NAVIDADES DE MUNDAR

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Martes, 24 de Diciembre del 2024

NAVIDADES DE MUNDAR

A Felix Demasi, querido amigo y editor.

Que diciembre tenga largas siestas pileteras, matecocido caliente con cubito de hielo y tortilla, sandía de la heladera, turrón, garrapiñada de todos colores, budín (sin frutas, por favor), regalos que ante todo nos asombren… y ese festival de cierres y rituales, de balances y desbalances, de convenientes y necesarias despedidas...La víspera de la esperanza en el pesebre Palestino. Lucecitas que se encienden cada tarde para hacer titilar las casas, los árboles y las memorias que se despiertan en ese juego rítmico de colores y sombras que se refleja en las paredes. Ahora no puedo olvidarme del maestro Pablo Mema cuando cantaba “A veces soy una alegría que no puede ser, que no encuentra donde estar, me mantiene la esperanza de volver en una flor”. Sepa usted amigo que a cada rato anda de regreso entre nosotros.

Hay copiosas nevadas en las pantallas cuando espiamos el polo norte. Aunque no ha sido mucho el calor todavía en Santiago, no ha de nevar. ¿Será que hay elfos en algún lugar del planeta empaquetando regalos para todo el mundo? A decir verdad, personalmente no estoy tan seguro, ni del trineo, ni de los renos, ni del Papa Noel y su risa antigua. Pues bien podría ser también un hachero barbudo y comedido, salido de Tusca Pozo con risa quichuista, y una hilera de cabras tironeando animadamente su carro hacia el cielo.  Levantando la polvareda entre las pencas y los vinales. Con un infinito bolso de regalos, sobrevolando la plateada salina y los yuyarales. Entre el coyuyal y las algarrobas amarillando el cielo... aunque tampoco estoy seguro de ello. Sí estoy convencido del valor de la fantasía en los niños, de la responsabilidad de ayudar a construirla y sostenerla. Es una responsabilidad. Mis padres ya lo hicieron por mí y me dieron este caleidoscopio para que juegue. Quizás por ello escriba ahora.

Nos cautiva escuchar las infinitas conjeturas que tienen Salvador, Caetano y Clarita, sobre la llegada de Papa Noel a la casa, las posibles vías de acceso y salida. Desde que cada uno nació, Carolina ha tomado y dirigido las precauciones para que el misterio siga creciendo. Sus diálogos y sus expectativa son nuestro regalo más preciado, poder abrazarlos para sumar teorías y versiones a sus sueños navideños. Entremezclado recuerdos, relatos, invenciones sobre lo que sabemos y no sabemos.

Si la madurez existe, ha de ser la vivencia cotidiana de la niñez y su inteligencia. Como el cuento de Juan José Millas en el que el hermano mayor sabiamente le anticipa a su hermano más pequeño, que los padres le dirán que los reyes magos no existen, pero que no se preocupe que eso no es así, lo que sucede es que los adultos no saben cómo explicar su existencia.

En diciembre, y más aún, en este duro diciembre. Todos andamos en espera de algo, de algún giro inesperado, tras la promesa de un milagro o tras la tozuda esperanza de que algunas cosas al menos sean menos injustas. Ahora no puedo olvidarme de lo que diría el maestro Jorge Rosenberg " Papá Noel ya no regala, pide".  Así es que me sumo a su pedido y al de su gran amigo Alberto Tasso parafraseando uno de sus poemas que dice: "Que haya paz, Que haya pan, Que el viento sople, Que no se agoten las caricias, Que haya siempre surgentes en el norte. Que cada día llegue simplemente."



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