NAVIDADES DE MUNDAR
A Felix Demasi, querido amigo y editor.
Que diciembre tenga largas siestas pileteras, matecocido caliente con cubito de hielo y tortilla, sandía de la heladera, turrón, garrapiñada de todos colores, budín (sin frutas, por favor), regalos que ante todo nos asombren… y ese festival de cierres y rituales, de balances y desbalances, de convenientes y necesarias despedidas...La víspera de la esperanza en el pesebre Palestino. Lucecitas que se encienden cada tarde para hacer titilar las casas, los árboles y las memorias que se despiertan en ese juego rítmico de colores y sombras que se refleja en las paredes. Ahora no puedo olvidarme del maestro Pablo Mema cuando cantaba “A veces soy una alegría que no puede ser, que no encuentra donde estar, me mantiene la esperanza de volver en una flor”. Sepa usted amigo que a cada rato anda de regreso entre nosotros.
Hay copiosas nevadas en las
pantallas cuando espiamos el polo norte. Aunque no ha sido mucho el calor todavía
en Santiago, no ha de nevar. ¿Será que hay elfos en algún lugar del planeta
empaquetando regalos para todo el mundo? A decir verdad, personalmente no estoy
tan seguro, ni del trineo, ni de los renos, ni del Papa Noel y su risa antigua.
Pues bien podría ser también un hachero barbudo y comedido, salido de Tusca
Pozo con risa quichuista, y una hilera de cabras tironeando animadamente su
carro hacia el cielo. Levantando la
polvareda entre las pencas y los vinales. Con un infinito bolso de regalos,
sobrevolando la plateada salina y los yuyarales. Entre el coyuyal y las
algarrobas amarillando el cielo... aunque tampoco estoy seguro de ello. Sí
estoy convencido del valor de la fantasía en los niños, de la responsabilidad
de ayudar a construirla y sostenerla. Es una responsabilidad. Mis padres ya lo
hicieron por mí y me dieron este caleidoscopio para que juegue. Quizás por ello
escriba ahora.
Nos cautiva escuchar las infinitas
conjeturas que tienen Salvador, Caetano y Clarita, sobre la llegada de Papa
Noel a la casa, las posibles vías de acceso y salida. Desde que cada uno nació,
Carolina ha tomado y dirigido las precauciones para que el misterio siga
creciendo. Sus diálogos y sus expectativa son nuestro regalo más preciado, poder
abrazarlos para sumar teorías y versiones a sus sueños navideños. Entremezclado
recuerdos, relatos, invenciones sobre lo que sabemos y no sabemos.
Si la madurez existe, ha de
ser la vivencia cotidiana de la niñez y su inteligencia. Como el cuento de Juan
José Millas en el que el hermano mayor sabiamente le anticipa a su hermano más
pequeño, que los padres le dirán que los reyes magos no existen, pero que no se
preocupe que eso no es así, lo que sucede es que los adultos no saben cómo
explicar su existencia.
En diciembre, y más aún, en
este duro diciembre. Todos andamos en espera de algo, de algún giro inesperado,
tras la promesa de un milagro o tras la tozuda esperanza de que algunas cosas
al menos sean menos injustas. Ahora no puedo olvidarme de lo que diría el
maestro Jorge Rosenberg " Papá Noel ya no regala, pide". Así es que me sumo a su pedido y al de su
gran amigo Alberto Tasso parafraseando uno de sus poemas que dice: "Que
haya paz, Que haya pan, Que el viento sople, Que no se agoten las caricias, Que
haya siempre surgentes en el norte. Que cada día llegue simplemente."