LEER TE CONECTA

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Domingo, 6 de Noviembre del 2022

LEER TE CONECTA

Termina otra feria provincial del libro y llega el momento para la reflexión. ¿Les comparto una que siempre nos hacemos con mi gente? Se trata de una pregunta de pertenencia: ¿Es para nosotros esta feria? Al primero que se la escuché es a Andrés Navarro, hace como diez años, pero no lo vamos a nombrar para que no quede pegado al planteo. ¡Ay, se me escapó!

Antes de presentar las respuestas usuales se me antoja necesario definir a ese nosotros que la pregunta implica. Me refiero a los pequeños productores de la región. Editores de oficio que se dedican a construir catálogo y se las rebuscan para lograr llegar a los lectores con sus obras que son en su mayoría apuestas, en el sentido de que no son concebidas desde una política editorial que priorice el aspecto comercial, sino de otra que llamaré literaturesca. Persiguen la buena literatura. El espectro es amplio y están los que producen industrialmente, aunque en pequeñas tiradas y otras que no tanto, y los que encuadernan de forma artesanal, no implicando esto un descuido en la factura final del libro. Están los que buscan salir de su ciudad, incluso del país, y los que se contentan con que la obra se publique. Sintetizando: “pequeñas editoriales de buen gusto”, expresión que Daniel Link usó para ubicar el destino literario de Jorge Baron Biza y su novela que es gallina rara (para no decir rara avis) en el inmenso corral de la narrativa hispanoamericana. Dicho en nota al pie: se equivocó, le podemos decir independiente pero no pequeña a Interzona, la editora dueña de los derechos de “El desierto y su semilla”, que lleva varias ediciones en tiradas grandes, y la novela se tradujo a varios idiomas. Si Netflix o alguna similar se aviva, hay ahí un éxito en potencia también en formato audiovisual. El miedo a no volver de la primera digresión me obliga a llevar hasta acá esa definición del nosotros al que alude la pregunta inicial.

Entonces… ¿es para nosotros? Dilato la respuesta —recurso literario para generar suspenso, intriga y sostener la atención del lector— para empezar a hablar sobre lo que fue la duodécima feria del libro de Santiago del Estero. Por favor, digan así. Duodécima. El doceava es para la fracción del entero entre doce. Escuché libreros anunciando así su presencia en la “doceava” feria. Después se quejan que no venden.

Lo primero que hay decir, y estaba ansioso, porque hay que ser críticos pero también justos. Vamos por el buen camino. La feria crece. Se profesionalizan los actores y también los participantes. O capaz no se profesionalizan los actores ni los participantes, pero por lo menos se avivan, lo que no es poca cosa. No es poca cosa ponerse a pensar en estos tiempos en que unas computadoras que son pura pantalla y nos entran en la palma de la mano, se esfuerzan de forma creciente para no dejarnos pensar y cada vez con más esmero y atino. Mamás y papás que lean esto: supervisión sobre los consumos y uso intermitente del celular. No queremos que nuestros chicos tengan todo masticado, así no les crecerán los dientes. Salgo de la segunda digresión con urgencia porque al editor de este medio le disgustan los excesos innecesarios y las anotaciones marginales. En su visión, si un texto es sintético y argumentativamente coherente, es más fácil que el lector no abandone el texto. O sea que hasta acá ya habría abandonos, para usar el concepto que usa Instagram cuando salimos de una storie sin verla hasta el final.

Decía que vamos por buen camino. Creo que es la primera vez que trabajan en la organización de la feria productores con experiencia en mega eventos y profesionales de la comunicación. En cuanto al diseño gráfico, la señalética tradicional y también una de última generación. La comunicación eficaz en redes. Todo esto no es menor por el impacto que genera. Los resultados son tangibles, los vimos en el alto nivel de circulación que tuvo la feria, desconozco la cifra y la de años anteriores, pero me pareció evidente que fue mucho mayor y más constante el tráfico. Si queremos ampliar el público, es por ahí. Otro acierto fueron las celebridades convocadas. En otras ferias del país se estila una producción espectacular musical. En la última feria de Córdoba de principios de octubre se discutió mucho eso entre el público consumidor de literatura porque tocaron Pelusa, Juan Ingaramo, Valdes, Toch, todos cordobeses, pero también Lisandro Aristimuño, Emanuel Horvilleur, Hilda Lizarazu, y Baglietto y Vitale. Entonces se escuchaban voces que preguntaban “¿y esto qué tiene que ver con los libros? ¿y la literatura dónde está?” Mientras tanto en el patio del Cabildo estaba montado el Baron Biza, el espacio de los editores independientes, estos que les hablaba hace rato, los de búsqueda literaturesca, que allá son más de cincuenta. Y hay tanto porque hay público consumidor y una importante producción de obra. Esto me parece reanima el debate “no se lee porque no se escribe” o “no se escribe porque no se lee”. Mientras lo resolvemos no dejemos de escribir. Escribamos cada vez más y mejor. No vaya a ser cosa. No pierdan la cuenta: tercera digresión que acaba acá.

En Santiago tuvimos de invitados a personalidades más bien vinculadas con el periodismo crítico, como Soledad Barruti, Víctor Hugo Morales, y Cynthia García, lo que me pareció totalmente atinado para una ciudad que tiene los medios de comunicación más grandes en situación de monopolio. También Darío Sztajnszrajber, que ya supo llenar salas en ferias anteriores, pero también escritores de renombre y trayectoria como Claudia Piñeiro y Guillermo Martínez. Los dos últimos participaron también de la feria del libro de Córdoba de las que les hablaba, esto permite advertir un circuito de gira de autores. Está para aprender y tomar nota. Saber calendarizar ferias. Anticiparse.

La producción nos envía el plano de la feria con meses de anticipación. Nos pide editables de la gráfica que se encargan de imprimir y plotear en el espacio asignado, que además, es gratuito, lo que diferencia a esta de muchísimas otras ferias argentinas. Le hacen sentir a uno que no merece el trato. Pero nos podemos acostumbrar fácil, darlo por sentado, por piso ganado, como los cordobeses que se quejan teniendo tomado el Cabildo. Y no es poca cosa. Hablando de “el trato”, sí hay que decir que el personal de seguridad contratado por la Fundación El Libro fue hostil, y también el personal de seguridad del Fórum. Parece que estaban ansiosos esperando el evento para ejercer poder. Uno entiende que les bajan línea, pero tampoco obediencia debida che. Algunos compañeros fueron acosados y perseguidos. Unos modos demasiado policíacos. Le hacen sentir a uno que no merece el trato, ahora dicho en el otro sentido.

La muestra interactiva de Van Gogh fue otro enorme acierto de la producción y también la descentralización, digo así porque además del Fórum, hubo muestra y actividades en el Centro Cultural del Bicentenario y en el Teatro 25 de mayo. Bien logrado esto, en el sentido de que se entorpecerían mutuamente los distintos públicos en caso de juntar todo en un mismo lugar.

Respecto del largo aliento de los horarios hay que hacer un comentario crítico. Recordarnos y reconocernos como seres humanos que tienen la mala costumbre de comer y de ir al baño. Pasa, en muchas ferias, que los que toman decisiones nunca estuvieron en situación de feriante. Entonces no es pensable que una banqueta pueda lastimar después de un par de horas. Que uno no es un androide y por lo menos necesitará unos mates, picotear algo, escondiéndose de los vigilantes acosadores por supuesto. Y las jornadas fueron de catorce horas corridas dos días, de dieciséis corridas dos días y la última de diez, la que ya se sentía como un alivio. Dos horas extras de una jornada completa de ocho horas se sentían como un alivio. Imagínense las otras. Algo que podríamos anotar como ideal para una próxima es un espacio de catering y descanso para expositores, en caso de que no querer negociar que sea desde la mañana y hasta la noche sin pausa. También hay que ser justos y decir que la organización mostró flexibilidad y ofreció soluciones ante los comentarios críticos sobre la larga duración y el mal combo entre “no se puede abandonar el estante” y “no se puede comer ni tomar mate”.

Siguiendo con la perspectiva crítica, se celebra la entrega de chequelibros (bonos por $800 y $1200 para estudiantes y bibliotecarios respectivamente). Seguro que eso asegura un mayor movimiento, pero aquí viene el pero. No se informaba de eso en el reglamento y se notificó a los expositores dos días antes, aclarando que era obligatorio, y sin dejar ninguna oportunidad de réplica. Un librero comercial está bien, vaya y pase. Qué le hace. Para alguien que encuaderna con las manos no es lo mismo. Les deseo suerte con la gestión del trámite para recibir el dinero (que incluye un envío por correo postal a Buenos Aires). Después me cuentan que tal.

Hablando de Buenos Aires, esto lo diré en voz baja, no repitan ustedes. ¿No está para pensar en una medida proteccionista del tipo cuidamos e incentivamos a nuestros productores no trayendo productores de Buenos Aires? O por lo menos no poniéndolos en un lugar minúsculo y secundario respecto de los bonaerenses. El otro día dijo Ernesto Picco para Télam que nuestras editoriales ya no tienen mucho que envidiarles a las de afuera. Acérquense por los catálogos y van a ver por qué lo dice Picco.

Yo lo pensaría, digo, a esto del proteccionismo. A estas tierras del norte argentino, hace no mucho tiempo, Francisco René Santucho las imaginó como el epicentro de la revolución latinoamericana, ¡carajo! Luego vino Menem con lo de “inviables”. Fíjense la diferencia. Ana Teresa Martínez dice “no hay que santiagueñizar el pensamiento” y acuerdo con la posición no chauvinista, pero esto sería otra cosa. No sería santiagueñizar el pensamiento sino proteger a los productores de literatura original locales, hacerles lugar. ¿Cuarta digresión? Ya perdí la cuenta.

Esta feria que pasó tuvo un corredor de editoriales independientes del norte argentino y fue evidente el trabajo de curaduría en la selección pues en todos los casos se trata de proyectos con una política editorial clara. Además de la cobertura de pasajes, estadía, y váuchers para comida para los editores. Ese trato no es el usual fuera y hay que celebrarlo también. Todos los invitados del norte argentino estuvieron agradecidos, pero también aportaron sus observaciones críticas con las que elaboré este texto. En primer lugar, el diseño del espacio ocupado por los editores independientes no era el óptimo para circular. Otro punto en el que varios acordaron fue la extensión de las actividades. Para una ciudad con un público creciente y en desarrollo (por no ser agresivo y decir prácticamente inexistente) proponer cien actividades lo único que asegura es que haya una participación de escasa a nula. Vimos varias salas vacías. Yo mismo acomodé varios “asistentes” en calidad de bulto para no quedar mal con tal o cual invitado, pero no está buena esa práctica. Después cuando la hacen los políticos nos quejamos.

Entonces… ¿es para nosotros o no?

Las respuestas son variadas. Pero todavía no las daré a conocer, nos queda una vuelta más.

 

Sobre el eslogan

El psicoanalista Gastón Vallé Lipreri presenta a esta época como una que promueve el individualismo y la soledad en masa. Es lo que los psicólogos saben. Que en estos tiempos, a la gente le cuesta conectar. No en el sentido romántico de encontrar un interlocutor a la medida, que interpele y conmueva. Sino en el más común de los intercambios, el clima en discusión con un comerciante, la queja común sobre el ascensor encerrado en él con el vecino. Marco esto para hablar de lo acertado del eslogan de la feria: “Leer te conecta”. Te conecta con alguien con quien arreglas para ir y te conecta con un librero que sabe de lo que está hablando. Te conecta con un catálogo que no conocías, te conecta con un autor nuevo, con otro viejo y viejísimo también. Conecta a los actores entre sí: a un editor le cae bien un autor, y a otro autor no le cae bien otro editor. Eso dará frutos en el futuro a mediano plazo. Conecta discusiones, planteos, estrategias.

Leer te conecta a una matriz de lenguaje que nos pre existe y excede por mucho. Leer te conecta con el más grandioso invento de la humanidad: la escritura. Capaz les parece ya muy natural, pero a mí no deja de sorprenderme como extraemos sentido de estos dibujitos articulados que llamamos letras. Lo que logran es mágico. Te hacen evocar, te hacen crecer para adentro. A medida que avanzo lo vas viendo: en el precipicio de una montaña rocosa y negra, hay un castillo avejentado y puntiagudo, sobre el cual está posado un dragón tornasolado que escupe fuego líquido y camina en círculos amenazante mientras se espanta los murciélagos. Un trueno rompe la calma y un relámpago inmediatamente después nos deja ver clara la silueta oscura del dragón… ¿Lo ven? Ahí está la magia que ni el más osado challenge de TikTok te puede dar.


 Fotografia de Eduardo Rappeti Salik


Para ir cerrando

Entonces… ¿es para nosotros o no? Están los que creen que la respuesta es un rotundo y definitivo no. Que es un espacio más bien para lo comercial, o en el mejor de los casos para todo el ecosistema del libro y no sólo para la producción de literatura original. No tendrá privilegios la novela del autor salteño publicado por la editorial tucumana, en relación al librero que exhibe “El principito” o el último libro del chef más pegado de la televisión.

Un poco comparto esa visión en el sentido de que es para el ecosistema completo del libro. Es saludable que así sea. Pero eso quiere decir que estamos dentro también. Entonces sí que es para nosotros, a menos como parte integrante del todo.

Mi visión es la siguiente. Por un lado hay la literatura, por otro, los libros. No es que los libros no contengan literatura. Todo lo que viene en formato libro físico es literatura en sentido amplio. Lo digo en el sentido de que el público está buscando LIBROS, es decir, objetos físicos y no LITERATURA. Capaz se busca más la literatura en un congreso, o en una jornada sobre tal o cual género. Creo que con este último ejemplo me hago entender mejor. Entonces como el público de la feria está buscando objetos físicos, seguro será más tocado el libro objeto llamativo, que tiene algo específico que le da identidad, sobre otro que fue pensado con menos cuidado, con menos trabajo en ese aspecto de identidad. O ni siquiera un libro, sino un cuaderno, una plancha de stickers, alguna cosita linda.

 

Entonces… ¿es para nosotros o no?

Yo digo que sí, sin ínfulas de protagonista. Es para nosotros, los pequeños, como también lo es para los medianos y los grandes.

Felicitaciones a los productores y que sea cada vez mejor.

El futuro llegó hace rato.



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