MI INFANCIA, BARRICADA DE AMOR CONTRA DESTIERROS

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Viernes, 14 de Agosto del 2020

MI INFANCIA, BARRICADA DE AMOR CONTRA DESTIERROS

A la misma hora, y sin que el reloj lo indique, el fuego nos reunía y el relato de los tíos componía el grupo. En la casa de mi prima, lindante con la mía, y una prima más  de la edad nuestra, edad de grado escolar, en la única escuela del pueblo, teníamos a disposición nuestra la gustosa compañía de los mayores, que traspasaban su memoria de colectividad trasplantada.

Mi tía oficiaba los sabores, excedía todo almacenamiento, un derroche de olores, el pan árabe caliente solía cruzar mi tapia, un manjar que se amigaba con la cuajada, el shanclish o la manteca casera. La hija mayor, mi prima, un deleite de almibares y frutos secos.

Por las noches el pochoclo, semilla de zapallo, girasol, maní, todo entretenía las manos y la ansiedad del juego de naipes o el relato de otras tierras.

En la mesa, larga, a un extremo del comedor, el tío solterón, repartía cartas de jugar a la loba o la canasta con las que nos enseñaba el bsara, y aunque lo pretendía, no siempre lograba que gane su sobrina preferida. Al otro extremo de la mesa nunca falto  el periódico de letras cifradas que componían palabras que se escribían al revés,  que se leía desandando, indefectiblemente yendo para atrás, al ritmo de lo perdido, de lo que ya no se tiene.

El mismo espacio contenía el living. En invierno lo presidia el brasero, entibiaba el frio de lo ausente, lo que habiendo quedado lejos no se dejaba olvidado. Lo traía siempre el mismo relato, que quietitas en los sillones nunca nos llegó a cansar. Lo aprendí de memoria y cada pasaje que recordaba en la prisión,   junto a otras escenas de familia, me acompañaron durante los años de detención. Hicieron mi amparo, mi arrullo, mi protección.

En su travesía, en camellos y caballos, la caravana encontró un pozo de agua y acampo a descansar, el paisaje se embellecía con un cielo de estrellas bajitas y de día con un frondoso olivar. Al tiempo,  un joven valiente detuvo su caballo en el mismo lugar, y cuando se acercó al pozo para beber, vio reflejándose en el agua el rostro de una hermosa mujer. Al levantar la vista ve en el árbol la niña que había quedado perdida de su caravana. Y que encontrándose sola sobrevivió esa espera comiendo aceitunas y bebiendo la leche que una cabrita le proveía cada mañana. Subía al olivo cada  noche a protegerse del ataque de las hienas y nunca de día se dejó ver, hasta que llego lo que ella sintió que la iba a rescatar.  

Cuando salí en libertad mi tío Abraham había fallecido.  Nunca le pude decir que si él creía que una niña era capaz de superar la adversidad sabiendo esperar; yo, en cada situación de zozobra me sobreponía confiada en esa verdad.

 En las manos entibiadas al fuego del brasero, en un pequeño pueblito, recibíamos en ritual de leche y aceitunas lejanas, las formas del exilio.  Cada noche desandaban los pasos que los alejaron de su caravana, refrescaban en el pozo de agua el rostro seco de lágrimas no vertidas, mientras, nosotras, su descendencia,  nos hacíamos lugar en la saga del exilio, desciframiento temprano de aquello que se canta :…, como se llama ( LO) desaparecido, una emoción apretando por dentro….

                                                                                                                 GLADYS LOYS








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