MI VIAJE VEINTEVEINTE

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Domingo, 27 de Diciembre del 2020

MI VIAJE VEINTEVEINTE

    ¿Cómo contar algo que contiene la variante más insólita de sensaciones, algunas incluso sin nombres ? Un año con el tiempo anclado en mi casa. Haciendo todo o no haciendo nada.

    Hasta el 15 de marzo hubo continuidad y una versión de mí que viajaba. Creo que viajo desde que nací, cuando mi vieja salió de Fernandez a parirme en la Banda. Años recorrí la nacional 34, me críe así. Viajé a dedo, dormí en pensiones cuando no eran hostel ni cool, viajé en colectivos destartalados y de doble piso, en autos sin aire acondicionado y con aire y air bag, en aviones o avioncitos, en barco, en ferry, en camiones. Pero hablar en el veinteveinte  de esa versión choca del pasado me resulta completamente distinto, más aun si uno de mis hermano habita la isla de los vulnerables en el océano del covid19, y vive reiniciando a diario la rueda de la fortuna como un jugador crónico. 

    ¿Por qué regreso a ese día y a la secuencia de imágenes: Ezeiza-Retiro-Casa que tienen que ver con mi viaje frustrado al sudeste asiático? .

    Porque “todo comienza con un viaje”, escribió Joseph Campbell, en "El heroe de las mil caras". Hoy lo recordé mientras armaba este texto y me negaba a regresar a ese viaje frustrado como el hito en mi veinteveinte. A Campbell lo descubrí en la cuarentena, leyendo sobre cómo escribir un guion, es la referencia inmediata, como Star Wars es el ejemplo clásico de haber seguido a ese libro. Campbell, basado en su investigación de la mitología,encuentra que la mayoría de los mitos y leyendas tenían en común una estructura interna de un viaje de descubrimiento. Brutalmente simplifico así: El héroe sale de su mundo ordinario, tiene un objetivo, debe atravesar obstáculos para cumplir dicha meta y regresar a su lugar de origen con una enseñanza.

    El 15 de marzo estaba lista para salir de Argentina y volar al sudeste asiático con una valija de diez kilos y una mochila llena de productos que aseguraban me protegerían del virus aun sin tanta fama. Mis amigos me despidieron sin dejar de insistir ellos: ¿Estás segura? Y de insistir yo: No es Zona De Riesgo y que escapaba del dengue y el dengue, chau, suficiente. No me importaba el covid19, ni si mataba italianos o españoles mientras no fueran sudasiáticos (ya sé, suena políticamente incorrecto, pero esto es uno de los efectos del aislamiento social y preventivo).

    Sin intervalos para comprar pochoclos, me cambiaron de película, me metieron en otra. En Ezeiza, bajé del taxi y me puse el barbijo regalado por una bioquímica y mientras esquivaba gente, sólo pensaba: ¿cómo se respira con esto? Sin aire, tragándome la transpiración, ya enfilada para hacer el check in, alcanzo a ver unas combis estacionar, descienden la versión 2020 de los casa fantasmas listos para pelear dentro de un reactor atómico más o menos, y de la otra, un contingente de turistas invitados o apurados en salir del país. Todo fue acelerándose y mutando a una realidad tan diferente en la que las advertencias fueron ordenes y las ordenes terminaron en los famosos D.N.U.

— Siguiente —dijo el empleado desde ese mostrador con alas:

—No viajo —dije.

— La aerolínea garantiza su llegada a destino —contestó.

— ¿Y la vuelta?.

— La aerolínea no garantiza su regreso —dijo.

Me subí a un taxi, la gente no cesaba de circular en dirección Exit del país o de Ezeiza.

—A Retiro , mi voz me sonó a un ruego debajo de ese barbijo infernal. Me lo saqué en la plataforma, había mucha gente en movimiento, igual me creí alejada del virus que traían los extranjeros.

    En Retiro estábamos los locales en principio hasta que otra vez, silbatos, advertencia de peligro. Esa masa humana casi compacta se divide al medio, como las aguas del Mar Rojo, sin Moisés a la cabeza, sino policías y silbatos. En el espacio liberado, de la plataforma 30 a la 36, acordonado ya por los de seguridad, sobre el cemento regado de aceite de motores: Una pequeña mujer y sus bolsos, aislada y exhibida porque ¿le dolía la cabeza? ¿tenia fiebre? ¿dijo:”no me siento bien”? ¿era china?

    Ese 15 de marzo, es la cita de Margaret Atwod “al final todos nos convertimos en historia”. Es esto mi cierre del veinte veinte, el viaje diario que hago, la historia que escribí y escribo cada día, los detalles del comenzar cuando abres los ojos. Rearmarse, superarse, aguantar, sobrevivir, llegar al la noche, apoyar la cabeza sobre la almohada, silenciar los ruidos, dormirse y al otro día emprender otra vez el viaje.

    Mi valija de diez quilos estuvo cerrada meses, junto a mí, un día la abrí, no pude desarmarla, era como ponerse a hojear un álbum de fotos viejas entonces le saqué una foto, se la mandé a alguien junto a un texto: Hace algo con esto, porque yo no puedo le dije:

    Y creo que aquí está mi veinte-veinte

           

            Ilustracion de Iñaqui Ortega.



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