LOLITA TORRES ACROSS THE UNIVERSE

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Lunes, 7 de Septiembre del 2020

LOLITA TORRES ACROSS THE UNIVERSE

Ciento ocho minutos le sobran a cualquiera, los perdemos haciendo trámites o embobados frente a cualquier pantalla. Ciento ocho minutos es menos que la duración de este paréntesis semanal que llamamos Eléctrico Ardor. En ese tiempo insignificante, un hombre cambió su vida, luego de esos minutos nada volvería a ser lo mismo, ni para él, ni para su desmesurada patria, ni para los límites de la técnica y el ingenio humano. En el corazón de la guerra fría, una de las muchas carreras que corrían histéricamente Rusia y Estados Unidos, era la Carrera Espacial. De esa competencia, le toco a él ser uno de los momentos más altos, una efímera victoria sobre los yanquis. Su país que ya había logrado poner exitosamente a un animal en órbita, una perra llamada Laika que murió solitariamente en las alturas antes de regresar a la tierra. Y ahora, le tocaba a él, Yuri Gagarin, intentar a bordo de una diminuta cápsula, lograr lo que hasta ese momento nadie había conseguido, estar en órbita y regresar vivo.

De algún modo la vida lo había preparado desde su comienzo para esta travesía. Tuvo una niñez difícil, cruzada por la Segunda Guerra, su familia se vio obligada a ocultarse en una pequeña habitación debido a la ocupación nazi en Rusia. Por no poder escabullirse a tiempo dos de sus hermanos fueron detenidos por el ejército alemán y llevados a realizar trabajos forzosos de los cuales jamás regresaron. El pequeño Yuri sobrevivió oculto con el resto de su familia. La vocación por el vuelo fue consecuencia de un hecho fortuito, también del tiempo de guerra, él y un amigo rescataron un piloto soviético cuyo avión había sido derribado y lo mantuvieron oculto de los nazis hasta que otro avión vino a su rescate. Realizó sus estudios en la Escuela Militar de Pilotos de Oremburgo, los que alternaba con salidas al cine. En Rusia debido a la Guerra Fría, no se exhibían películas estadounidenses, de modo que el cine a disposición de los rusos era, entre otros, el de Argentina. Yuri seguía con devoción la carrera de una cantante argentina que tenía en común con Yuri una escasa estatura. En el caso de Lolita hacía parecer increíble que de esa pequeña humanidad pudiera surgir su prodigiosa voz. Lolita Torres alcanzó la fama en toda Rusia con la película “La edad del amor” y Yuri era uno de sus mayores admiradores, había visto todas sus películas y escuchaba diariamente sus discos.

La carrera espacial estaba en un momento crucial y junto con Yuri se postularon 3.500 voluntarios para ser el primer hombre en órbita a bordo de una pequeña cápsula espacial. Gagarin tuvo las más altas puntuaciones en los exámenes, esto sumado a su estatura de un metro y cincuenta y siete centímetros, lo hicieron el candidato ideal para la misión.

Durante 108 minutos Yuri Gagarin paseo valientemente sus ciento cincuenta centímetros en la órbita de la tierra y fue el primer hombre en comprobar los verdaderos colores del planeta. Para ese momento único su vida había transcurrido de ese modo y no de otro, ya se sabe que como lo advirtiera Borges, el destino es torpe, inocente e inhumano y atropella a los hombres como un camello ciego. El destino de Gagarin siempre fue el de ser el primero en cruzar el horizonte, en perforar el cielo como una flecha furiosa. A su regreso lo esperaba la fama mundial y el efímero sabor del triunfo que la huella de Armstrong en el 69 aplastaría para siempre. Sin embargo en ese paréntesis el cosmonauta supo aprovechar las posibilidades de su nueva altura y envió una carta a Lolita Torres en la que se declaraba su fan y le pedía, con cósmica humildad, una foto autografiada.

Contó Lolita Torres: “No lo podía creer y hasta sentí algo de pudor, por provenir de un héroe a nivel mundial . Se lo dije, a vuelta de correo, y le pedí que, a su vez, me mandara una foto suya. Me contestó algo que nunca olvidé: ‘No soy ningún héroe. Soy sólo su admirador número uno”.

Gagarin, el héroe, confesó a la actriz argentina que había escuchado sus discos todos los días durante su largo entrenamiento para la gloria. Sigue la narración de Lolita: “Concluía con algo que me emocionó profundamente: ‘Por eso, la primera música que llegó al espacio es la que llevé en mi mente y en mi corazón. Es decir, su voz’. Tuve el honor de estrechar la mano de Gagarin al año siguiente, cuando fuimos presentados en el Festival de Cine de Moscú”.

En su breve paso por el mundo  (ya que murió a los 34), Gagarin pudo vivirlo todo como un disparo en la noche, el éxito, la gloria y los preludios de un amor que le creció en el sueño. Luego ocurre el tiempo con su pesada cadena  y los yanquis pisotean la luna con su inmóvil bandera, las proezas se destiñen y el brillo de una estrella parpadea antes de apagarse como el amor de una argentina que a la que, a pesar de sus hazañas no llegó a conquistar. Como todo sucede de un modo y no de otro, quizá el desencuentro es el único punto en que se rozan algunas vidas, vaya entonces para Yuri Gagarin y Lolita Torres esta sideral desconexión.

Recomiendo escuchar con la lectura de este texto la canción Desconexión Sideral (Bersuit Vergarabat)



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