NESTOR KIRCHNER, 10 AÑOS

Cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios.

Martes, 27 de Octubre del 2020

NESTOR KIRCHNER, 10 AÑOS

Sobre Néstor Kirchner se ha dicho mucho y se ha dicho poco, todo junto a la vez. En materia literaria no abundan en demasía los ensayos sobre su vida política. Más los hay sobre su vida personal, fundamentalmente aquellos destinados a desacreditar la figura del líder político, del militante, del hombre de piel y hueso que marcó el crack entre una etapa histórica y otra.

Ahora se cumplen 10 años de su desaparición física. Del paso a la inmortalidad del tipo que, hasta entonces, centraba todas las miradas de las coyunturas políticas nacionales y, por qué no, también internacionales. No caben dudas que si fuera un contexto ordinario, en un gobierno peronista, luego de otra nefasta experiencia neoliberal, las conmemoraciones hubiera florecido por doquier. No obstante, lejos estará de eso: habrá algunos pequeños actos protocolares oficiales pero en su mayoría los eventos se concentrarán en el formato virtual. Es que el escenario de la Pandemia no da lugar a otra cosa.

 NESTOR CARLOS KIRCHNER, DE LA AUSTRALIDAD A LA CENTRALIDAD

Probablemente no había analista alguno que verifique un porvenir de estabilidad política a mediano plazo luego de la crisis del año 2001. Si lo había, no lo conocemos.

Con un Partido Justicialista diezmado luego de la disputa Menem-Duhalde, la derrota en las elecciones presidenciales de 1999 y una caldera política que urdía en su ebullición tras la renuncia de Fernando De La Rúa a la presidencia con decenas de muertos en el Estado de Sitio, la llegada de Duhalde en Enero de 2002 a la presidencia interina (luego de los 5 presidentes en una semana) supuso la puesta de paños fríos por algunas semanas, semanas que luego fueron meses y así se extendió hasta el llamado a elecciones al año siguiente. Las elecciones más reñidas de todas, con una baja relativa en la participación y con el bautismo del sistema de segunda vuelta (incorporado en 1994), dio como ganador al dos veces presidente Carlos Menem con casi el 25% de los votos. Lo siguió Néstor Kirchner, el entonces gobernador de la Provincia de Santa Cruz, peronista, del que nadie tenía demasiadas referencias de su perfil político ni de su gestión. Tal vez este último dato (sin elementos negativos ni positivos), en un escenario de muchísimo escepticismo político, desconfianza en el sistema de gobierno, desastre macroeconómico y altísimos índices de desempleo, pobreza y desnutrición, fue lo que lo catapultó a la mejor posición electoral de cara al Ballotage. Lo ayudó, sin dudas, la pésima imagen que poseía Menem tras sus dos gestiones de gobierno. Rápidamente, al conocerse el reñido resultado, algunos candidatos como Elisa Carrió, Rodriguez Saá y Leopoldo Moreau, anticiparon su apoyo a la fórmula Kirchner-Scioli lo que desequilibraba notoriamente las expectativas de Menem para la segunda vuelta. No hubo Ballotage. Carlos Menem decidió bajarse y emprender, así, el lento retiro de las principales esferas políticas (aunque hasta el día de hoy ejerce su senaduría por La Rioja). Así, desde uno de los lugares más australes del mundo y con el visto bueno de Eduardo Duhalde, llegaba a la Casa Rosada de Gobierno Néstor Carlos Kirchner. Se abría, de este modo, una de las más grandes irrupciones de la historia política. Ya nada sería igual.

EL HOMBRE QUE ROMPIO LOS ESQUEMAS Y DESEMPOLVO LAS BANDERAS

Kirchner dio que hablar. Desde el día de su asunción se recuerdan grandes episodios emotivos y graciosos: el abrazo con la multitud que lo iba a saludar en su juramento, el “frentazo” a la cámara de TV que le ocasionó un corte en su frente y la plana mayor de estadistas que fueron partícipes de su asunción como Chávez, Lula Da Silva y Fidel Castro. Aquella postal de los Presidentes invitados a la ceremonia de Asunción Presidencial daban un breve adelanto de lo que significaría un tiempo de estridencia en la geopolítica latinoamericana.

Una de sus primeras medidas de bloque político fue cohesionar uno de los debates más candentes dentro de la sociedad argentina como fue los efectos del Terrorismo de Estado. Néstor Kirchner no demoró. Fue tajante. En septiembre de 2003, a poco menos de su 4to mes de mandato, promulgó la derogación de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final votadas por el congreso. Abría, de este modo, una puerta que jamás podría cerrarse luego. El Estado Argentino venía a saldar su propia deuda: la del resarcimiento histórico a las víctimas del genocidio de la dictadura militar. Un resarcimiento histórico que, por primera vez, no venía a proponer una reivindicación económica a las víctimas. Venía a instalar un proceso irreversible de Memoria, Verdad y Justicia a la sociedad argentina atravesada por los crímenes más miserables que se tengan memoria. Lo más icónico de esto fue que eligió hacerlo dentro del Estado de Derecho, con las reglas constitucionales y con la memoria como estandarte. A palabras de León Rozitchner, “Kirchner puso el Estado a la izquierda de la sociedad argentina, una sociedad que en el 2003 no tenía en agenda urgente el debate del Terrorismo de Estado. Ese fue su coraje mayor, esa fue su gran epopeya”. De este modo, la legislación argentina ingresaba en una completa armonía con el Estatuto de Roma y le pasaba la pelota a la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que, dos años más tarde, declarara la inconstitucionalidad de las Leyes de Impunidad (Fallo Simón) y validara la Ley 25.779 por la cual se había derogado dichas leyes. Se abría, así, la etapa de los Juicios por Delitos de Lesa Humanidad en la República Argentina que enjuiciaría, hasta la fecha, a más de mil responsables del horror, la tortura, la desaparición y el asesinato en nuestro país. La creación del Museo de la Memoria en la Ex-ESMA y el retiro de los cuadros de Videla y Bignone en el año 2004 solo configurarían actos simbólicos de una de las obras reparadoras más fabulosas que se tenga recuerdo en el mundo. Argentina ingresaba en la galería de los países modelos en combatir los crímenes de Lesa Humanidad y el Genocidio.

EL RECONSTRUCTOR DE LAS CENIZAS, EL ESTADISTA GEOPOLITICO Y EL JUGADOR DE TODA LA CANCHA

No se había acabado aún la música del festival de festejos por su asunción (donde entre otros concurrieron a la cita Silvio Rodríguez, Víctor Heredia, etc) que Néstor Kirchner ya volaba a Entre Ríos a intentar destrabar un largo conflicto salarial docente. Lo logró. Volvió con un Acta Acuerdo con los maestros que cumplió hasta la última coma.

Es que no había tiempo para planificaciones. Ya tenían que haberse hecho. Los minutos de ocio que tenía la Argentina, era tiempo que acumulaba en su inestabilidad financiera y en su aniquilante situación de deuda externa. El FMI presionaba con un fuerte pliego de condiciones como lo había hecho Horst Köhler en el 2001, y como lo hacía ahora Anne Krueger y ultraliberal español Rodrigo Rato allá por el 2004. Néstor tenía decidido gobernar sin pliegos. Ya había retirado embajadores con su padrino político y mandamás peronista Eduardo Duhalde. Ya le habían llegado las “recomendaciones” del Binomio La Nación-Clarín al respecto de la agenda pública. Y ahora le tocaba el turno de recibir las directrices de la nueva gestión de Rato al frente del Fondo Monetario Internacional. Se cansó: ayudado por una fuerte acreditación de su espacio político (Frente Justicialista para la Victoria), una irrepetible alza en el precio de los comodities de granos que producía nuestro país y la fuerte presencia soberana de su gestión, llegaba el fin del año 2005 y Kirchner decidía pagar en una sola cuota toda la deuda que cargaba la nación con el organismo multilateral de crédito. Nos librábamos así de 4 años intensos de presiones y extorsiones el capitalismo financiero de la usura.

Ese año Néstor dio otra de sus inefables muestras de temperamento ajedrecista. Argentina sería sede de la IV Cubre de las Américas en la Ciudad de Mar del Plata y con un contexto regional en plena disputa geopolítica, Estados Unidos vendría a seducir al bloque de naciones sudamericanas con el flamante Acuerdo de Libre Comercio (ALCA). “La Feliz” se encontraba sitiada por las agencias de seguridad internacional, por el ejército y la policía federal. Un magnífico evento paralelo se desarrollaba en simultáneo: las centenares de organizaciones sociales que había parido la crisis de fin de siglo, en consonancia con líderes de la región como Chávez y Evo Morales (candidato por entonces a la presidencia) y otras grandes figuras como Luis D’elía, Diego Maradona, Miguel Bonasso y Hebe de Bonafini (quienes habían llegado a la Ciudad en el llamado “Tren del Alba”), se dieron cita en el Estadio Mundialista “José María Minella” repleto de militantes para presionar a los presidentes que participarían de la Cumbre con el objetivo de que se rechazara la propuesta de George Bush. Adentro del evento protocolar, Néstor, Lula, Chávez y Tabaré Vázquez llevaban adelante la rosca fina para rechazar –en bloque- la propuesta yanqui de libre intercambio comercial.

Se fundaba así un bloque regional que trabajó contra tormentosas condiciones de presión internacional y que estuvo conformado, de manera más amplia, por una parte importante de países de Sudamérica y América Central que perduraría varios años y que, no pocos historiadores, dieron a llamar “la era antiimperial de América Latina”: Uruguay, con Vazquez y Mujica; Brasil, con Lula y Dilma; Venezuela, con Chávez; Nicaragua, con Ortega; Paraguay, con Fernando Lugo; Honduras, con Zelaya; Bolivia, con Evo Morales y Cuba, con Fidel y Raúl Castro. Sin lugar a dudas, aquellos años dieron a luz a organismos multilaterales de vital importancia como UNASUR, CELAC y el Mercosur ampliado. En el recuerdo y la palabra de aquellos estadistas persiste un denominador común: SIN NÉSTOR NO SE HUBIERA PODIDO.

El hombre que trascendió las fronteras regionales, que relocalizó en la geografía política a la Argentina de cara a un escenario multipolar que quería erigirse, que se inmiscuyó en lograr la alianza de los pueblos más que de los estados. Si aún persiste en el recuerdo del pueblo colombiano cuando, en plena crisis humanitaria entre el Ejército Colombiano y las FARC por la liberación de Ingrid Betancourt, Néstor Kirchner y Hugo Chávez oficiaron de garantes, introduciéndose en el corazón de la selva amazónica para negociar, personalmente, la entrega de la ex senadora cautiva en manos de las Fuerzas Insurgentes. El recuerdo del Estadista con camisa de grafa, botas y descendiendo de los imponentes helicópteros UH-1N del Ejército de Colombia permanece intacto entre los políticos internacionales que intervinieron en ese conflicto. Otra vez Néstor iba a resolver un problema ajeno, heredado, demasiado delicado. Otra vez Kirchner volvía con la medalla.

EL MEJOR AMIGO DE SANTIAGO

Alguna vez el Gobernador Gerardo Zamora lo calificó como “el mejor amigo de Santiago”. Y no escatimó acierto. Néstor fue un obsesivo dirigente que buscó potenciar la política y la economía de Santiago del Estero. Eligió Santiago dentro de la ruta de provincias a visitar durante su campaña presidencial. Gobernaba “Nina” Aragonés de Juárez pero quién había hecho la recepción formal y el acompañamiento de toda su estadía fue el Carlos Arturo Juárez. Recuerdan los de mejor memoria que Néstor, inquietado por conseguir el aval de los viejos jeques peronistas, elogió la figura de Juárez como “el dirigente con más experiencia dentro del partido”. El juarismo lo vitoreó y así consiguió una buena parte de su apoyo electoral en la provincia. El color de rosas duró hasta asumir el mandato. La provincia, sumida en una fuerte crisis de legitimidad política, envuelta en lo que sería el thriller policial y político más importante de su historia (Caso Dársena) y un reacomodamiento de las gestiones municipales internas, fundamentalmente en Capital, hicieron que Santiago del Estero comenzara a colocarse en las primeras planas de los medios porteños. Todos los elementos condensantes de la realidad provincial eran foco de atención: la D2 de Musa Azar, la vinculación de funcionarios de Carlos Juárez con el Terrorismo de Estado tales como Bustamante, D’amico y el antes mencionado Secretario de Inteligencia, el fugaz surgimiento del Grupo Ick hacían que nuestra provincia sea objeto de “la cuestión federal”. La cuestión federal no es otra que el, para nosotros, conocidísimo instituto de la Intervención Federal. Así fue que en Abril de 2004, tras la aprobación del congreso, Néstor Kirchner promulgó la Intervención Federal a Santiago del Estero. ¿El interventor? El hoy abogado del ex presidente Mauricio Macri: Pablo Lanusse. Lanusse, por aquel entonces, ejercía un importante cargo en el Ministerio de Justicia a cargo de Gustavo Béliz. Había sido fiscal de importantes causas como la del contrabando de oro. Fue el hombre elegido por Kirchner para llevar adelante la recomposición institucional de la provincia. No llegó al año de gestión. Luego de más promesas que acciones, llamó a elecciones a gobernador. El candidato peronista al que Néstor le había levantado la mano (Pepe Figueroa) perdió las elecciones en manos del hoy gobernador Gerardo Zamora. Kirchner no demoró asimilar la derrota, en fundar un nuevo tiempo de gestión y en abrazar la causa refundacional santiagueña que propuso el Frente Cívico por Santiago. En pocos meses, Néstor Kirchner firmaba, junto a Zamora, el Acta de Reparación Histórica para Santiago, un convenio Provincia-Nación por el cual el poder central se comprometía a enmendar décadas de postración económica y obras públicas de sustantiva importancia adeudadas a Santiago.

Se consolidaba así una relación casi paternal. Néstor, quién admiraba la vocación de gestión pública, la capacidad de conducción, la mirada de inclusión social que traía un hombre nacido del radicalismo como Zamora, resignificaba la transversalidad del que su espacio hacía alarde. No necesitó asistir físicamente en tantas ocasiones a la provincia. El diálogo, la querencia, la admiración y el respeto que existía entre el conductor del peronismo nacional y el fundador del Frente Cívico aceitaban cualquier planificación.

Néstor abrió el cauce de un río indetenible en la provincia y posibilitó la concreción de obras de infraestructura básica y elemental que necesitaban las ciudades y, fundamentalmente, el interior de la provincia para recomponer el sentido de ciudadanía y humanidad que había perdido por un letargo de abandono político. Agua, caminos, rutas, electricidad, cloacas, hospitales, escuelas, toda un inacabable legado de gestión pública otorgada a la santiagueñidad. Kirchner encontró en Gerardo Zamora el dirigente provincial más abocado a la gestión pública, el hacedor, el impulsor del desarrollo y la inclusión, todos elementos que el Kirchnerismo había sembrado en el país, ahora también lo sembraba en la provincia. Será por ello que lo definió, con esa exactitud de tiro: “Néstor fue el mejor amigo de Santiago”. Amén.

NESTOR, EL HOMBRE QUE LO CAMBIO TODO

Ese título lleva el reciente libro biográfico de Néstor Kirchner realizado por su entrañable amigo Jorge Devoto. Cristina lo recomendó. Y el título algo sugiere.

Kirchner fue la piedra angular de una época que podríamos adivinar su inicio pero que, difícilmente, podamos deducir su final. Es que Kirchner se está haciendo, aquí y ahora. Y el bagaje histórico de su presencia, la dimensión de su figura, el sentido del cuadro político, la manera de resurgir en sentido y definición, habla del ícono trascendental de todo, como pocas figuras en la historia nacional las tienen.

Un gran dirigente barrial de La Banda, compañero, amigo, supo advertirme en alguna ocasión, mientras hablábamos de la dimensión histórica de Kirchner, que “Néstor vino a salvar al peronismo del ostracismo histórico. El peronismo se moría y Kirchner lo vino a salvar y a darle nuevamente sentido”, me dijo Hernán Gerez, dirigente de la Agrupación 25 de Mayo de la Ciudad de La Banda. Aquella frase la pensé mucho tiempo. Recuperé algunos debates de la época, contextualicé lo que, por entonces, era mi pre adolescencia y me advertí solo de la caladora verdad que había dicho este militante.

Entonces me doy cuenta que la agenda ideológica del país está determinada, tanto por izquierda como por derecha, por la irrupción del kirchnerismo en la escena política. No existe organización política que no haya sentido alguna fisura ideológica proveniente del kirchnerismo. Néstor fundó un espacio que se retroalimentó de las coyunturas, que sostuvo la lapicera abierta para reescribir los cálculos pragmáticos de la realidad y para definir, tantas veces sea necesario, las tácticas y las estrategias según el enemigo. No hay manera de salvarse. Las generaciones advenidas a la aparición de Néstor Kirchner en la escena política no podrán obviar jamás el debate histórico desde la agenda del peronismo refundado el 25 de Mayo de 2003. Porque lo refundó. Y repitió hasta el hartazgo que era peronista, que si elegían decirle “kirchnersita” era solo con intenciones de bajarle el precio. Lo cierto es que la traducción de época de la doctrina justicialista, la redefinición coyuntural y la contextualización ideológica emancipadora está íntimamente bautizada por él.

El resultado generacional está a la vista: una marea de jóvenes volcados a la militancia política, discutiendo los detalles de la realidad social, económica, cultural e histórica es el resultado bruto del espectro político de Néstor Kirchner. No importa el origen de la militancia, el espacio, la dialéctica propuesta. Recuperar la política como herramienta de transformación, luego del cataclismo del 2001, inventar la esperanza en ese contexto, instar a las juventudes al cuestionamiento generacional y la participación activa fue tal vez la siembra más provechosa de aquel hombre. Su disrupción histórica, el afán de colocar al Estado a la izquierda de la sociedad, de los partidos políticos, de los dirigentes es una operación de biología política pocas veces vista en la historia reciente.

Aquellos que tardamos un poco más en comprender la consecuencia histórica de su figura, nos queda el sabor amargo de no haber podido admirar de manera temprana ese transgresor proceso que fundó Kirchner para la posteridad. Néstor fue todo eso. Néstor está siendo todo lo que falta. El hombre que no escatimó gastos en otorgar su vida misma por recuperar, en adelante y para siempre, la discusión constitutiva de la noción de pueblo, patria y soberanía.-


Firmando la intervencion federal a Santiago del Estero. Abril 2004


Nestor junto a Hebe de Bonafini.


Asuncion de Nestro Kirchner. En la foto Fidel CAstro, Nestor Kirchner, Alberto Fernandez, Chino ZAnini 


CUmpleaños de Santiago del Estero, 2010. Junto al Gobernador Gerardo ZAmora y el intendente Lito Infante.


Discurso en el Colegio militar, 2004. Junto a Nilda Garre 

Planificación junto a Hugo Chavez antes de entrar en el operativo de rescate a Ingrid Betancourt.





Categorías

Autores