LOLITA TORRES ACROSS THE UNIVERSE
Ciento ocho minutos le sobran
a cualquiera, los perdemos haciendo trámites o embobados frente a cualquier
pantalla. Ciento ocho minutos es menos que la duración de este paréntesis
semanal que llamamos Eléctrico Ardor. En ese tiempo insignificante, un hombre
cambió su vida, luego de esos minutos nada volvería a ser lo mismo, ni para él,
ni para su desmesurada patria, ni para los límites de la técnica y el ingenio
humano. En el corazón de la guerra fría, una de las muchas carreras que corrían
histéricamente Rusia y Estados Unidos, era la Carrera Espacial. De esa
competencia, le toco a él ser uno de los momentos más altos, una efímera
victoria sobre los yanquis. Su país que ya había logrado poner exitosamente a
un animal en órbita, una perra llamada Laika que murió solitariamente en las
alturas antes de regresar a la tierra. Y ahora, le tocaba a él, Yuri Gagarin,
intentar a bordo de una diminuta cápsula, lograr lo que hasta ese momento nadie
había conseguido, estar en órbita y regresar vivo.
De algún modo la vida lo había
preparado desde su comienzo para esta travesía. Tuvo una niñez difícil, cruzada
por la Segunda Guerra, su familia se vio obligada a ocultarse en una pequeña
habitación debido a la ocupación nazi en Rusia. Por no poder escabullirse a
tiempo dos de sus hermanos fueron detenidos por el ejército alemán y llevados a
realizar trabajos forzosos de los cuales jamás regresaron. El pequeño Yuri
sobrevivió oculto con el resto de su familia. La vocación por el vuelo fue
consecuencia de un hecho fortuito, también del tiempo de guerra, él y un amigo
rescataron un piloto soviético cuyo avión había sido derribado y lo mantuvieron
oculto de los nazis hasta que otro avión vino a su rescate. Realizó sus
estudios en la Escuela Militar de Pilotos de Oremburgo, los que alternaba con
salidas al cine. En Rusia debido a la Guerra Fría, no se exhibían películas
estadounidenses, de modo que el cine a disposición de los rusos era, entre
otros, el de Argentina. Yuri seguía con devoción la carrera de una cantante
argentina que tenía en común con Yuri una escasa estatura. En el caso de Lolita
hacía parecer increíble que de esa pequeña humanidad pudiera surgir su
prodigiosa voz. Lolita Torres alcanzó la fama en toda Rusia con la película “La
edad del amor” y Yuri era uno de sus mayores admiradores, había visto todas sus
películas y escuchaba diariamente sus discos.
La carrera espacial estaba en un momento crucial y junto con Yuri se
postularon 3.500 voluntarios para ser el primer hombre en órbita a bordo de una
pequeña cápsula espacial. Gagarin tuvo las más altas puntuaciones en los
exámenes, esto sumado a su estatura de un metro y cincuenta y siete
centímetros, lo hicieron el candidato ideal para la misión.
Durante 108 minutos Yuri Gagarin paseo valientemente sus ciento
cincuenta centímetros en la órbita de la tierra y fue el primer hombre en
comprobar los verdaderos colores del planeta. Para ese momento único su vida
había transcurrido de ese modo y no de otro, ya se sabe que como lo advirtiera
Borges, el destino es torpe, inocente e inhumano y atropella a los hombres como
un camello ciego. El destino de Gagarin siempre fue el de ser el primero en
cruzar el horizonte, en perforar el cielo como una flecha furiosa. A su regreso
lo esperaba la fama mundial y el efímero sabor del triunfo que la huella de
Armstrong en el 69 aplastaría para siempre. Sin embargo en ese paréntesis el
cosmonauta supo aprovechar las posibilidades de su nueva altura y envió una
carta a Lolita Torres en la que se declaraba su fan y le pedía, con cósmica
humildad, una foto autografiada.
Contó Lolita Torres: “No lo podía creer y hasta sentí algo de
pudor, por provenir de un héroe a nivel mundial . Se lo dije, a
vuelta de correo, y le pedí que, a su vez, me mandara una foto suya. Me
contestó algo que nunca olvidé: ‘No soy ningún héroe. Soy sólo su
admirador número uno”.
Gagarin, el héroe, confesó a la actriz argentina que había
escuchado sus discos todos los días durante su largo entrenamiento para la
gloria. Sigue la narración de Lolita: “Concluía con algo que me emocionó
profundamente: ‘Por eso, la primera música que llegó al espacio es la que
llevé en mi mente y en mi corazón. Es decir, su voz’. Tuve el honor
de estrechar la mano de Gagarin al año siguiente, cuando fuimos
presentados en el Festival de Cine de Moscú”.
En su breve paso por el mundo (ya que murió a los 34), Gagarin
pudo vivirlo todo como un disparo en la noche, el éxito, la gloria y los
preludios de un amor que le creció en el sueño. Luego ocurre el tiempo con su
pesada cadena y los yanquis pisotean la luna con su inmóvil bandera, las
proezas se destiñen y el brillo de una estrella parpadea antes de apagarse como
el amor de una argentina que a la que, a pesar de sus hazañas no llegó a
conquistar. Como todo sucede de un modo y no de otro, quizá el desencuentro es
el único punto en que se rozan algunas vidas, vaya entonces para Yuri Gagarin y
Lolita Torres esta sideral desconexión.
Recomiendo escuchar con la lectura de este texto la canción Desconexión Sideral (Bersuit Vergarabat)