LOS PANCHOS DEL GORDO
En Perú o Bolivia son conocidos los tradicionales “salchi papas” que se venden en las esquinas en carros ambulantes, en Estados unidos o Alemania los “hot dogs”son furor, en Santiago del Estero la marca registrada son los “Panchos del Gordo” ¿quién no se ha detenido alguna vez por la vereda de la escuela Normal a comerse un súper pancho con puré? Este histórico carro ambulante ubicado en la esquina de la Escuela Normal en calle Independencia y Alsina comenzó en el año 1983. Este proyecto comercial es del Sr. Manuel Ovejero más conocido como “Gordo” quien al comienzo tenía dos lugares donde estacionaba su carro venta: de lunes a viernes en la Escuela normal, y los fines de semana al costado la Iglesia catedral donde se ubicaba el ex cine petit (actualmente un bazar). Desde el año 1993 en adelante el carro se instalo en la Escuela Normal. Todos los días desde las 20 hs hasta pasada la medianoche se puede encontrar el carro estacionado en la esquina de independencia y Alsina. El carro conserva su diseño sencillo desde hace 37 años. La clientela llega de los barrios cercanos y se nutre de todas las clases sociales, funcionarios gubernamentales, jugadores de basket, de futbol. Llevo un tiempo encontrar el sello distintivo de los súper panchos, probaron distintos aderezos en la búsqueda hasta que surgió la idea de ponerle puré. Así fue quedando relegado el huevo, la cebolla, las aceitunas, la remolacha que en un momento también formaban parte de los sabores característicos. Ante la reiterada pregunta de la clientela sobre cuáles son los ingredientes del puré, la respuesta es siempre la misma “si la coca cola no da su receta nosotros tampoco”. El carrito inicialmente era atendido por Manuel ovejero (padre), Mhirta Romano de ovejero y Manuel ovejero (hijo) y hace aproximadamente 13 años el Gordo dejo de preparar a raíz de una operación de vesícula, durante ese tiempo se sumo Miguel Rios, junto a Viviana Ovejero y Javier Ovejero. Miguel entreno durante varios días la preparación e interiorizo los ademanes reglamentarios del Gordo, para preparar y aderezar con la velocidad justa. Actualmente el Gordo se ocupa a la mañana de preparar todo y dejar listo en la heladera y a veces pasa a conversar con la clientela que lo recuerda... Anécdotas hay muchísima me dice Javier Ovejero mientras me comparte un puñado de fotos de todas las épocas que guarda como un tesoro. El carro ha sido uno de los lugares elegidos por una pareja de recién casados que pararon a comer su pancho luego de la boda, en su época de novios eran asiduos concurrentes. En otra oportunidad una señorita que cumplió 15 años fue a sacarse fotos y hacer un video, también hay una postal de una histórica tormenta que casi hace naufragar el carro por la avenida Alsina. Me cuenta Javier que la típica pregunta que siempre les hacen es por qué no ponen un local u otros carros por la ciudad, ellos responden a todos que “nada seria sería lo mismo”, en aquella afirmación queda explicitada una tradición, una forma de entender y hacer este negocio. El carro trabaja con la gente que pasa caminando, con el transeúnte que regresa del centro a su casa, con el estudiante que tiene un recreo en los profesorados o con quien palpita un partido en Quimsa, el superpancho del gordo se come de pie, prácticamente caminando. La familia Ovejero espera que pronto pase la pandemia para echar andar el carro a la calle y poblar de concurrencia la esquina de Independencia y Alsina, mientras espera de cuando en vez una pareja de de recién casado o una quinceañera que quiere retratar un momento inolvidable de su vida en la ciudad comiéndose un buen súper pancho.


