Mundar en cuarentena

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Viernes, 27 de Marzo del 2020

Mundar en cuarentena

La cuarentena está trabajando en las fibras más intimas de nuestro cuerpo, en nuestro corazón y en nuestra conciencia esta haciendo un trabajo minucioso, vamos de la habitación a la cocina, luego al comedor o el patio,  trazamos rutinas y las rompemos al día siguiente, nos vestimos para escuchar un recital por la tele y en cada comida saboreamos un manjar y en la planta de una maceta palpitamos el parque. Circulan las teorías conspirativas a granel, respiramos hondo, que China, que Estados Unidos, que Rusia...en las casa cada canción que suena se torna una sinfonía inolvidable y luego una composición aborrecible, un meme puede desatar una carcajada o una honda reflexión, los bailes por momentos  pertenecen a la mejor fiesta que hayamos ido y luego  renegamos en una pista donde alguien nos corre por que la fiesta llego a su fin, se están muriendo de a miles y aumento el número de infectados, todo se  entrevera e interrumpe con juegos pilladita, rondas y escondida...apagamos el celular, tomamos distancia y luego regresamos sedientos  a su contención virtual a conversar con todos al mismo tiempo, y leer o solo distinguir la sobre información y la desinformación. Miramos que hacen otros en cuarentena, pintamos en la mesa,  jugamos en el piso, volvemos a la sillas para recomenzar o limpiar o cocinar, refrescamos las medidas de prevención, meditamos, rezamos... por supuesto, que nos aburrimos, nos cansamos,  nos hartamos, de las mismas paredes pero nosotros quedamos en casa, seriamente quedamos en casa, ¿saben por qué?  Porque miro en los ojos mis hijos los ojos de otros niños que tienen que permanecer sanos, y en la presencia de un hermano recuerdo todos los hermanos, hermanas que cada cual ha de amar tanto, y en el llamado de un amiga sobrevienen  todos los fraternales amigos que nadie tiene que perder, en la foto de mis padres veo los rostros de cualquier otro padre, siento madres que añoraran en este momento abrazar sus hijos, abuelas a sus nietos y en mi compañera veo todas las compañeras que tampoco pueden faltar en sus casas. Imagino los rostros de todos  los trabajadores que por trabajar en servicios esenciales no ha detenido su jornada laboral, pienso en su cansancio, en su temor, en su entrega y en su bronca. Ciudadanos solidarios que en situación de vulnerabilidad social están cumpliendo con un gran esfuerzo la cuarentena.

El mundo entero esta sitiado por un virus que solo puede combatirse con solidaridad y los Argentinos lo estamos haciendo bien, pese a la consabida “viveza criolla” y la convicción sistemática de muchos de sentirnos los peores del mundo, los Argentino estamos haciendo las cosas bien. Aunque algunos aun se piensan inmunes, vivir en comunidad tiene que ver con lo  común, con lo que nos afecta, con lo que le pasa al otro, y aprender a vivir en comunidad es algo difícil y duro. Estamos en Santiago del Estero en nuestra casa en familia más receptivos y cercanos, cada calle es nuestro país y la vereda es la del mundo.

Ojala cuando salgamos de nuestras casas salgamos con el propósito de cambiar radicalmente las estructuras de desigualdad en las que vivimos, ojala pongamos patas arriba el mundo, con un estado que priorice la salud y la educación pública, vidas dignas por encima de todo, imaginemos y viralicemos esa justicia anhelada.  Mientras tanto, me cuido y cuido a los demás, respeto la vida de todos, hasta que llegue el momento y se abran las puertas para dar cuenta de lo que hemos aprendido. Nos quedemos en casa, viralicemos la solidaridad porque esto más que una oportunidad  es una fuerte advertencia del planeta, de la naturaleza, de Dios, del Universo. Tenemos que MUNDAR.



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