trabajo de curaduría en la selección pues en todos los casos se
trata de proyectos con una política editorial clara. Además de la cobertura de
pasajes, estadía, y váuchers para comida para los editores. Ese trato no es el
usual fuera y hay que celebrarlo también. Todos los invitados del norte
argentino estuvieron agradecidos, pero también aportaron sus observaciones
críticas con las que elaboré este texto. En primer lugar, el diseño del espacio
ocupado por los editores independientes no era el óptimo para circular. Otro
punto en el que varios acordaron fue la extensión de las actividades. Para una
ciudad con un público creciente y en desarrollo (por no ser agresivo y decir
prácticamente inexistente) proponer cien actividades lo único que asegura es
que haya una participación de escasa a nula. Vimos varias salas vacías. Yo
mismo acomodé varios “asistentes” en calidad de bulto para no quedar mal con
tal o cual invitado, pero no está buena esa práctica. Después cuando la hacen
los políticos nos quejamos.
Entonces… ¿es para nosotros o no?
Las respuestas son variadas. Pero todavía no las daré a conocer, nos queda una vuelta más.
Sobre el eslogan
El psicoanalista Gastón
Vallé Lipreri presenta a esta época como una que promueve el individualismo y
la soledad en masa. Es lo que los psicólogos saben. Que en estos tiempos, a la
gente le cuesta conectar. No en el sentido romántico de encontrar un
interlocutor a la medida, que interpele y conmueva. Sino en el más común de los
intercambios, el clima en discusión con un comerciante, la queja común sobre el
ascensor encerrado en él con el vecino. Marco esto para hablar de lo acertado
del eslogan de la feria: “Leer te conecta”. Te conecta con alguien con quien
arreglas para ir y te conecta con un librero que sabe de lo que está hablando. Te
conecta con un catálogo que no conocías, te conecta con un autor nuevo, con
otro viejo y viejísimo también. Conecta a los actores entre sí: a un editor le
cae bien un autor, y a otro autor no le cae bien otro editor. Eso dará frutos
en el futuro a mediano plazo. Conecta discusiones, planteos, estrategias.
Leer te conecta a una matriz de lenguaje que nos pre existe y excede por mucho. Leer te conecta con el más grandioso invento de la humanidad: la escritura. Capaz les parece ya muy natural, pero a mí no deja de sorprenderme como extraemos sentido de estos dibujitos articulados que llamamos letras. Lo que logran es mágico. Te hacen evocar, te hacen crecer para adentro. A medida que avanzo lo vas viendo: en el precipicio de una montaña rocosa y negra, hay un castillo avejentado y puntiagudo, sobre el cual está posado un dragón tornasolado que escupe fuego líquido y camina en círculos amenazante mientras se espanta los murciélagos. Un trueno rompe la calma y un relámpago inmediatamente después nos deja ver clara la silueta oscura del dragón… ¿Lo ven? Ahí está la magia que ni el más osado challenge de TikTok te puede dar.

Fotografia de Eduardo Rappeti Salik
Para ir cerrando
Entonces… ¿es para
nosotros o no? Están los que creen que la respuesta es un rotundo y definitivo
no. Que es un espacio más bien para lo comercial, o en el mejor de los casos para
todo el ecosistema del libro y no sólo para la producción de literatura original.
No tendrá privilegios la novela del autor salteño publicado por la editorial
tucumana, en relación al librero que exhibe “El principito” o el último libro
del chef más pegado de la televisión.
Un poco comparto esa
visión en el sentido de que es para el ecosistema completo del libro. Es
saludable que así sea. Pero eso quiere decir que estamos dentro también.
Entonces sí que es para nosotros, a menos como parte integrante del todo.
Mi visión es la
siguiente. Por un lado hay la literatura, por otro, los libros. No es que los
libros no contengan literatura. Todo lo que viene en formato libro físico es
literatura en sentido amplio. Lo digo en el sentido de que el público está
buscando LIBROS, es decir, objetos físicos y no LITERATURA. Capaz se busca más
la literatura en un congreso, o en una jornada sobre tal o cual género. Creo
que con este último ejemplo me hago entender mejor. Entonces como el público de
la feria está buscando objetos físicos, seguro será más tocado el libro objeto
llamativo, que tiene algo específico que le da identidad, sobre otro que fue
pensado con menos cuidado, con menos trabajo en ese aspecto de identidad. O ni
siquiera un libro, sino un cuaderno, una plancha de stickers, alguna cosita
linda.
Entonces… ¿es para nosotros o no?
Yo digo que sí, sin
ínfulas de protagonista. Es para nosotros, los pequeños, como también lo es
para los medianos y los grandes.
Felicitaciones a los
productores y que sea cada vez mejor.
El futuro llegó hace
rato.