MUJERES MILITANTES POLITICAS DE LOS 70´

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Lunes, 26 de Julio del 2021

MUJERES MILITANTES POLITICAS DE LOS 70´

Gladys Loys nos comparte este texto que es resultado de una conversación entre ex presas políticas que se encuentran en diferentes partes del mundo. Colectivamente reflexionan sobre sus historias de militancia, el dispositivo carcelario, la libertad y el feminismo. Escriben Liliana Arrastia, Elba Balestri, Norma Berti, Norma Figueroa, Adela Gutierrez, Maria Llorens, Gladys Loys, Carlota Marambio, Alicia Shiavoni.

Constituimos una parte del nutrido grupo de ex presas políticas sobrevivientes del último genocidio de Argentina. Compartimos esta reflexión que reúne nuestra memoria demandadas de presente.

Somos parte de la memoria de compañeras ex presas políticas que entre los años ’60 y ’70 vivimos y participamos activamente de la época, en sus transformaciones y cambios culturales. Jóvenes mujeres de 18 a 30 años que irrumpimos en el espacio público a través de la política y la militancia.

Grandes transformaciones sociales de hábitos y costumbres nos atravesaron; conflictos sociales y luchas por nuestros derechos. Nosotras profundizamos esos cambios culturales:

Cuestionamos los estereotipos conservadores de la familia tradicional con los que en general se educaba: el modelo de familia tipo y las convenciones para la relación de pareja.

No quisimos ser amas de casa en exclusividad, ni que el hombre fuera el único proveedor, el que salía a trabajar; Otro fue nuestro ideal: quisimos un compañero con quien compartir el cuidado de niños y niñas y las tareas domésticas, equilibrando el trabajo del hogar con el laboral. No creíamos que con las formalidades del casamiento se construyera el vínculo. Nos permitimos amar sin ataduras, tener relaciones sexuales más allá de las legalidades y mandatos. En la militancia los cuestionamientos fueron más radicalizados pues queríamos un compañero con el cual compartir la lucha y un proyecto nuevo de vida.

La incorporación masiva de la mujer al ámbito laboral y a la educación en sus distintos niveles nos permitió independizarnos, tener proyectos propios, profesionalizarnos. Fue una ruptura de estructuras tradicionales, que aún en las instituciones y en toda la sociedad, seguían existiendo en la forma de la predominancia masculina.

Creíamos en la igualdad de la mujer, aun cuando los compañeros varones mantenían posiciones jerárquicas sobre la mujer. Nuestra generación discutió su jerarquía. Nuestras prácticas libertarias y emancipatorias implicaron un quiebre con la generación de nuestras madres y abuelas.

La militancia fue una opción de vida. Nuestra generación se volcó mayoritariamente a la militancia política sin distinción de sexo, queríamos cambiar la sociedad y eso fue lo revolucionario en la generación del ’70: Incidimos en el cambio de imaginario de la época, apropiándonos de un espacio nuevo: el espacio público con un reposicionamiento de la mujer.

Nos recordamos como mujeres aguerridas, íbamos al frente, exigíamos reivindicaciones que entendíamos como conquista de derechos: laborales, salariales, sindicales, estudiantiles y participábamos en las movilizaciones de la época. Nos reprimían y enfrentamos los palos, los gases y las detenciones. Esa era la imagen que fuimos moldeando interna y externamente; era una práctica política aun subordinada al modelo político masculino.

Vivimos aquella época de permanentes luchas y conflictos; de proscripciones y dictaduras en nuestro país y toda la región.

 Vivimos la puja de la Guerra Fría en un mundo dividido entre Capitalismo y Socialismo.  En los ‘60 supimos de guerras antiimperialistas como en Vietnam, Corea, la Revolución Cubana, la descolonización de África y el Mayo Francés “Prohibido prohibir, la libertad comienza con una Prohibición”. En Argentina el pueblo se movilizaba por sus reivindicaciones “Obreros y Estudiantes, unidos y adelante”; debatíamos sobre estrategias para llegar al Socialismo, si lucha armada o insurrección, si era viable una salida pacífica por medio de elecciones o no. A la par que surgían en América Latina nuevas organizaciones con proyectos revolucionarios.

Las organizaciones políticas en las que participamos, cuestionaban al Capitalismo como sistema mundial de explotación y dominación y desde una perspectiva marxista queríamos cambiar el inequitativo reparto de bienes, la acumulación de las ganancias, la jerarquía, los privilegios, la explotación y esclavización del trabajo humano. En este contexto, las mujeres militamos políticamente al lado del varón con esa concepción y entendiendo que la igualdad de las mujeres se resolvería con el cambio del sistema porque el opresor era el Capitalismo. No hablábamos de género, éramos mujeres y hombres luchando a la par.

El feminismo existía; los avances del feminismo, las luchas específicas por los derechos de las mujeres ya existían en el primer mundo, en Europa y en nuestro país, pero en nuestras representaciones estaba subordinado a la lucha de clases contra el imperialismo y la dependencia, como tantas otras desigualdades que veíamos en la sociedad.

Nuestros cambios de mentalidad y nuestras contradicciones se reflejaron dentro de las organizaciones políticas donde militamos: los varones tenían una presencia fuerte, influyente y de orientación en el ingreso y la participación de las mujeres. Muchas mujeres se iniciaron a instancias de sus compañeros, esposos, novios, hermanos; pero muchas también por propia convicción. Cuestionamos la nula presencia femenina en espacios de Dirección y logramos algunos avances al ocupar las compañeras puestos de responsabilidad. Esa lucha dentro de nuestras organizaciones significó una lucha por el reconocimiento de la igualdad del compromiso y fueron efectos de incipientes cambios en las relaciones de poder.

También dentro de las cárceles, antes de la Dictadura del 76, los compañeros “bajaban línea” sobre la organización y medidas que las mujeres Presas Políticas debíamos seguir. Sin embargo y sobre todo después del golpe del 76 en la cárcel, realizamos una práctica política diferente: fuimos construyendo procesos organizativos de alianzas más amplias-frentistas, buscando acuerdos y consensos para la toma de decisiones, en el conjunto de las diferentes organizaciones políticas y compañeras independientes.



Frente al dispositivo carcelario, realizamos una constante y cotidiana resistencia en lo emocional, en lo físico-corporal, en lo argumental, actitudinal, con micropolíticas colectivas en defensa de derechos para todas. Era necesaria la mayor unidad posible y supimos forjar fuertes lazos de solidaridad entre las mujeres. Lo hicimos con convicción y con una conciencia cabal de que no solo compartíamos el pan y el prolongado encierro, sino resistiendo al plan de aniquilamiento que nos aplicaron. Resistimos como mujeres con la mayor dignidad, compartiendo historias, recreando la geografía del país en el recuerdo de cada una, con tristezas, añoranzas y risas; construimos nuevos saberes y sueños revolucionarios esperando la libertad.  Hoy nos mantenemos unidas, sintiéndonos parte de aquella urdimbre que supimos construir.

En la libertad hubo tanto que reconstruir! los vínculos familiares, los estudios inconclusos, los trabajos, el modo de vida de finales de siglo. Esa impronta democrática del ’83 nos impulsó a luchar en defensa de los Derechos Humanos, para denunciar el Genocidio de la Dictadura, dando testimonios en los Juicios de Lesa Humanidad que aún continúan.

Con la llegada de la ola verde, nos sumamos a las jóvenes de hoy, en las polémicas feministas y en las luchas del Movimiento de Mujeres. Este es un mandato ético del que no desistiremos: Memoria, Verdad, Justicia, en el Ayer y en el Hoy.




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